Decisión silenciosa
Esa noche, Elías tomó una decisión que no anunció a nadie.
No iba a correr.
No iba a forzar nada.
Se prepararía.
Cuerpo, mente y espíritu.
Porque ahora lo sabía con certeza: cuando las grietas se abrieran, no bastaría con fe superficial ni valentía improvisada.
Y él no quería ser un espectador cuando el mundo dejara de fingir normalidad.
Cerró los ojos.
El ascenso continuaba.