Asesino de Fantasía

CHP 27

 

 

Tracy

Me encuentro en el borde del bosque, observando la intensa batalla entre Theo y Benet.

De repente, Juls aparece a mi lado. Su presencia es reconfortante, pero sé que no puede quedarse. Me mira con determinación y habla con sinceridad.

—Tracy, esto es lo máximo que puedo hacer por ti. No soy un guerrero, y no puedo intervenir en esa batalla. Confío en que ustedes lograrán salir victoriosos. —Su voz es firme, pero hay un destello de preocupación en sus ojos.

Le agradezco con la mirada, reconociendo la valentía que ha mostrado al llevarme hasta aquí. Sabe que no es seguro quedarse cerca aquí. Juls asiente, como si leyera mis pensamientos.

—Yo te recomiendo que no peles. Quédate aquí, estarás más segura en el bosque. —Su promesa es reconfortante, pero no puedo evitar sentir una sensación de inquietud.

Juls se aleja con pasos decididos, desapareciendo entre los árboles. Mientras lo veo partir, escucho mi nombre susurrado por las sombras. No es la primera vez que oigo esos susurros, pero esta vez, la voz parece más insistente, más oscura.

—Tracy... —La voz se desliza entre las hojas y las sombras, envolviéndome en un escalofrío. ¿Es posible que algo más aceche en este bosque?

Me quedo quieta, sintiendo la presión en el aire, la tensión que proviene de la batalla y la misteriosa voz que me llama. Aunque parte de mí quiere explorar el origen de esos susurros, la prudencia me mantiene en mi lugar. Mi atención regresa al campo de batalla, donde Theo y Benet continúan su enfrentamiento, ajenos a mí.

—Maldición, yo y mi maldita terquedad —Digo dando la vuelta y entrando mas al bosque.

Las sombras parecían cobrar vida a mi paso, como si la oscuridad misma estuviera tomando forma para observarme. Me rodeaban, danzando en silencio mientras avanzaba más y más hacia el corazón del bosque. Los susurros persistían, como un eco constante en mi mente.

—Tracy... —La voz resonaba con una intensidad que enviaba escalofríos por mi espalda. Intenté identificar de dónde provenía, pero las sombras parecían jugar al escondite, ocultando la fuente de esos susurros.

Mis pasos se volvieron más cautelosos a medida que me adentraba en la penumbra. Las sombras se cerraban a mi alrededor, formando una especie de túnel oscuro que parecía no tener fin. No sabía si estaba tomando la decisión correcta al seguir estos susurros, pero algo en ellos me atraía, me llamaba.

De repente, en lo más profundo del bosque, entre los árboles entrelazados, vi una figura borrosa. Parecía una sombra densa, pero a medida que me acercaba, la figura cobraba más definición. Era una presencia oscura, pero extrañamente familiar.

—Tracy... —La figura pronunció mi nombre con un tono que me resultaba conocido, pero no podía identificar de quién se trataba.

 

Con cautela, le dirigí la palabra, intentando sonar valiente, aunque la incertidumbre se apoderara de mí.

—¿Quién eres? ¿Por qué me llamas? —Mi voz temblaba ligeramente, pero la figura no respondía. Simplemente permanecía allí, envuelta en sombras, como si fuera una manifestación misma de la oscuridad.

En ese momento, un crujido en el bosque me hizo girar la cabeza. Observé a lo lejos la continua batalla entre Theo y Benet. Mi corazón latía con fuerza, consciente de que estaba atrapada en medio de dos mundos: la lucha por Calika y este enigmático encuentro en las sombras del bosque.

Un poco más allá en un pequeño claro del bosque, hay alguien acostado, es una mujer, ya parece el cliché de Blancanieves, solo que esta es mas vieja y esta rodeada de sombras.

Tenebroso.

Pero…parece… ¿La reina?

Me acerco con cautela, a la figura yace inmóvil bajo el suave resplandor de la luna que se filtra entre las ramas. Su vestido real parece perder su esplendor, desgarrado y manchado por la tierra.

—¿Reina? —Llamo en un susurro, tratando de no perturbar la tranquilidad aparente del lugar.

A medida que me acerco, noto que algo no está bien. Hay una extraña palidez en su rostro, y su respiración es apenas perceptible.

De repente, las sombras que rodean la reina cobran vida. Se retuercen y se contorsionan, formando una figura oscura que se alza frente a mí.

Una risa siniestra llena el aire, una risa muy conocida para mí.

—Tracy... —La voz, ahora más clara, resuena en el claro del bosque.

La figura oscura se materializa lentamente, revelando una silueta femenina que parece una versión distorsionada de la reina. Sus ojos brillan con un fulgor malévolo, y una sonrisa torcida adorna sus labios.

—¿Quién eres? —Pregunto, luchando contra la creciente sensación de malestar en mi interior.

Mientras se acerca, puedo sentir una presión en el aire, como si la oscuridad misma estuviera a punto de envolverme por completo.

—Soy la sombra que se alimenta de la desesperación —Susurra la figura, mientras las sombras a su alrededor danzan en complicidad. —¿Pero sabes? Me duele un poco que no me reconozcas.

—¿Qué? —Entrecierro mis ojos con duda. Los ojos de esa cosa brillan con mas fervor y es cuando lo entiendo. —Baaalberith… —Susurro.

—Bingo

—¿Qué quieres de mí? —Pregunto con determinación, intentando mantener la calma a pesar de la creciente tensión en el bosque.

La sombra se ríe, un sonido que hiela la sangre. La oscuridad se intensifica a su alrededor, y siento que me envuelve, como si estuviera siendo absorbida por un abismo sin fondo.

La revelación de que estoy frente a Baaalberith, el demonio con el que nos enfrentamos en el salón, me estremece. Mis instintos me dicen que debo actuar con cautela, pero la urgencia de salvar a la reina me empuja a actuar sin pensar.

—La princesa de Calika…no sabría decir si eres muy tonta o muy valiente por haber seguido mi voz hasta acá.

— Deja a la reina —Ignoro su comentario.




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