Asalto: Lupus

Décimo cuarto Expediente: Infiltración

La manada de Albus se reunió en la estación de policía, de donde decidieron partir hacia la casa del lobo junto con Janeth. Aquella se notaba un poco dispersa, pensativa, como si tuviera algo en mente que quisiera decir, evitado contacto visual con las bestias en todo momento y respondida cualquier comunicación con monosílabos.

Albus se percató de esto, mas Linda le hizo una señal para advertirle que era mejor darle espacio, lo que hizo hasta que pudieron estar todos en la sala del alfa, alentados a decir qué había pasado en la reunión, cosa que Mikai pensaba explicar, detenido por la mitad zorro.

–Es mejor que su asistente, quien estuvo presente, te lo explique –destacó Linda, observada Janeth por los presentes al momento, impresionada por la decisión de la secretaria de su jefe, a quien observó extrañada. La mitad zorro, con una ligera sonrisa, asintió con su cabeza a la par que no apartaba la mirada de los ojos de Janeth, por lo que a ésta le nació una mueca más tranquila y dirigió sus ojos a su jefe para empezar a hablar.

Janeth explicó todo lo ocurrido, algo que impresionó tanto a Tony como a Albus, notada la sonrisa de este último por todos, emocionado de lo descubierto.

–No deberías estar feliz por lo que te acaban de decir. Literalmente son una secta especista. Es deleznable –resaltó Linda, cosa que apenó al lobo.

–Lo siento, tienes razón.

–¡Qué se note! Sigues moviendo la cola, animado –resaltó la mitad zorro, pues dicha extremidad de Albus continuaba revoloteando de un lado al otro sin parar.

–Detective, ¿cree que podamos sacar más información de la secta? ¿Será pertinente que siga asistiendo?

–Sí, J.J. Pero me parece que será mejor que te acompañe. –Dicha declaración impresionó a Janeth, aunque a los demás no tanto.

–Pero, detective. ¿Cómo haría eso? ¿Piensa llegar como agente?

–No. Usaré magia, J.J. –explicó el lobo, asombrada la mujer de escuchar eso.

–Existe magia que puede cambiar por completo la apariencia de las personas. Albus es diestro en esos hechizos. Nadie se dará cuenta que es una bestia –explicó Linda al momento, tranquila.

–¿Cuándo será la siguiente reunión?

–En una semana.

–¡Bien! Tenemos tiempo para preparar un escenario ideal. Hay que buscar una manera de hacer que me inviten como lo hicieron contigo. La señora Martha parece una buena opción. Hay que investigar dónde vive y si tiene salidas constantes. Noir y Tony pueden ser los acosadores y yo un pobre humano que huye de ellos, temeroso. Martha verá eso y me invitará a la secta. Seguro que sí –explicó el lobo, cosa que todos aceptaron.

–Suena arriesgado, pero estoy segura que lo hará bien, detective.

–Gracias, JJ. Ha hecho un trabajo excepcional. Merece descansar –resaltó Albus, desviada dicha conversación por Linda.

–Por cierto, Albus. Cuando te marqué sonabas emocionado. ¿Descubriste algo?

–¡Es verdad! Tengo buenas noticias –exclamó el lobo, llamada la atención de los demás y notada la sonrisa de Tony por Linda–. Encontré una conexión entre todos los asesinatos. Al menos en casi el cincuenta por ciento de estos. –Aquello hizo que Janeth se impresionara, mientras que los demás continuaron con su misma expresión.

–Ni te emociones, JJ. Mientras no suba del cincuenta por ciento, es probable que no sea una conexión real.

–Estoy seguro que lo es –aseguró Albus a Linda, orgulloso–. Aunque, si es así, nos pone a todos nosotros en peligro.

–Sólo di que es. No le des rodeos. Algunos queremos dormir –exigió la mitad zorro, cruzada de brazos.

–De las treinta víctimas que se tienen en el registro, catorce tuvieron algún tipo de conexión con Angraterra. –La noticia impresionó un poco a Noir y Mikai, causado que Linda apretara un poco el ceño.

–¿Estás seguro?

–Sí, Linda –respondió Tony desde la esquina, cuya expresión tranquila y confiada no les agradaba a las demás bestias, excepto a Albus–. Investigamos bien sobre cada caso y hay catorce de ellos que tuvieron a una persona de Angraterra cercana o que viajaron para allá antes de ser asesinados, ya sea por negocios, estudios, razones familiares o simple placer. De las otras dieciséis víctimas no es claro, pero es cuestión de investigar. Dos de los confirmados lo sabemos porque Albus los conoció, al menos a uno de ellos.

–El chico con el que te viste y su «amigo».

–Justo esos –respondió Albus a Noir–. Es obvio decir que nuestra conexión fue suficiente para ser tomado en cuenta por el asesino.

–Pero, si eso es verdad… –Empezó a decir Janeth, mortificada. –Eliazar Keeves está en peligro –dedujo la asistente, vistos Linda y Albus el uno al otro, preocupados.

Bloody hell, pero no podemos confirmarlo todavía.

–Podemos enviar a un par de oficiales humanos a vigilarlo, sólo por si acaso. Una vez que lo confirmemos, le pondremos protección como es debido –propuso Linda luego de escuchar rabiar a su hermanastro, asentido por éste y tomado su teléfono al momento para hacer una llamada.

–Comisario, necesito informarle sobre algo que encontramos. Por favor, permítame verle en la proximidad posible. Thanks, iré para allá. –Albus colgó y miró a Tony. Aquel sólo sonrió y se puso al lado del alfa. –Iremos a la oficina a arreglar eso. Ustedes quédense aquí e ideen bien el plan para que pueda reunirme con la secta Anthropos. Una vez que acaben con eso, acompañen a JJ a su casa si es que todavía no regresamos. JJ, excelente trabajo. Nos vemos.

–Gracias, adiós detective. –Una vez ambos despedidos, Albus se retiró, por lo que Linda puso una mano en el hombro de Janeth para invitarla a pasar al comedor, en donde Noir, Mikai y ambas mujeres idearon un plan fuerte que provocaría la entrada del lobo blanco a la secta.

Pasaron los días, y mientras Eliazar era resguardado por duplas de oficiales humanos en secreto, Albus y la manada se preparaba tres días antes de la junta en favor de hacer que Martha diera la invitación al detective, ensayado todo de manera previa y enterados de los horarios que tenía la mujer mayor gracias a la ayuda de Tony, mismo que pudo sacarle un poco de información a la hiena luego de hablar con él con más tranquilidad.




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