JIN
El sol se alzaba sobre Seúl cuando Jin finalmente salió del complejo en las montañas. La noche había sido larga, llena de enfrentamientos y revelaciones, pero ahora, mientras observaba a sus hombres escoltar a su padre esposado hacia un vehículo blindado, sintió que un peso enorme se aliviaba de sus hombros.
Su padre había sido capturado. La organización del Rey de Espadas estaba desmantelada. Y su hermano, aunque herido y confundido, estaba a su lado, dispuesto a comenzar de nuevo.
— ¿Estás bien? — preguntó Namjoon, apareciendo a su lado.
— No lo sé — respondió Jin honestamente.
— Es extraño. He pasado años odiando a este hombre, años planeando cómo detenerlo. Y ahora que está aquí, esposado y derrotado, no sé qué sentir —
— No tienes que saberlo ahora — dijo Namjoon.
— Tienes tiempo para procesarlo —
Jin asintió lentamente, sus ojos fijos en el vehículo que se alejaba.
— ¿Y mi hermano? —
— Está en el club — respondió Namjoon.
— Taehyung y Jimin están con él. Le están dando comida, ropa, un lugar donde descansar —
— ¿Crees que podrá recuperarse? —
Namjoon guardó silencio durante un momento.
— No lo sé — admitió.
— Pero tiene a su familia. Nos tiene a nosotros. Y eso es más de lo que muchos tienen —
Jin asintió, y por primera vez en mucho tiempo, sintió que la esperanza era real.
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EL CLUB
La llegada del hermano de Jin al club fue recibida con una mezcla de cautela y curiosidad. Los siete se reunieron en la sala de juntas, y el hermano de Jin, ahora llamado Minho, ocupó un lugar en la mesa, su rostro marcado por el cansancio y el arrepentimiento.
— Sé que no merezco estar aquí — dijo Minho, su voz apenas un susurro.
— Sé que he hecho cosas imperdonables. Pero quiero intentar redimirme —
— ¿Y cómo piensas hacerlo? — preguntó Yoongi, su voz cortante.
— Ayudándolos — respondió Minho.
— Hay cosas que sé sobre la organización del Rey de Espadas que aún no han descubierto. Cosas que podrían ayudar a desmantelar el resto de la red —
Jin lo miró fijamente, y en sus ojos brilló una mezcla de esperanza y desconfianza.
— ¿Por qué deberíamos confiar en ti? —
— Porque — dijo Minho, su voz cargada de emoción.
— No quiero ser más el hombre que fui. Quiero ser el hermano que siempre debí ser —
El silencio que siguió fue pesado, cargado de emociones no expresadas. Finalmente, Jin asintió lentamente.
— Está bien — dijo.
— Te daremos la oportunidad. Pero si nos traicionas de nuevo, no habrá segunda vez —
Minho asintió, y en sus ojos brilló una determinación que Jin no había visto antes.
— No te arrepentirás — dijo.
— Te lo prometo —
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YOONGI
La sala de vigilancia estaba en silencio cuando Yoongi llegó. Necesitaba estar solo, necesitaba procesar todo lo que había pasado en las últimas horas. La captura del padre de Jin. La llegada de su hermano. La promesa de redención.
Y, sobre todo, la conexión que sentía con Mina.
Había visto la forma en que ella lo había mirado durante la reunión, la forma en que su presencia calmaba la tormenta en su interior. Y sabía que, a pesar de todas las advertencias, estaba cayendo en su red.
— ¿Yoongi? —
Se giró y encontró a Mina en la entrada, con su mirada de acero.
— ¿Qué quieres? — preguntó, su voz más suave de lo que había planeado.
— Hablar — respondió ella, entrando y sentándose frente a él.
— Quiero saber qué estás pensando —
Yoongi guardó silencio durante un momento.
— Estoy pensando — dijo finalmente.
— Que todo esto es una locura. Que hemos pasado de perseguir a un enemigo a tenerlo frente a nosotros, esposado y derrotado. Y no sé qué sigue —
— Lo que sigue — dijo Mina.
— Es reconstruir. Sanar. Encontrar una forma de seguir adelante —
Yoongi la miró fijamente.
— ¿Y tú? — preguntó.
— ¿Qué sigue para ti? —
Mina guardó silencio durante un momento, sus dedos jugueteando con el borde de su chaqueta.
— He pasado tanto tiempo enfocada en la venganza que no sé quién soy sin ella — admitió.
Yoongi se levantó y caminó hacia ella, deteniéndose frente a su silla.
— Eres alguien que ha luchado por lo que cree — dijo.
Editado: 20.09.2026