El silencio de la medianoche no es vacío. Respira.
A las doce en punto, cuando la ciudad baja la guardia y las luces parecen latir más lento, algo despierta. No es el viento que recorre las calles desiertas ni el crujir de las casas antiguas que guardan secretos. Es otra cosa. Algo que observa, que espera... que elige.
Nadie lo ve llegar.
Las primeras víctimas fueron tratadas como coincidencias. Un error, un asalto, mala suerte en la hora equivocada. Pero la medianoche es un límite extraño; no pertenece del todo al día que termina ni al que comienza. Es un instante suspendido, perfecto para desaparecer... o para comenzar algo que nadie puede detener.
Cuando los cuerpos empezaron a acumularse, hubo un patrón que pocos quisieron aceptar. Todos compartían la misma hora. Todos marcaban el mismo instante detenido en relojes rotos, teléfonos caídos, miradas congeladas en un último segundo que parecía eterno.
00:00.
Para la mayoría, era un detalle inquietante.
Para Verónica, era una invitación.
Asignada a los casos que otros evitaban, Verónica no era una detective común. No creía en coincidencias, y mucho menos en la comodidad de las explicaciones simples. Donde otros veían caos, ella buscaba intención. Donde otros cerraban expedientes, ella los abría.
Pero este caso... este caso no era como los demás.
Porque el asesino no solo mata.
El asesino espera.
Cada crimen parece calculado, casi ritual. No deja rastros evidentes, pero deja algo peor: la sensación de que siempre está un paso adelante. Como si conociera los movimientos de la policía. Como si conociera a Verónica.
Y tal vez lo haga.
Porque hay heridas que no se ven en los informes, recuerdos que no aparecen en los archivos y sombras que no abandonan a quienes han mirado demasiado tiempo dentro de la oscuridad.
A medida que la medianoche se repite, la línea entre cazador y presa comienza a desdibujarse.
Y en algún lugar, mientras el reloj avanza con una precisión implacable, alguien sonríe... esperando el siguiente segundo en que todo se detenga otra vez.
Porque cuando el mundo duerme, él despierta.
Y esta vez, no está buscando a cualquiera.
Está esperando a Verónica.