La risa incómoda
El cambio empezó a notarse en cosas pequeñas.
Demasiado pequeñas.
Elías comenzó a decir la verdad incluso cuando lo dejaba mal parado. Eso lo metió en situaciones incómodas… y a veces ridículas.
—¿Te gusta mi nuevo corte de cabello? —le preguntó una compañera.
Elías abrió la boca, dudó… y suspiró.
—No… pero creo que a ti sí te gusta, y eso es lo importante.
Silencio.
Luego una carcajada.
—¡Eres rarísimo! —dijo ella—. Pero gracias por no mentir.
Elías se quedó quieto unos segundos.
—¿Eso fue… bueno?
Registro interno: integridad detectada.
Esa noche se rió solo en su apartamento.
—Genial. Me estoy volviendo el tipo honesto incómodo.
No se sentía santo.
Pero sí real.