ASHES OF MERCY
CAPITULO 1
El sonido de la lluvia
El golpeteo constante de la lluvia contra el tejado fue lo primero que rompió el silencio de la madrugada
Shun Wong abrió lentamente los ojos. Para él, hacerlo no cambiaba absolutamente nada Desde el día en que nació, la oscuridad había sido la única imagen que conocía sin embargo, nunca sintió que viviera en un mundo vacío, Aprendió a descubrirlo de otras maneras: por el sonido de la lluvia, el perfume de las flores, el calor del sol sobre su rostro o el murmullo de las personas al caminar.
Permaneció unos segundos acostado, escuchando las gotas.
Las gotas caían con un ritmo tranquilo sobre el techo de su pequeña casa. y el viento agitaba suavemente las ramas de los árboles que rodeaban el jardín,Algún pájaro madrugador se atrevía a cantar pese al clima.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Parece que hoy lloverá todo el día...
Se incorporó lentamente y apoyó los pies sobre el suelo de madera, aún frío por la humedad de la mañana.
Su rutina era sencilla y precisamente por eso le gustaba.
Recorrió la casa con pasos tranquilos hasta el baño No necesitaba tocar las paredes para orientarse; cada habitación, cada puerta y cada mueble estaban grabados en su memoria como si fueran parte de él. El sonido del agua llenó el cuarto mientras las gotas de agua de la ducha comenzaba a caer.
Minutos después salió envuelto por el tenue vapor. Se vistió con una camisa blanca perfectamente planchada, un pantalón negro y un abrigo café con rayas que utilizaba siempre que el clima era frío. Después tomó una liga para cabello y, de pie frente al espejo, comenzó a recoger su largo cabello negro en una coleta
Nunca había visto su reflejo. Aun así, cada mañana se colocaba frente al espejo. Era una costumbre que había adquirido desde pequeño. No porque esperara verse algún día sino porque le recordaba que seguía siendo él.
De pronto, un suave aleteo llenó la habitación. Varias mariposas de delicados tonos azulados y blancos comenzaron a revolotear alrededor suyo.
Entraban por la ventana entreabierta como si conocieran perfectamente el camino.
Algunas se posaban unos instantes sobre su hombro, Otras giraban alrededor de su cabeza.
Shun sonrió con ternura.
—Buenos días...
Una de las mariposas rozó suavemente su mejilla con las alas y el soltó una pequeña risa.
—Vamos, pequeñas... es hora de trabajar.
Como si hubieran comprendido sus palabras, emprendieron el vuelo hacia la puerta principal.
Shun tomó su paraguas y salió de casa. La lluvia caía con delicadeza sobre las calles aún tranquilas de la ciudad.
El aroma de la tierra mojada llenaba el ambiente.
Mientras caminaba, las mariposas volaban unos metros delante de él, guiándolo entre las aceras y los cruces con una precisión casi imposible de explicar.
Su nombre era Shun Wong.
Trabajaba como psicólogo con titulo igual de psiquiatra de medio tiempo en un hospital psiquiátrico, Había elegido aquella profesión porque creía que incluso las heridas más profundas podían aliviarse si alguien estaba dispuesto a escuchar. No era un trabajo sencillo debido a que todos los días conocía personas que luchaban contra la ansiedad, la depresión, el miedo o la culpa. algunas lograban salir adelante otras necesitaban mucho más tiempo.
Y unas pocas...Simplemente dejaban de creer que valía la pena seguir intentándolo.
Desde su nacimiento era completamente ciego. Muchas personas dudaron de que pudiera vivir de forma independiente.
Algunos incluso llegaron a decir que jamás podría convertirse en psicólogo. Shun nunca les guardó rencor solo decidió demostrarles que estaban equivocados.
Mientras avanzaba por la calle, de pronto se detuvo y las mariposas también.
Un pequeño gorrión cantaba desde la rama de un árbol.
Shun inclinó ligeramente la cabeza, escuchando con atención. El viento, La lluvia, Las hojas agitándose, El agua descendiendo por las alcantarillas, Los pasos apresurados de alguien que corría para no mojarse.
Todo formaba parte del paisaje, Un paisaje que solo él parecía apreciar con tanta claridad.
—Qué hermosa mañana...
Continuó caminando.
Pocos minutos después, la silueta del hospital apareció frente a él, Las puertas automáticas se abrieron con un suave zumbido, El característico aroma del desinfectante se mezclaba con el del café recién preparado que llegaba desde la cafetería del primer piso.
El sonido de unas ruedas resonó cerca de la entrada. Dos enfermeros empujaban una camilla mientras conversaban en voz baja.
Más adelante, un monitor cardíaco emitía un pitido constante. Un médico caminaba apresurado repasando unos documentos.
En una de las salas de espera, un anciano reía solo mientras observaba fijamente una ventana cubierta por gotas de lluvia.
Una enfermera le hablaba con paciencia, intentando convencerlo de tomar su medicamento.
Para cualquiera, aquel lugar podía parecer frío y extraño.
Para Shun...Era simplemente otro día de trabajo.
—¡Buenos días, doctor Wong! —saludó el guardia de seguridad desde la recepción.
Shun inclinó ligeramente la cabeza.
—Buenos días.
Comenzó a recorrer el pasillo principal.
Las voces de sus compañeros no tardaron en aparecer
—¡Buenos días, Shun!
—¿Cómo estuvo tu fin de semana? ¡Tenga cuidado, acaban de trapear el piso!.
Él respondía con la misma tranquilidad de siempre.
—Buenos días.
—Muchas gracias por avisarme espero que tengan un excelente turno.
Las mariposas revoloteaban sobre él con absoluta naturalidad. Nadie parecía sorprenderse ya de verlas. Con el paso de los años, se habían convertido en una imagen tan habitual del hospital como las batas blancas o el sonido de los monitores.
Mientras avanzaba, una pequeña niña que esperaba consulta con su madre levantó la vista hacia el techo. Sus ojos siguieron fascinados el vuelo de las mariposas.