La primera presión
El ataque llegó de madrugada.
Elías despertó con el pecho oprimido, pensamientos pesados cayendo sobre él como golpes invisibles.
No vales nada.
Esto no es real.
Dios no elige a gente como tú.
Intentó moverse. No pudo.
Presión espiritual detectada.
Cerró los ojos.
—Si esto es una prueba… no me sueltes.
No gritó. No reclamó. Resistió.
La presión comenzó a ceder lentamente.
Prueba superada — Éxito mínimo.
Elías quedó tendido, exhausto, entendiendo una verdad peligrosa:
No todo ataque busca destruir.
Algunos solo buscan cansar.