As de Espadas

Capítulo 3

Elisa Cleaver:

​—¡No, no y absolutamente niet! —gritó una voz con un dramatismo digno de una ópera italiana.

​Me tapé la cara con una almohada de plumas mientras permanecía sepultada bajo las sábanas de la suite presidencial del Hotel Metropol. La luz pálida de la mañana moscovita se filtraba por los enormes ventanales, pero mi cerebro se negaba rotundamente a registrar que ya era un nuevo día.

​—Dante, por favor, es demasiado temprano para tus crisis existenciales en ruso —gimoteé con la voz amortiguada por la tela.

​—¿Temprano? ¡Elisa, son casi las diez de la mañana! —Dante apartó la almohada de mi rostro de un tirón limpio.

​Ahí estaba él: treinta años, un gusto impecable para la moda que hacía que mi guardarropa pareciera una venta de garaje, y mi mánager desde hacía tres años. Dante era un hombre abiertamente gay, con una energía desbordante que rivalizaba con la mía, y el único ser humano capaz de soportar mis locuras sin renunciar... aunque amenazaba con hacerlo al menos tres veces por semana. Hoy vestía un abrigo de cachemira color crema y sostenía una tableta en una mano y un café cargado en la otra.

​—A ver, mi pequeña diva caribeña, explícame esto —dijo Dante, cruzándose de brazos y mostrándome la pantalla de la tableta—. ¿Qué significa este video que está circulando en las redes locales? ¿Eres tú tirándole nieve en la cara a los moscovitas y luego esfumándote como si le debieras dinero a la mafia local?

​Me incorporé, dejando que mis rizos castaños cayeran desordenados sobre mis hombros, y le sonreí con mi mejor cara de inocencia.

​—Se llama marketing de guerrilla, Dante. Hay que mantener al público cautivado. Además, gané tres mil seguidores nuevos en Instagram en las últimas dos horas. Deberías estar agradecido.

​—¡Estaré agradecido el día que no me dejes al borde de un infarto! —reclamó él, aunque me extendió el vaso de café, un gesto que salvó su vida—. Ayer casi me muero cuando Rox me llamó diciendo que estabas haciendo un show relámpago en un parque helado. ¡Tus manos, Elisa! ¡Tus preciosas manos de ilusionista galardonada no pueden congelarse! Si te da artritis, ¿quién va a pagar mis tratamientos de bótox? ¿Tú? No lo creo.

​Solté una carcajada limpia, disfrutando de su drama mientras le daba un sorbo al café caliente. El humor era mi mejor defensa, tanto en el escenario como fuera de él.

​—Mis manos están perfectas, exagerado. Además, el truco final salió impecable. Usé el sistema de luces estroboscópicas que instalamos en las farolas y la ilusión óptica del agua suspendida fue... chef's kiss.

​—Sí, bueno, el agua suspendida es divina, pero tu mánager suspendido por un hilo de cordura no lo es tanto —Dante suspiró, dejándose caer dramáticamente en el sillón de terciopelo frente a la cama—. En fin, cambiando de tema antes de que me dé un aneurisma. Tenemos la prueba de vestuario para la gala privada del viernes a las dos de la tarde. El diseñador ruso que contratamos trajo un vestido que va a resaltar cada una de tus abundantes curvas de infarto, pero exige que uses tacones de aguja.

​Hice una mueca de terror fingido.

​—¿Tacones de aguja sobre el suelo pulido del escenario? ¿Quieres que haga ilusionismo o un acto de equilibrismo mortal? Dante, si me caigo, el truco de magia será cómo desaparecer mi dignidad en televisión internacional.

​—Ay, por favor, eres Elisa Cleaver. Has hecho desaparecer un camión blindado en Las Vegas, caminar en tacones es pan comido para ti. Además, el cliente de la gala es alguien muy importante del sector empresarial ruso. Pagan una cantidad indecente de rublos. Así que te pones los tacones, sonríes, haces tus chistes caribeños y dejas a todos boquiabiertos. ¿Entendido?

​—Entendido, jefe —le dediqué un saludo militar, saliendo de la cama con un salto lleno de energía—. Voy a ducharme y a ponerme algo decente. No quiero que el diseñador se desmaye si me ve en pijama de franela.

​—Agradecería que te apuraras. Iré abajo al vestíbulo a recibir los bocetos del escenario. No me hagas ir a buscarte con una orden judicial, Elisa.

​—¡Que sí, pesado!

​Dante salió de la suite murmurando algo sobre el estrés laboral y los artistas rebeldes, dejándome con una sonrisa en el rostro. Me encantaba molestarlo; nuestra dinámica era perfecta y, a pesar de sus quejas, sabía que cuidaba de mí como a una hermana menor.

​Caminé hacia el baño, pero antes de entrar, mi mirada se posó en la mesa de noche. Curiosamente, recordé al hombre gigante del parque. El del abrigo caro, la mirada gélida y esa cicatriz que volvía uno de sus ojos de un azul casi transparente. Me pregunté qué habría hecho al encontrar el As de Espadas en su bolsillo. Probablemente la habría tirado a la basura, maldiciendo en ruso. Hombres como él no tenían tiempo para la magia.

​—Bueno, Terminator —dije para mí misma frente al espejo del baño, acomodando mis rizos—. Una lástima que no te gusten los trucos. Te habrías divertido bastante.

​Me metí a la ducha, dejando que el agua caliente relajara mis músculos, sin tener la menor idea de que, en ese preciso momento, el Mercedes blindado de Draco Petrov se detenía justo frente a la entrada principal de mi hotel.

Veinte minutos después, salí del baño envuelta en una densa nube de vapor, con el cabello rizo castaño todavía húmedo pero ya libre de enredos, y me puse unos pantalones oscuros de talle alto y un suéter de cuello alto color esmeralda que hacía juego con mis ojos. No era el vestuario glamoroso que Dante me exigiría para la tarde, pero para estar en la suite era más que suficiente.

​Terminaba de abrocharme las botas cuando la puerta de la suite se abrió de golpe.

​Esperaba ver a Dante con su habitual aire de drama, sosteniendo los bocetos del diseñador y quejándose del tráfico de Moscú, pero la expresión de su rostro me congeló en el sitio. Estaba pálido, con los ojos abiertos de par en par y sosteniendo su tableta contra el pecho como si fuera un escudo protector. Detrás de él, bloqueando por completo el marco de la puerta, se alzaba una figura que reconocí al instante.



#4814 en Novela romántica
#1126 en Fantasía
#206 en Magia

En el texto hay: 20 capitulos

Editado: 29.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.