El enemigo que sonríe
No todo terminó esa noche.
Dos días después, mientras revisaban registros antiguos, un nombre apareció repetido en varios incidentes de grietas emocionales.
No era un demonio.
Era un hombre.
—Esteban Larios —leyó uno de los veteranos—. Conferencista motivacional. “Sanación interior rápida”.
Elías frunció el ceño.
—Eso suena inofensivo.
Mara negó.
—Promete liberar rencor sin proceso. Ofrece atajos espirituales.
El sistema reaccionó levemente.
[Patrón detectado: apertura artificial de estados vulnerables]
—Está enseñando a la gente a abrirse… sin saber qué entra —murmuró Elías.
Decidieron asistir a una de sus reuniones.
El lugar estaba lleno.
Luces suaves. Música emotiva. Gente llorando.
Esteban sonreía en el escenario.
—Hoy romperemos cadenas invisibles —decía—. No necesitas años de terapia. Solo decisión.
Elías sintió algo.
No era una grieta visible.
Era una red.
Como pequeños hilos energéticos conectando a la audiencia con el orador.
Su Bendición de Discernimiento se activó sola.
[Análisis: manipulación emocional no consciente]
Resultado probable: vulnerabilidad masiva
Esteban no parecía poseído.
Parecía… ignorante del riesgo.
Pero alguien detrás sí sabía.
Elías detectó una figura en la parte trasera del auditorio. Traje oscuro. Mirada fría. No aplaudía.
Observaba.
Sus ojos se cruzaron.
Y por primera vez…
Elías sintió que alguien lo estaba evaluando a él también.
El sistema emitió una advertencia que nunca había mostrado antes.
[Entidad de alto nivel observando]
Clasificación: desconocida
Recomendación: prudencia extrema
El hombre del fondo sonrió levemente.
No era sonrisa humana.
No del todo.
Y desapareció entre la multitud.
Elías sintió un escalofrío.
—Esto ya no es solo gente herida abriendo grietas —susurró.
Mara lo miró con seriedad.
—No. Ahora empezamos a tocar estructuras.
El Arco II acababa de cambiar de escala.
Y por primera vez…
Elías no estaba enfrentando solo heridas.
Estaba entrando en guerra estratégica.