MINHO
La habitación que Jin le había asignado en el club era cómoda, pero Minho no podía dormir. Se quedaba despierto hasta altas horas de la madrugada, mirando el techo, sintiendo el peso de sus acciones en cada rincón de su ser. Había pasado años siendo un soldado del Rey de Espadas, años creyendo que estaba del lado correcto de la historia. Y ahora, frente a la realidad de lo que había hecho, el arrepentimiento lo consumía como un fuego lento.
— ¿No puedes dormir? — preguntó una voz desde la puerta.
Minho se incorporó y encontró a Hoseok en el umbral.
— No, tengo demasiadas cosas en mi cabeza — respondió Minho.
Hoseok entró y se sentó en el borde de la cama, sus ojos fijos en los de Minho.
— Yo tampoco puedo dormir — dijo.
— Las pesadillas no me dejan —
— ¿Qué tipo de pesadillas? —
— Las mismas que tú debes tener — respondió Hoseok.
— Las cosas que hice cuando estaba del otro lado. Las personas que lastimé —
Minho lo miró fijamente, y en sus ojos brilló una comprensión profunda.
— ¿Cómo lo superaste? —
— No lo he superado — admitió Hoseok.
— Pero he aprendido a vivir con ello. A usar el arrepentimiento como combustible para ser mejor —
Minho guardó silencio durante un momento, procesando las palabras de Hoseok.
— ¿Crees que algún día podré dejar de sentir esto? —
— No — respondió Hoseok.
— Pero eso no es malo. Significa que todavía eres humano. Y mientras sigas sintiendo, seguirás luchando por ser mejor —
Minho asintió lentamente, y en sus ojos brilló una determinación que no había sentido en años.
— Gracias — dijo.
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JIN
El despacho de Jin estaba iluminado por la luz tenue de su lámpara de escritorio cuando recibió la llamada. El número era desconocido, pero algo en su instinto le dijo que debía contestar.
— ¿Jin? — dijo una voz al otro lado de la línea, grave y familiar.
— ¿Quién habla? — preguntó Jin, su mano deslizándose hacia la pistola que siempre llevaba consigo.
— Soy alguien que sabe la verdad sobre tu padre — respondió la voz.
— Y sobre el verdadero líder del Rey de Espadas —
Jin sintió que su corazón se aceleraba.
— ¿Qué quieres decir? —
— Lo que te contaron es solo una parte de la historia — dijo la voz.
— Tu padre era solo un peón. El verdadero líder sigue en las sombras, y está más cerca de ti de lo que imaginas —
— ¿Quién eres? — preguntó Jin, su voz cortante.
— Alguien que quiere ayudarte — respondió la voz.
— Reúneme mañana a medianoche en el almacén de Yongsan. Ven solo —
La llamada se cortó antes de que Jin pudiera responder. Se quedó mirando el teléfono, su mente girando en un torbellino de preguntas. El verdadero líder del Rey de Espadas. Más cerca de lo que imaginaba.
Sabía que debía contarlo a sus hermanos. Pero también sabía que, si quería descubrir la verdad, tendría que ir solo.
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EL ALMACÉN DE YONGSAN
El almacén estaba en silencio cuando Jin llegó a medianoche. La luz de la luna se filtraba a través de las ventanas rotas, creando sombras danzantes en el suelo de hormigón. Avanzó con sigilo, su mano cerca de la pistola, escudriñando la oscuridad en busca de la figura que lo había citado.
— Sabía que vendrías — dijo una voz desde las sombras.
Jin se giró para encontrar a un hombre de mediana edad, con el rostro surcado por las cicatrices del tiempo y los ojos brillantes de inteligencia.
— ¿Quién eres? — preguntó Jin.
— Alguien que trabajó para el Rey de Espadas — respondió el hombre.
— Alguien que vio cómo realmente funcionaba la organización —
—¿Y qué viste?
El hombre dio un paso adelante, y en sus ojos brilló una advertencia antigua.
— Vi que tu padre no era el líder — dijo.
— Era solo el rostro público. El verdadero poder estaba detrás de él. Alguien que manipulaba los hilos desde las sombras —
— ¿Quién? —
El hombre guardó silencio durante un momento, como si estuviera reuniendo el valor para hablar.
— Alguien muy cercano a ti — dijo finalmente.
— Alguien en quien confías ciegamente —
Jin sintió que su sangre se helaba.
— ¿Quién? —
— Tu hermano — respondió el hombre.
— El que creías muerto. Él es el verdadero líder del Rey de Espadas —
Editado: 20.09.2026