Asalto: Lupus

Vigésimo quinto Expediente: Paria

Los presentes se vieron los rostros, impresionados de lo que acababan de teorizar. Pronto, Janeth tomó sus propias anotaciones y revisó lo que había puesto sobre Fernando, revelado que él mismo mencionó que observaba gente que sin falta estaba ahí, incluido su propio profesor, Jaime.

–El profesor Jaime siempre está ahí con Fernando. ¿Podrá ser posible que…?

–No, ese bastardo sabe a quién buscamos –explicó Tony, molesto–. Albus y yo lo enfrentamos y es obvio que sabe quién es el asesino, o al menos tiene pistas muy cercanas a él. Estaba ahí para averiguarlo. Es una confirmación de que, en efecto, el bastardo debió estar ahí.

–¿El profesor Jaime sabe? ¿Por qué tan despectivo?

–También me lo comentó a mí, Jan –dijo Linda, preocupada por los sentimientos de la joven hacia el antílope–. Tu profesor fue expulsado de las fuerzas policiales por conductas poco profesionales. No le daba importancia a casos que consideraba aburridos y se la pasaba asumiendo cosas por ego que lo llevaron a equivocarse en sus últimos casos. Todo culminó a su expulsión de las fuerzas a temprana edad. Albus cree que está haciendo esto para revelar que, sin lugar a dudas, él podía resolver el caso antes que todos nosotros. Está esperando a que encontremos al culpable y decir: «Yo lo sabía, pero me expulsaron».

–Su oportunidad de regresar a las fuerzas y continuar teniendo los beneficios de un detective para poder investigar los casos. Vaya, loco… –concluyó Mikai, asqueado.

–Yo… no creo que sólo sea por orgullo o fascinación de encontrar criminales. –La declaración de Janeth impresionó a todos. Al inicio, la manada creyó que la asistente lo defendía por tratarse de su profesor, mas sus palabras les hicieron cambiar de opinión–. El profesor Jaime nació en el sur del país, como Noir, pero en un área más… precaria. Me contó en confianza una vez que allá a las bestias las trataban como si fueran animales no sapientes. Describió que recibió abusos durante toda su vida, mucha discriminación, incluso de parte de los que debería considerar sus iguales…

–¿Por qué?

–No lo sé, Linda. Pero lo que sí entiendo es que todo lo que hace es porque quiere ser alguien para agradar a los demás. Busca el respeto y admiración de todos porque quiere ser amado, aceptado. Él mismo me lo dijo porque… Yo también quisiera lo mismo. –La chica no pudo evitar llorar, abrazada por Linda de inmediato.

–Está bien, corazón. No tiene nada de malo.

–Nunca me gustó el negocio de mi familia. Sé que suena estúpido, nos va bien y tuve muchas oportunidades que otras personas no, pero no quería hacer lo mismo que todos, y cuando lo dije, mi padre me rechazó y me dijo que me dejaría en la calle, porque todo su esfuerzo era para que heredáramos el negocio. Quiero demostrarle que puedo hacer cosas increíbles, que tengo fuerza por mis propios medios.

–Por eso te fuiste de tu estado de origen en el norte y viniste a Asfalto. ¿Cierto? –preguntó el detective Pedro, quien acababa de hacerse presente–. Tu acento es diferente, aunque quieras cubrirlo. Sé que eres de allá.

–Detective, ¿tan temprano regresó?

–No podía dormir –explicó el mapache a Linda, observado que llevaba un café en mano.

–Así es, soy de San Oxkaxa. De la parte central de la ciudad.

–De la más adinerada. Revisé tu expediente y te investigué un poco. Todos son sospechosos para mí en este caso. Sobre todo si son humanos o furry.

–¡Oiga!

–Está bien, Mikai –detuvo la chica a su amigo, confrontado el detective por ella–. Entiendo su preocupación, sobre todo porque debo parecer una niña mimada que hace un berrinche. No obstante, le aseguro que digo la verdad.

–Lo sé. Su padre sí la desheredó. Su historia es real, al igual que sus ganas de recibir esa aprobación de sus familiares. Las calificaciones perfectas, las acciones comunitarias, el trabajo en la comisaria donde estaría el detective con más prestigio de Angraterra. Todo lo ha hecho por eso. No me cabe duda que entiende a la perfección a Jaime.

–¿Trabajó con él, detective?

–¡Por supuesto! –respondió Pedro a Linda, luego de sorber de su café–. El detective Galván era un engreído de porquería, pero es un genio. Fue mi pareja durante un largo tiempo, y no podía dejar de impresionarme su intelecto en ese entonces. Aprendí mucho de él y de cómo piensa. Sé lo mucho que necesita este caso para volver a la fama y ser el salvador. No creo que esté obstruyendo la ley, pero sí me parece que sabe lo que hace y nos deja migajas de pan a propósito o sin querer para que hallemos al cazador. –Al terminar, lanzó un portafolio al escritorio que todos tenían enfrente, mismo que Tony tomó de inmediato. –El imbécil ha sido visto en la colonia donde inició todo. Incluso en estos días. Allí debe de haber algo.

–Tenemos que ir para allá también, entonces.

–Propongo dividirnos en dos equipos. Tony y Jan vayan a la colonia. Ambos tienen experiencia en dicho lugar. Mikai y yo iremos a la torre de cobre a ver qué podemos averiguar.

–La torre está abierta día y noche, pero dejan de resguardarla a partir de las 20 horas. Ya casi es dicho tiempo.

–Estaremos bien mientras no estemos solos. No se preocupe, detective.

–Sí me preocupo –resaltó el mapache a Janeth, observado por todos–. No se confíen en el modus operandi del criminal. Puede que le falte al respeto en situaciones que lo pongan en riesgo. Yo iré por mi lado a reunir información

–Lo sabemos. Tendremos cuidado –aseguró Linda, para luego separarse en los dos equipos e irse a investigar cada quien por su lado, dejado el equipo del detective Pedro en las oficinas por si necesitaban ayuda de otros oficiales.




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