As de Espadas

Capítulo 8

Elisa Cleaver:

Pasar de ser una ilusionista aclamada internacionalmente a convertirme en el centro de gravedad de la Bratva rusa no estaba en mi itinerario para este año. Pero ahí estaba yo, a las seis de la mañana, viendo cómo los primeros rayos de sol moscovita se filtraban por la ventana e iluminaban las motas de polvo de yeso que Fabián había dejado flotando tras su descenso acrobático.

​Me acomodé en las almohadas con un leve quejido. El dolor en el abdomen ya no era un fuego abrasador, sino un recordatorio sordo y punzante de que la realidad golpea más fuerte que cualquier truco de magia. Al mover la mano bajo la almohada, mis dedos rozaron los bordes del As de Espadas que Draco Petrov insistía en que conservara.

​Miré hacia la esquina de la habitación. El "Terminator" seguía allí, sentado en la silla de plástico con la misma rigidez de una estatua de la Plaza Roja. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho, la mandíbula tensa y ese ojo claro de la cicatriz fijo en la puerta. De verdad empezaba a preguntarme si los mafiosos rusos venían con un botón de apagado o si simplemente recargaban baterías odiando al universo.

​—Oye, Draco —llamé en un susurro, rompiendo el silencio sepulcral—. Si sigues mirando esa puerta con tantas ganas de asesinarla, vas a terminar haciéndole un agujero. Y dudo que el seguro del hospital cubra daños por telequinesis mafiosa.

​Draco ni siquiera pestañeó. Solo desvió la mirada milimétrica de sus ojos asimétricos hacia mí.

​—Concéntrate en tu desayuno, niña. Tu equipo ya causó suficientes problemas de infraestructura por una sola noche.

​—Por favor, lo de Fabián fue una obra de arte de la ingeniería cubana. Deberías estar agradecido de que te señalara las fallas de seguridad gratis. En Las Vegas te habrían cobrado una fortuna por esa auditoría de ductos.

​Estiré la mano hacia la bandeja y tomé lo que quedaba del yogur de pera que la misteriosa y dramática cocina de los Petrov me había mandado. Saborear el dulce toque de la fruta en medio de este búnker de hormigón era casi poético.

​—Tu mánager está abajo otra vez —comentó Draco, su voz áspera raspando el aire—. Nikolay dice que trajo tres maletas con lo que él llama "esenciales de supervivencia para una diva". Intentó meter un espejo de camerino con luces LED alegando que la luz de este hospital destruye tu complexión.

​Solté una risita que me costó un pinchazo en los puntos.

​—Ese es mi Dantito. Apuesto a que también intentó convencer a tus guardias de que el negro de sus trajes está "demasiado pasado de moda" y que necesitan urgentemente una paleta de colores más veraniega.

​—Le advertí que si volvía a hablarle a mis hombres sobre telas o paletas de colores, Dorian lo usaría como blanco de práctica para su nueva colección de cuchillos tácticos.

​—Eres un amargado, Petrov. De verdad te hace falta un poco de azúcar caribeño para que se te quite lo estricto.

​Justo cuando Draco iba a soltar uno de sus habituales gruñidos siberianos, la puerta de la suite se abrió sin previo aviso. Esta vez no fue un empujón bruto ni una entrada cómica. El ambiente de la habitación cambió de inmediato, adoptando una formalidad pesada y fría que congeló el aire.

​Derek Petrov entró a la habitación. El Pakhan de la organización vestía un traje gris impecable que emanaba una autoridad absoluta, moviéndose con una parsimonia que dejaba claro que él no pedía permiso en ningún lugar, ni siquiera en el hospital de su propia familia. Detrás de él, Nikolay caminaba como una sombra, manteniendo una distancia prudente y asegurándose de no mirar a Derek a la oreja.

​Draco se puso de pie de inmediato, abandonando su esquina oscura y adoptando una postura rígida al lado de mi cama. El duelo de titanes rusos estaba listo para comenzar en mi propia habitación de hospital.

​—Señorita Cleaver —saludó Derek, inclinando la cabeza con una cortesía fría pero impecable—. Me alegra ver que la medicina de nuestro país es más eficiente que la puntería del tirador del viernes.

​—Gracias, señor Petrov —respondí, dejando el tazón de yogur a un lado y adoptando mi mejor postura de negocios, sin perder la sonrisa—. Aunque debo decir que sus galas privadas son un poco más... explosivas de lo que decía el contrato.

​Derek arqueó una ceja, y una sutil chispa de respeto cruzó sus ojos oscuros. Luego, giró la cabeza hacia su hermano mediano.

​—Draco. Los hombres de Aslanov en la frontera norte acaban de confirmar que el checheno no tuvo nada que ver con el ataque del teatro. Estaba tan sorprendido por el disparo como nosotros. Eso significa que el cabo suelto está en el circuito de la señorita. Trae los archivos. Tenemos mucho de qué hablar antes de que el tirador decida hacer su segundo acto de magia.

Draco no movió un solo músculo de la cara, pero la rigidez de sus hombros se acentuó. Con un movimiento fluido, sacó una tableta digital de su abrigo y se la extendió a su hermano mayor.

​—Ya hice el primer filtro, Derek —declaró Draco, con su voz áspera resonando con fuerza en la suite—. Nikolay revisó las cuentas de la productora local y los accesos del teatro. No hay transferencias sospechosas en Rusia, lo que confirma que el dinero se movió en cuentas offshore desde Europa occidental.

​Derek tomó el dispositivo, deslizando los dedos por la pantalla mientras sus ojos oscuros analizaban los datos con la fría precisión de un cirujano.

​—Interesante —murmuró el Pakhan, paseando la mirada de la tableta hacia mí—. Tres transferencias sustanciosas salieron de una entidad bancaria en Suiza veinticuatro horas antes de su show, señorita Cleaver. El destinatario final fue una cuenta fantasma en San Petersburgo. Alguien compró al tirador con fondos internacionales. ¿Le suena de algo el nombre de "Dante" en sus registros financieros extranjeros?

​—¿Dante? —di un respingo en la cama, casi olvidando el dolor de los puntos—. Dante es mi mánager. Lo único criminal que hace ese hombre es gastar tres mil dólares en bufandas de seda y obligar a Fabián a usar desodorante orgánico. Él no tiene el dinero ni las agallas para contratar a un asesino profesional.



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En el texto hay: 20 capitulos

Editado: 29.05.2026

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