Ascenso Espiritual: El Elegido Del Reino

ARCO II — CUANDO EL MUNDO EMPIEZA A RESQUEBRAJARSE—Capítulo 16

El murmullo bajo la ciudad

Elías creyó que después del arraigo vendría la paz.

Se equivocó.

La calma duró poco, como esos silencios incómodos que aparecen justo antes de una conversación difícil. No era ansiedad ni miedo, sino una sensación persistente, casi subterránea, como si algo se moviera bajo la superficie del mundo.

La ciudad seguía viva. Demasiado viva. Bocinas, gente apurada, pantallas brillantes, risas que duraban lo justo. Pero ahora, Elías notaba los huecos entre las cosas. Espacios donde el ruido no llegaba del todo.

Ahí estaba el murmullo.

No eran voces claras. Era más bien una presión irregular, como un pulso mal sincronizado. A veces aparecía al pasar frente a edificios viejos. Otras, en lugares llenos de gente, donde nadie parecía realmente presente.

Elías se detuvo en una estación de autobús. A su lado, una mujer hablaba sola, murmurando frases sin sentido. Más allá, un hombre discutía con alguien que no estaba allí.

Antes, Elías habría desviado la mirada.

Ahora no podía.

Sensibilidad espiritual activa — intensidad moderada.

—Esto no es normal —susurró.

Confirmación implícita.

Elías sintió un escalofrío. No porque algo lo amenazara directamente, sino porque entendió algo más inquietante: esto llevaba tiempo ocurriendo. Él solo acababa de aprender a verlo.

Subió al autobús y se sentó junto a la ventana. Mientras avanzaban, la presión aumentó por segundos y luego se desvaneció. Como si algo respirara al ritmo de la ciudad.

—¿Desde cuándo está así? —preguntó, sin saber exactamente a quién.

El sistema tardó en responder.

Registro contextual: fenómeno en expansión.

Elías frunció el ceño.

—¿Fenómeno?

No hubo más detalles.

El silencio no era castigo. Era advertencia.

Al bajar, caminó varias cuadras sin rumbo. Su mente trabajaba más rápido de lo que le gustaría. No sentía emoción épica ni deseo de aventura. Sentía algo más humano: inquietud. Responsabilidad. Un cansancio anticipado.

—No me digas que esto también depende de mí —murmuró.

No hubo negación.

Esa noche, de regreso en su apartamento, intentó hacer lo de siempre: sentarse, respirar, aquietarse. Pero el murmullo no desapareció. Estaba más lejos, sí, pero seguía ahí, como un eco que se niega a morir.

—Si esto va a empeorar —dijo en voz baja—, necesito saber hasta dónde llega.

Nueva notificación disponible.

Elías se tensó.

Autorización limitada concedida.
Observación ampliada:
activa.

El aire del cuarto se volvió más pesado, no de forma opresiva, sino densa, como si el mundo hubiera añadido una capa más de realidad.

Por primera vez, Elías sintió claramente que no todo estaba roto de la misma manera. Algunos lugares estaban más dañados que otros. Algunas personas cargaban más peso del que podían soportar.

Y lo peor de todo:
muchos ya se habían acostumbrado.

Elías se apoyó contra la pared, cerrando los ojos.

—Esto ya no es solo sobre mí, ¿verdad?

El murmullo respondió con silencio.

Pero en ese silencio había una certeza que no pudo ignorar:

El ascenso había dejado de ser personal.
Y el mundo, lentamente, estaba pidiendo cuentas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.