Consejos que nadie pidió
Esa tarde, alguien se sentó a su lado en el transporte público. Un joven, nervioso, que fingía revisar su teléfono.
—Disculpa —dijo de pronto—. ¿Tú crees en Dios?
La pregunta cayó como una piedra en agua quieta.
Elías lo miró con cuidado.
—Sí —respondió—. Pero no como la mayoría cree.
El joven sonrió con amargura.
—Eso pensé.
Hablaron poco. Lo suficiente para que Elías entendiera: ansiedad, pensamientos oscuros, una presión constante en el pecho. Nada sobrenatural visible. Pero el peso estaba ahí.
El sistema permaneció en silencio.
Elías eligió no predicar. Solo escuchó.
Cuando se despidieron, el joven parecía más ligero. No curado. Pero visto.
—Tal vez eso también cuenta —pensó Elías.
Por primera vez, el sistema respondió.
Acción válida registrada.
No todo ascenso era combate.