Ascenso Y Descenso

PES

Al principio yo solo iba a mirar.

La cancha estaba justo al frente de mi nueva casa, así que a veces salía con mi hermanito menor a patear un rato la pelota. Nada serio. Solo pasar el tiempo, correr un poco y volver a casa.

‎Pero al lado de nosotros siempre entrenaba un club de fútbol.

‎Un grupo de pibes que corrían detrás de la pelota con una intensidad distinta. Se escuchaban los gritos del profe, el ruido de los botines contra el piso, el balón pegando fuerte contra el arco.

‎Un día mi viejo se acercó a hablar con el profesor.

‎No sé bien qué le dijo, pero volvió con una sonrisa y me dijo:

‎—Listo, mañana empezás a entrenar.

‎Así fue como entré a un pequeño club de barrio que se llamaba Flamengo.

‎Y no… no era el famoso Clube de Regatas do Flamengo de Brasil.

‎Era solo un equipito de barrio, de esos que se arman con ganas más que con recursos.

‎Los entrenamientos eran simples. Nada de tácticas complicadas ni pizarras llenas de flechas. Dábamos vueltas a la cancha, pateábamos al arco… y después jugábamos fútbol.

‎Éramos más o menos dieciséis o dieciocho chicos.

‎A mí me pusieron de extremo.

‎Y la verdad… me encantaba.

‎Me gustaba correr por la banda, sentir el viento en la cara y pasar a los defensores a pura velocidad. A veces corría al pedo hasta el fondo y terminaba perdiendo la pelota, pero había algo que nadie me podía negar:

‎nadie me ganaba en velocidad.

‎Metía goles. Bastantes goles.

‎Y cada vez que corría por esa banda sentía que el fútbol empezaba a ser realmente mío.

‎¿Te acordás del cumpleaños que mencioné antes?

‎Bueno, mi primo —el mismo que me invitó a ese cumpleaños— decidió entrar al club conmigo.

‎Y ahí empezó una rutina que todavía recuerdo con cariño.

‎Él llegaba una hora antes a mi casa.

‎Yo tenía una PlayStation 3, y ahí jugábamos todo el tiempo al Pro Evolution Soccer 2018.

‎Partido tras partido.

‎Gol tras gol.

‎A veces incluso mi viejo se sentaba con nosotros a jugar. Y tengo que admitir algo: mi viejo me tenía de hijo en el PES. Era demasiado bueno.

‎Después de jugar un rato a la play, nos cambiábamos rápido y cruzábamos la calle para ir al entrenamiento.

‎Así de simple.

‎Así de perfecto.

‎La cancha estaba literalmente al frente de mi casa, así que todo era fácil. Todo era cercano.

‎Si soy sincero, creo que esos fueron de los días más lindos de mi vida hasta ahora.

‎Un día el club decidió participar en una copa.

‎No recuerdo bien qué torneo era ni en qué puesto quedamos. Solo recuerdo que jugábamos en una cancha que quedaba medio lejos. Pero mi tía tenía auto, así que ella nos llevaba a mí y a mi primo.

‎Para nosotros ya era una aventura.

‎Ese campeonato fue especial para mí.

‎Porque ahí sentí algo que antes no había sentido del todo: la verdadera pasión por el fútbol.

‎Ya no jugaba solo por divertirme.

‎Ahora me frustraba por un mal pase, por un tiro que se iba afuera, por una jugada que no me salía.

‎En ese torneo hice solo un gol.

‎Uno solo.

‎Pero lo celebré como si hubiera sido el gol más importante del mundo. Corrí a festejar con mi primo y nos abrazamos como si hubiéramos ganado una final.

‎Para nosotros lo era.

‎Después de un tiempo, el club empezó a formar parte de la escuela del Real Santa Cruz.

‎Eso significó un cambio grande.

‎Cambiamos de cancha… y también de ambiente.

‎Ahí fue donde conocí de verdad lo que eran los pibes de barrio.

‎Chicos con muy pocos recursos, algunos con botines gastados, otros con camisetas viejas… pero todos con algo que impresionaba.

‎Una garra tremenda.

‎Jugaban con una intensidad que te dejaba pensando. Tenían hambre de fútbol. Cada pelota la peleaban como si fuera la última.

‎Y yo los miraba con admiración.

‎Me inspiraban.

‎Sin darme cuenta, el fútbol ya llevaba un año entero en mi vida.

‎Y no era solo un deporte.

‎Había cambiado muchas cosas en mí.

‎Había mejorado mi salud, sí. Pero también había cambiado mi forma de pensar, mi forma de ser, mi forma de enfrentar las cosas.

‎El fútbol me estaba enseñando algo que todavía no entendía del todo:

‎Que a veces, los caminos que empiezan por casualidad… terminan cambiando tu vida.



#1711 en Otros
#326 en Relatos cortos

En el texto hay: historia deportiva

Editado: 17.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.