Lo que no se ve
Los días siguientes fueron silenciosos.
No hubo milagros visibles. Solo percepción. Elías comenzó a notar mentiras antes de que fueran dichas, tristezas escondidas detrás de sonrisas y orgullos disfrazados de humildad.
Una noche, incapaz de ignorarlo, decidió orar.
—No sé si esto es real —dijo en voz baja—. Pero si lo es… no me dejes igual.
No hubo respuesta inmediata.
Pero algo dentro de él se acomodó.
Registro interno: acto de obediencia detectado.
Elías suspiró.
Tal vez avanzar no siempre se sentía como victoria.