Cuando todo se abre
Las alarmas no dejaron de sonar.
Una tras otra.
Sin pausa.
El sistema de Elías se llenó de notificaciones.
[Grieta detectada — sector norte]
[Grieta detectada — zona comercial]
[Grieta detectada — área residencial]
No era una.
Eran muchas.
Y todas… al mismo tiempo.
—Esto no es natural —dijo uno de los veteranos.
—No —respondió Mara—. Es coordinación.
Elías sintió un escalofrío.
—Nos están obligando a dividirnos…
Mara asintió.
—Exacto.
Silencio.
—Y eso significa que viene algo peor.
El equipo se organizó rápidamente.
No había otra opción.
—Tres grupos —ordenó Mara—.
Señaló:
—Norte: yo y dos veteranos.
—Centro: ustedes dos —miró a Elías y Daniel—.
—Sur: resto del equipo.
Elías frunció el ceño.
—¿Seguro que nosotros…?
—No hay tiempo para dudas —cortó Mara—. Esto ya no es entrenamiento.
Daniel no dijo nada.
Pero su energía… estaba rara.
Más estable por fuera.
Más peligrosa por dentro.