La puerta que te pertenece
Elías no volvió al refugio de inmediato.
Se quedó frente a la grieta.
Silenciosa.
Estable.
Esperando.
No vibraba como las otras.
No amenazaba.
Era… obediente.
Eso era lo más peligroso.
El sistema se mantenía activo, pero inusualmente… pasivo.
[Grieta vinculada al usuario — activa]
Estado: disponible
Interacción: opcional
—Opcional… —repitió Elías en voz baja.
La voz respondió.
—No todas las puertas son malas…
Elías cerró los ojos.
—Tú no eres quien decide eso.
—Pero puedo mostrarte lo que hay detrás…
Silencio.
Elías respiró profundo.
Recordó todo.
Las grietas.
La gente afectada.
El hombre del auditorio.
Daniel perdiendo el control.
Y ahora…
esto.
Su propia puerta.
—Si cruzo… —murmuró—. ¿Qué pasa?
La voz no dudó.
—Aprendes.
—¿Y qué pierdo?
Una pausa.
Eso fue suficiente respuesta.
El sistema mostró algo nuevo.
[Función desbloqueada: Observación de Umbral]
Permite visualizar sin cruzar completamente
Riesgo: bajo-moderado
Elías abrió los ojos.
—Ver… sin entrar…
La grieta reaccionó levemente.
Como si respondiera a su intención.
Elías levantó la mano.
Dudó.
Un segundo.
Dos.
Luego la acercó lentamente…
El contacto fue frío.
Pero no doloroso.
El mundo cambió.
No era un lugar físico.
Era… estructura.
Oscuridad organizada.
Flujos de energía.
Conexiones.
Puertas.
Muchas puertas.
Algunas pequeñas.
Otras enormes.
Algunas selladas.
Otras abiertas.
Elías sintió vértigo.
—Esto no es… caos…
—No —respondió la voz—. Es sistema.
Elías retrocedió de golpe.
La conexión se cortó.
Volvió al callejón.
Respirando rápido.
—Eso… es demasiado…
El sistema confirmó.
[Observación completada]
Comprensión aumentada: +1
Advertencia: curiosidad en aumento
Elías apretó los puños.
—No voy a caer en eso…
Pero la verdad era clara:
Ahora sabía.
Y saber… cambiaba todo.