JIN
El silencio en el almacén abandonado era tan denso que Jin podía escuchar el latido de su propio corazón. Su hermano se había desvanecido en las sombras, dejando tras de sí el eco de sus palabras y el peso de una traición que dolía más que cualquier herida física.
— Jin — dijo Namjoon, colocando una mano en su hombro.
— ¿Estás bien? —
Jin no respondió inmediatamente. Sus ojos seguían fijos en el lugar donde su hermano había desaparecido, como si esperara que la figura regresara, que todo hubiera sido un mal sueño.
Pero no regresó.
— No — respondió finalmente, su voz ronca.
— No estoy bien. Pero tengo que estarlo. Por todos nosotros —
Se giró para enfrentar a sus hermanos. Jungkook, Yoongi, Namjoon, Jimin, Taehyung y Hoseok estaban ahí, sus rostros iluminados por la tenue luz del almacén, sus miradas cargadas de preocupación y lealtad. Mina estaba un paso atrás, su presencia silenciosa pero firme.
— ¿Qué hacemos ahora? — preguntó Jungkook.
Jin respiró hondo, dejando que el frío aire nocturno llenara sus pulmones antes de responder.
— Ahora — dijo.
— Descubrimos dónde está escondido el Rey de Espadas. Y lo destruimos —
— ¿Y tu hermano? — preguntó Yoongi, su voz cortante pero no cruel.
Jin apretó la mandíbula.
— Lo salvaremos — dijo.
— Cueste lo que cueste —
— ¿Y si no quiere ser salvado? — insistió Yoongi.
— ¿Y si realmente se ha convertido en uno de ellos? —
Jin guardó silencio durante un largo momento, sus ojos fijos en el horizonte de luces de la ciudad.
— Entonces — dijo finalmente.
— Lo detendremos. Pero no sin antes intentarlo —
La determinación en su voz era inquebrantable. Sus hermanos asintieron, y en sus ojos brilló la misma determinación.
— Vamos — dijo Namjoon.
— Volvamos al club. Tenemos trabajo que hacer —
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EL CLUB
La reunión en la sala de juntas fue tensa, cargada de emociones no expresadas. Jin ocupaba la cabecera de la mesa, su postura erguida y su mirada firme. A su izquierda, Namjoon revisaba su tableta, buscando cualquier conexión que pudiera llevar al Rey de Espadas. A su derecha, Yoongi mantenía su mirada impenetrable, sus dedos tamborileando sobre la mesa.
— Hoseok — dijo Jin, rompiendo el silencio.
— Tú trabajaste con el Rey de Espadas. ¿Sabes dónde podría estar escondido? —
Hoseok levantó la cabeza, su rostro marcado por el cansancio y el arrepentimiento.
— No tengo una ubicación exacta — respondió.
— Pero sé que tiene varios escondites en la ciudad. Almacenes, edificios abandonados, propiedades que no están a su nombre —
— ¿Puedes localizarlos? — preguntó Namjoon.
— Puedo intentarlo — respondió Hoseok.
— Pero va a llevar tiempo —
— Entonces empieza ahora — dijo Jin.
— Cada minuto que perdemos es un minuto que el Rey de Espadas usa para planear su próximo movimiento —
Hoseok asintió y se levantó, saliendo de la sala con una determinación que no habían visto en él desde antes de su traición.
— ¿Crees que podemos confiar en él? — preguntó Jimin, su voz baja.
Jin guardó silencio durante un momento.
— No lo sé — admitió.
— Pero necesitamos su ayuda. Y si quiere redimirse, esta es su oportunidad —
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YOONGI
La sala de vigilancia estaba a oscuras cuando llegó Yoongi. Necesitaba procesar todo lo que había visto en el almacén. El hermano de Jin, vivo y convertido en un soldado del Rey de Espadas. La determinación en los ojos de Jin. La creciente tensión entre todos ellos.
Y, sobre todo, la conexión que sentía con Mina.
Había visto la forma en que ella lo había mirado durante la reunión, la forma en que su presencia calmaba la tormenta en su interior. Y sabía que, a pesar de todas las advertencias, estaba cayendo en su red.
— ¿Yoongi? —
Se giró y encontró a Mina en la entrada, con su mirada de acero.
— ¿Qué quieres? — preguntó, su voz más cortante de lo que había planeado.
— Hablar — respondió ella, entrando y cerrando la puerta tras de sí.
— Quiero saber qué estás pensando —
Yoongi la observó durante un largo tiempo.
— Estoy pensando — dijo finalmente.
— Que todo esto es una locura. Que estamos arriesgando todo por un hombre que probablemente ya está perdido —
Editado: 20.09.2026