El primer choque
La fisura no desapareció.
Eso fue lo primero que Elías comprobó al día siguiente. Volvió al mismo punto del camino, convencido de que tal vez la mente le había jugado una mala pasada. Pero no. El error seguía ahí: una ligera deformación en el aire, casi imperceptible, como una arruga que nadie más parecía notar.
Las personas pasaban a su lado sin reaccionar. Algunos incluso se detenían justo encima del lugar, revisaban el teléfono, hablaban, reían. Nada ocurría.
—Entonces… solo yo —murmuró.
Estado espiritual: estable.
Zona de tensión detectada.
Intervención no recomendada.
Elías frunció el ceño.
—No recomendada no significa prohibida —susurró, más para sí que para el sistema.
Dio un paso adelante.
La sensación fue inmediata. Un frío seco recorrió el aire, no como temperatura, sino como ausencia. El ruido de la calle se apagó levemente, como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo solo para él.
Se detuvo.
Respiró.
—Tranquilo… no es un portal —se dijo—. Solo una fisura.
Algo se movió.
No salió de la grieta. No emergió con dramatismo. Fue más sutil: una presión que tomó forma, una intención hostil sin cuerpo definido. Elías no la vio, pero la sintió con claridad.
Peligro menor detectado.
Manifestación incompleta.
—¿Manifestación de qué? —preguntó, tenso.
No hubo respuesta.
La presión avanzó. No rápido. No agresiva. Exploratoria. Como si algo estuviera probando hasta dónde podía estirarse sin ser visto.
Elías retrocedió un paso.
La presión lo siguió.
El corazón le golpeó el pecho con fuerza. No había entrenado para esto. No sabía cómo combatir algo que no tenía forma clara. Instintivamente, apretó los puños.
—No… no así —se corrigió.
Recordó la quietud. La disciplina mínima. Respirar. Permanecer.
La presión dudó.
Registro interno: resistencia consciente detectada.
Por un instante, Elías creyó que había funcionado. La sensación retrocedió apenas, como si algo evaluara de nuevo.
Entonces cometió el error.
El miedo lo atravesó de golpe. Un pensamiento rápido, afilado: ¿Y si esto escala? ¿Y si nadie puede ayudarme?
La fisura reaccionó.
Advertencia: fluctuación emocional registrada.
La presión se condensó. Tomó una forma más definida, una sombra irregular que distorsionaba el espacio a su alrededor. No era un ser completo. Era un fragmento, una filtración.
Elías retrocedió de nuevo, pero ya era tarde. La sombra se lanzó.
No fue un ataque físico. Fue un impacto directo a la mente. Culpa, recuerdos incómodos, pensamientos autodestructivos comprimidos en un solo golpe.
Elías cayó de rodillas, jadeando.
—¡No…! —gruñó, apretando los dientes.
Registro crítico: integridad mental comprometida.
Elías cerró los ojos con fuerza. No intentó huir. No gritó. Se aferró a lo único que tenía claro: no alimentar esto.
—No te doy permiso —dijo en voz baja, temblando—. No entras más.
No fue una orden poderosa. Fue una decisión frágil, humana.
La sombra vaciló.
La presión comenzó a dispersarse, como humo mal sostenido. No desapareció del todo, pero perdió cohesión.
Intervención mínima exitosa.
Costo registrado.
Elías se desplomó hacia adelante, apoyando las manos en el suelo. El mundo recuperó el sonido normal poco a poco. La gente seguía pasando. Nadie había notado nada.
—Eso… —respiró con dificultad— …fue real.
Estado espiritual: estable (fatiga elevada).
Lección no procesada completamente.
Se sentó en el borde de la acera, el pulso todavía acelerado. No se sentía victorioso. No se sentía fuerte. Se sentía expuesto.
—Así que esto es combatir —murmuró—. No golpes… sino resistir sin romperse.
El sistema no celebró.
No otorgó recompensas.
Solo dejó una última notificación, sobria, pesada:
Exposición inicial registrada.
Preparación insuficiente confirmada.
Elías levantó la vista hacia el punto donde la fisura seguía apenas visible.
—Entonces tendré que aprender —dijo—. Porque esto no va a parar.
La grieta no respondió.
Pero tampoco se cerró.