Asalto: Lupus

Décimo segundo Expediente: Unión

Noir, Mikai y Linda acompañaban a Janeth dentro de una van que rentaron. La humana se veía nerviosa, vestida con una chaqueta rompevientos encapuchada, puesto en sus manos un cubrebocas que miraba con algo de temor.

–No tienes porqué hacerlo si estás insegura –comentó Linda, quien conducía. Ambas se hallaban como piloto y copiloto–. Albus dijo que las misiones en cubierto son peligrosas y las hacen los policías profesionales. Tú eres una criminóloga, no deberías arriesgarte así. Deberías dejar que otro miembro de la policía lo haga –mencionó, lo cual sugería que la mitad zorro estaba preocupada.

–Está bien, Linda. Las sectas tienen bien identificados a los policías. Eso es seguro. Es mejor ser alguien menos conocido. Además, haré justo lo que el detective dijo –enunció al recordar las palabras del lobo blanco antes de salir de su hogar.

–JJ, esto no es una película. No es ficción. No tengas actitudes temerarias, no hagas ningún tipo de preguntas directas y no indagues de ninguna forma en el sitio. En la realidad, este tipo de filtraciones llevan meses, hasta años, en tomar acciones. Debes ser primero parte del grupo, resistir sus ideales y aprender a ser cómo ellos, a la par que formas confianza y tomas información que solos te irán soltando. Esta primera vez no harás nada. Sé tú misma, no hagas preguntas y se amable. Es todo –terminó de decir Albus, preocupado por su asistente.

–Es seguro que la señora que te entregó el papel sea quien te busque o reciba. También los que te vieron cerca del desastre pueden hacerte preguntas, así que planea un discurso general para decirles lo mismo a todos, que suene convincente y que caiga muy cerca de la realidad –mencionó Linda, seria.

–Bien. Eso mismo haré. No se preocupen, por favor. Sé que será un entrar por salir –aseguró la humana con una sonrisa.

–Como quiera estaremos vigilándote de cerca. En un rango ventajoso, fuera de la colonia, Mikai, Noir y Linda estarán al pendiente escuchando todo. Te van a equipar con herramientas que pasan detectores de metales y son invisibles para los humanos, con ellas estarás más segura. ¿De acuerdo?

–¡Al cien por ciento! –emitió tranquila la asistente, puesta una mano del lobo en su hombro.

–Por favor, cuídate mucho. No quiero que te pase nada. –Luego de eso, Albus levantó el rostro y miró a los demás. –A nadie.

–No se preocupe, detective. Traeré buena información.

–¡Perfecto! Yo iré con Tony a hacer otras cosas relacionadas con el caso. Lo tendré en la oficina para hacerme compañía. –Al decir eso, Noir y Mikai miraron feo al zorro gris. Éste sólo les sonrió, tranquilo.

–El evento no durará más de dos horas. Estoy segura. No tienen porqué preocuparse tanto –reiteró la criminóloga, algo que hizo suspirar a Linda, cuyo rostro no dejaba de verse fruncido.

–Si pasa algo –dijo Noir, luego de acomodar el barril de balas dentro de su revolver–, estaré más que listo para actuar, Linda. Ya sabes que puedes confiar en mí.

–Temo a que justo eso pase y termines de nuevo en prisión por intenso –explicó la mujer mitad zorro, algo que apenó al venado.

–No sé porque dejan que ese cuernudo sin cerebro siga usando armas de fuego. Es un peligro –comentó Mikai sin dejar de revisar su computadora, probados audífonos y otros materiales que requerirán en la misión.

–Yo no sé cómo permiten que un nerdo depravado cómo tú siga aquí, y no me quejo de ello a diario –respondió Noir, molesto. Ambos iban sentados en la parte trasera de la van, alejados lo más posible el uno del otro, puesto el venado cerca de los asientos delanteros.

–¿Dijiste algo? No escuché –mencionó cínico el perro dorado, pues traía puestos grandes audífonos.

–Debería dispararte, pero sería un desperdicio de balas.

–Llegamos –anunció Linda, estacionada en un lote de cobro para preparar a Janeth, abordada la parte trasera del vehículo por las mujeres.

–Bien, señorita. Date la vuelta, por favor. Retírate toda la ropa de arriba excepto el sostén –pidió Mikai, cosa que puso nerviosa a la asistente, colocada una mano de Linda sobre su hombro, por lo que la humana volteó a verla.

–Está bien. A este par no les gustan las mujeres. Además, estás con personas profesionales y de confianza. No hay porque ser tímida, sólo lo normal –explicó con una ligera sonrisa que todos notaron, extrañadas las bestias, por lo que se vieron desconcertados el uno al otro, asentida apenada Janeth ante lo dicho, retirada su rompevientos y blusa, acercado Mikai para colocarle detrás del sostén un pequeño aparato.

Era evidente que Janeth estaba incomoda, cubiertos sus senos con ambas manos, encorvada y sonrojada, algo que fue apoyado por Linda, pues la mitad zorro tomó la blusa y el cubrió desde los hombros la parte delantera de dorso, algo que impresionó a la asistente, notada la cara seria de la mujer que la apoyaba.

–Éste es el rastreador. Está hecho con una aleación que no puede ser detectada con facilidad. Sólo con dispositivos muy específicos que dudo un «sectucha» tenga. Lo anclaré muy bien aquí para que no se vea por afuera y no se te vaya a caer. –Dicho eso, el perro tocó la piel de la mujer con sus manos llenas de pelo, acción que sonrojó un poco a la chica, acelerada su respiración de momento y tratando de no pensar en nada vergonzoso que delatara una reacción incomoda en ella, pues todos podrían notarla, al menos Linda y Mikai sí.

–¡Listo! Ya puedes vestirte –dijo Mikai, regresado a su computadora, dado un suspiro por Janeth al haber acabado la pequeña tortura.

–¿Se siente incómodo? Trata de caminar con él –sugirió Linda, hecho aquello por la mujer.

–No, ni siquiera siento que está ahí.

–Perfecto. Sigues teniendo un buen pulso, Mikai.

–¿Qué esperabas, mujer? Son cosas que uno nunca olvida –respondió el canino a Linda al acercarse de nuevo a Janeth con una pequeña cajilla que abrió frente a la asistente, mostrado el contenido, sobre todo a la humana–. ¿Los ves? Es obvio que no. Son audífonos hechizados por Albus. Son invisibles, y así se van a quedar todo un día –explicó Mikai, tomados y colocados con cuidado en las orejas de la mujer los dispositivos, a donde iban anclados.




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