Claridad bajo presión
No tuvieron mucho tiempo.
La grieta, aunque pequeña, había sido notada.
El aire se enfrió de golpe. La ciudad siguió igual, pero alrededor de ellos el sonido se apagó, como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo.
—Genial —murmuró el chico—. Llegaron rápido.
—¿Quiénes? —preguntó Elías.
La respuesta salió sola.
Una forma oscura comenzó a emerger del pliegue. No tenía rostro definido, solo una silueta irregular que parecía hecha de emociones mal digeridas: culpa, rencor, desesperación.
No era poderosa.
Pero era hambrienta.
[Sistema: entidad hostil detectada]
Tipo: manifestación emocional residual
Amenaza: baja-media
—¿Puedo pelear? —preguntó Elías, sin apartar la mirada.
—Puedes intentarlo —respondió el chico—. Pero si fuerzas, la grieta crecerá.
Elías recordó la bendición.
Claridad en la Confusión.
Respiró.
No atacó.
Observó.
La entidad se movía de forma errática, reaccionando más a las emociones que a la presencia física. Cada vez que Elías sentía miedo, la cosa avanzaba. Cada vez que se calmaba… dudaba.
—No quiere destruir —dijo Elías, sorprendido—. Quiere alimentarse.
—Ajá —asintió el chico—. Bienvenido a la mayoría de los combates reales.
Elías dio un paso al frente.
No gritó.
No ordenó.
No exigió.
Reconoció.
—No te pertenezco —dijo en voz baja—. Y no eres mío.
La entidad se sacudió.
[Sistema: bendición activa — Claridad en la Confusión]
Efecto amplificado por obediencia
Elías sintió el impulso de acabar rápido. De aplastar. De demostrar que podía.
La bendición no eliminó ese impulso.
Lo hizo visible.
Y al verlo… lo soltó.
La entidad chilló sin sonido y comenzó a deshacerse, absorbida lentamente por la grieta que, ahora, se cerraba.
No del todo.
Pero lo suficiente.
Silencio.
Elías cayó de rodillas, exhausto.
—Eso… fue horrible —dijo.
El chico soltó una risa breve.
—Y fue un combate limpio. Eso casi no pasa.
El sistema apareció una última vez.
[Sistema: combate resuelto]
Uso correcto de bendición: confirmado
Grieta: estabilizada (no cerrada)
Advertencia: responsabilidad acumulada
Elías levantó la mirada.
—Entonces… ¿qué somos ahora?
El chico se encogió de hombros.
—Dos aprendices que saben demasiado para vivir tranquilos.
La grieta cerró su último centímetro.
Pero Elías sabía la verdad.
No era la última.
Era la primera que había causado él mismo.