JIN
El sol se alzaba sobre Seúl cuando Jin finalmente salió de la sala de reuniones. La noche había sido larga, llena de confesiones y decisiones difíciles. Hoseok había sido trasladado a una celda más cómoda en el piso superior, y aunque la desconfianza aún pesaba en el aire, la decisión de darle una oportunidad había sido unánime.
Pero Jin no podía sacudirse la sensación de que algo más estaba por venir.
— Señor — dijo su asistente, apareciendo a su lado.
— Hay alguien que insiste en verlo. Dice que es urgente —
Jin frunció el ceño.
— ¿Quién? —
— No lo sé. Pero dice que tiene información sobre el Rey de Espadas —
Jin sintió que su corazón se aceleraba. Había estado esperando este momento durante semanas.
— Hazlo pasar —
Minutos después, un hombre de mediana edad entró en el despacho. Vestía ropa modesta pero limpia, y su rostro estaba surcado por las arrugas del tiempo y la preocupación. Sus ojos, sin embargo, eran agudos, y cuando se encontraron con los de Jin, hubo un destello de reconocimiento.
— ¿Me conoces? — preguntó Jin.
— Te conozco a ti y a tus hermanos — respondió el hombre, su voz grave pero firme.
— Y sé que están buscando al Rey de Espadas —
— ¿Qué sabes de él? —
El hombre guardó silencio durante un momento, como si estuviera reuniendo el valor para hablar.
— Sé que no es un hombre — dijo finalmente.
— Es una organización. Una red de personas que trabajan en las sombras, moviendo los hilos de todo lo que sucede en Seúl. El Rey de Espadas es solo el nombre de su líder. Pero el verdadero poder está en la red —
Jin sintió que el suelo se movía bajo sus pies. Había estado persiguiendo a un hombre, pero en realidad, estaba luchando contra un ejército.
— ¿Quién lidera esa red? — preguntó.
— Eso es lo que he venido a decirte — respondió el hombre, su voz bajando a un susurro.
— El líder del Rey de Espadas es alguien que conoces. Alguien muy cercano a ti —
— ¿Quién? —
El hombre lo miró fijamente, y en sus ojos brilló una advertencia antigua.
— Es tu hermano — dijo.
— El que creías muerto —
Jin sintió que el aire se escapaba de sus pulmones. Su hermano. El hermano que había perdido hacía años, en una noche de sangre y fuego que había marcado su vida para siempre.
— Eso es imposible — dijo, su voz apenas un susurro.
— Mi hermano murió. Yo lo vi morir —
— Viste lo que querían que vieras — respondió el hombre, negando con la cabeza.
— El Rey de Espadas lo salvó. Lo entrenó. Y ahora, está liderando la red que está tratando de destruirlos —
Jin se quedó inmóvil, su mente procesando la información. Todo lo que había creído saber sobre su pasado estaba siendo cuestionado, y la verdad era más dolorosa de lo que había imaginado.
— Gracias por la información — dijo finalmente.
— Puedes irte —
El hombre asintió y salió del despacho, dejando a Jin solo con el peso de la revelación y la certeza de que la tormenta estaba más cerca que nunca.
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JUNGKOOK
El taller de coches estaba en silencio cuando Jungkook llegó. Había necesitado alejarse del club, del ruido de las emociones y las decisiones difíciles. Ahí, entre el olor a gasolina y el frío del metal, podía pensar con claridad.
Pero esa mañana, ni el taller podía calmar la tormenta en su interior.
— ¿Estás bien? — preguntó una voz desde la entrada.
Jungkook se giró y encontró a Mina, con su chaqueta de cuero y el cabello suelto al viento.
— No lo sé — respondió honestamente.
— Todo esto es demasiado. La traición de Hoseok. La revelación sobre el Rey de Espadas. No sé en quién confiar —
Mina se acercó lentamente, sus pasos silenciosos sobre el suelo de hormigón.
— Puedes confiar en mí — dijo, deteniéndose frente a él.
— Siempre puedes confiar en mí —
Jungkook la miró fijamente, buscando en sus ojos cualquier señal de mentira. No encontró ninguna.
— ¿Por qué? — preguntó.
— ¿Por qué eres tan buena conmigo? —
— Porque — dijo Mina, su voz apenas un susurro.
— En un mundo lleno de mentiras y traiciones, tú eres la única persona que me ha hecho sentir que soy más que una herramienta. Más que un medio para un fin —
Jungkook sintió que su corazón se aceleraba. Dio un paso adelante, acortando la distancia entre ellos.
— ¿Qué somos? — preguntó.
— ¿Qué estamos haciendo? —
Editado: 20.09.2026