La risa que incomoda
El día siguiente trajo algo inesperado: normalidad.
Un compañero de trabajo contó un chiste absurdo. Elías rió. Una risa corta, casi nerviosa. Le sorprendió sentirse humano otra vez.
—Estás raro últimamente —le dijeron—. Como distraído.
—Supongo —respondió.
Pero mientras reía, lo vio.
Una sombra mal colocada. Una sonrisa forzada en alguien que no estaba escuchando. El murmullo, bajo, escondido entre carcajadas.
La comedia no borraba el problema.
Solo lo maquillaba.
Esa noche, Elías escribió en una libreta. No oraciones. No notas espirituales. Pensamientos.
“No todos quieren ser salvados.
No todos saben que están heridos.
Y yo no soy el héroe que imaginé.”
Cerró la libreta y sonrió con cansancio.
—Al menos sigo siendo honesto —dijo.
El sistema no respondió.
Pero el silencio ya no era tan frío.