La tentación de volver atrás
El cansancio acumulado pasó factura.
Hubo una noche en la que Elías simplemente no quiso seguir. Se dejó caer en la cama sin orar, sin pensar, sin resistir.
—Un día sin disciplina no mata a nadie —se dijo.
El sistema no apareció.
Eso fue lo peor.
Porque el silencio le dio permiso.
Viejos hábitos tocaron la puerta. Viejas distracciones. Viejas voces que prometían descanso rápido.
Por unos minutos, fue fácil.
Luego llegó el vacío.
Advertencia pasiva: retroceso leve.
Elías se sentó en la cama, frustrado.
—No quiero ser perfecto —dijo en voz baja—. Solo… no quiero perder esto.
No hubo reproche.
Solo una verdad clara: seguir era más difícil que empezar.