La Casa que no tiene nombre
Elías no volvió a casa esa noche.
No porque huyera.
Porque sabía que si regresaba, fingiría normalidad.
Y ya no podía hacerlo.
El chico que lo ayudó —que hasta ahora se había negado a decir su nombre— caminaba delante de él por calles que parecían elegidas al azar.
—¿A dónde vamos? —preguntó Elías.
—A un lugar que no existe —respondió sin mirar atrás.
Doblaron una esquina. Luego otra. Luego una tercera que Elías juraría que no estaba allí antes.
El aire cambió.
No se volvió pesado como en las grietas. Se volvió… limpio. Como después de una tormenta.
Frente a ellos había un edificio antiguo, discreto. Sin cruz. Sin letrero. Sin símbolo religioso.
Solo una puerta de madera oscura.
—Bienvenido a la Casa —dijo el chico.
—¿La Casa de qué?
—Exacto.
El sistema reaccionó apenas cruzaron el umbral.
[Sistema: zona neutral detectada]
Interferencia espiritual: mínima
Registro externo: bloqueado
Elías se tensó.
—¿Bloqueado?
—Aquí el sistema no manda —respondió el chico—. Aquí se aprende.
El interior no parecía iglesia. Tampoco academia formal. Era una mezcla extraña: biblioteca, enfermería, sala de entrenamiento y comedor humilde.
Había personas.
Algunas mayores.
Otras jóvenes.
Algunas con cicatrices visibles.
Otras con cicatrices que se notaban solo en la mirada.
Todos lo miraron cuando entró.
No con miedo.
Con evaluación.
Una mujer de unos cuarenta años se acercó. Cabello recogido. Ojos firmes.
—Tú eres el que abrió una grieta sin querer —dijo sin saludo.
Elías sintió el golpe.
—Sí.
No se defendió.
La mujer lo observó unos segundos más.
—Eso ya dice algo bueno.
—¿El qué?
—Que no mentiste.
Silencio.
—Soy Mara —continuó—. No somos iglesia institucional. No somos secta. No somos grupo místico. Somos… lo que queda cuando alguien decide no ignorar lo que otros no ven.
—¿Y combaten? —preguntó Elías.
—Cuando es necesario. —Pausa.— Pero primero aprendemos a no causar más daño del que intentamos reparar.
Eso dolió.
Mara caminó alrededor de él, analizándolo.
—Tienes presión acumulada. Culpa procesada parcialmente. Fuego contenido. Y un sistema activo.
Los murmullos comenzaron.
—¿Eso es malo? —preguntó Elías.
—Es peligroso.
El sistema intentó activarse.
[Sistema: entorno restringido]
Funciones limitadas
Elías frunció el ceño.
Mara notó la reacción.
—Aquí no dependemos del sistema para crecer. Si lo haces, te volverás inútil cuando falle.
Elías recordó la grieta.
Recordó el combate.
Recordó la bendición.
—No quiero ser una carga —dijo.
Una risa corta se escuchó detrás. El chico del pan.
—Ya lo eres. Pero todos lo fuimos al llegar.
Algunas personas sonrieron.
No era burla.
Era memoria compartida.
Mara finalmente asintió.
—Te quedarás unos días. Observas. No intervienes. No entrenas aún. Solo miras.
—¿Por qué?
—Porque el que viene con impulso de héroe suele romper más de lo que salva.
Eso golpeó más fuerte que cualquier combate.
Elías bajó la mirada.
Y aceptó.