Ashes of the Epic

5.- Trato

Cuando la luz envolvió a la paloma, esta movió sus alas con disimulo para secar sus lágrimas. Al transformarse, Afrodita evitó la mirada de Stelios. Él, comprendiendo, centró su enfoque en los materiales.

No hubo palabras de por medio. Pero el silencio no se sentía ajeno, era comprensivo.

Sin embargo, permanecía cierta pesadumbre en la mirada de la diosa. Esta enfocó toda su atención en cada pieza, siendo cuidadosa de no cruzar miradas con el fauno, quien aguardaba el veredicto. Conforme más tiempo tomaba la revisión de las piezas, las dudas de Stelios sobre la calidad de su trabajo crecían. ¿Habría olvidado algo? ¿La seda tendría alguna imperfección invisible para él, pero obvia para ojos divinos?

Finalmente, tras el minucioso examen, Afrodita quedó complacida con los materiales y le dedicó una sonrisa sutil a Stelios, cuya cola se agitó levemente ante la aprobación divina. La olímpica, buscando serenidad en la ocupación, tomó el carrete de hilo, entrelazó un extremo entre sus dedos y procedió a tejer con velocidad, en silencio. Pese a que el fauno trataba de seguirle el ritmo, no podía discernir en qué punto la labor mundana y la magia se unían.

La inquietud de la diosa se disipaba conforme el hilo se entrelazaba para formar una tela sedosa. Al terminar, sonrió y jaló uno de los hilos con cuidado. La tela se dividió por la mitad sin deshilacharse, como si hubiera sido cosida así desde el inicio. Al elevar la mirada hacia Stelios, notó que fruncía el ceño y, sin pensarlo, este le expresó:

—Envidio su don, mi señora. ¡Ni con los mejores telares sería capaz de hacer algo así!

Ella lo instó a que se acercara. Stelios se aproximó al lugar con dos zancadas y ella le entregó las telas en sus manos, el deslizó sus pulgares sobre la tela. La diosa decretó.

—Una para el anfitrión —murmuró—, es lo justo.

Las orejas de Stelios se elevaron. Afrodita reprimió la risa; las reacciones del arquero le parecían tan sinceras y claras como el agua.

Luego, Afrodita mezcló parte del aceite con la miel entre sus manos para preparar jabones. Stelios cerró los ojos para apreciar mejor el aroma, similar a los que vendían en los grandes mercados. Sin embargo, las pastillas en forma de flores eran tan perfectas, que parecían reales: exceptuando por el delicado aroma, cosa que ningún artesano mortal podría lograr.

La olímpica sintió cierta ternura: lo que para ella era mundano, a él le parecía maravilloso. Aspectos que otros mortales encontrarían triviales, cobraban maravilla en sus ojos, avivando su interés por ahondar en él. Cuando su anfitrión regresó su atención a ella, vació el aceite restante en el frasco y añadió las hojas de laurel, creando un aceite esencial dorado con tintes aguamarina.

Con todo listo, posó la mano en el hombro del meditativo Stelios. Él se tensó por un instante; el contacto tras tanto tiempo solo, era extraño, pero se relajó al escuchar las palabras de la deidad.

—Agradezco el empeño —el fauno asintió y, mientras envolvía los objetos en una de las telas, la diosa añadió—, y tu paciencia. ¿Te importaría guiarme al sitio, gentil Stelios?

El anfitrión presentó una reverencia ante la deidad, quien, estando de mejor humor, le tomó del brazo. El corazón de Stelios se sobresaltó ante la cercanía; ella le guiñó el ojo y expresó:

—Mi estadía será por solo siete días, partiré al ocaso. ¿Estás de acuerdo?

El fauno asintió y suspiró con alivio. Afrodita le apretó levemente el brazo. «Siete días». Tal vez no fueran suficientes para recomponer su semblante y presentarse de nuevo en el Olimpo, pero al menos podría fingir, por un momento, que no era la diosa del amor. Solo... ella misma.

Por su parte, Stelios no negaría que le era grata la compañía, pero también le ponían nervioso los "peculiares juegos" de la divinidad.

«Afrodita es incorregible».

Ambos salieron de la cabaña con una sutil sonrisa que incluso Apolo, desde los cielos, lograba advertir.

Mientras avanzaban Stelios analizaba a detalle el entorno; no todos los días tenía el honor de ser "escolta olímpico". Cuando la diosa se puso de puntillas y estiró la mano con intención de arrancar una flor de rojo intenso, él la detuvo y negó con el rostro.

—Estas no, mi señora.

Afrodita enarcó una ceja, pero atendió la petición de su guía.

Ante el notorio descontento de la diosa, Stelios buscó por los alrededores algo que pudiera interesarle.

«¡Eureka!»

En solo un par de saltos, llegó a un arbusto de flores rosadas, tomó las más frondosas y las entregó. Afrodita las escudriñó con cierto desaire: de rosa pálido, pétalos irregulares y fragancia empalagosa. Sin cortarse un poco, expresó:

—Dime, Stelios, ¿acaso la esencia de estas, se antepone a la valía de las otras?

El fauno, extrañado, inclinó el rostro. Quizá fue impulsivo su actuar: no pretendía en ningún momento subestimar a Afrodita. Por lo que negó con las manos de forma enérgica, aclarando al instante:

—¡En absoluto, mi señora! Verá, este es un árbol muy caprichoso. ¡Pero pronto dará unos frutos exquisitos! Solo dele un par de días, le prometo que serán de su agrado.

La deidad observó unos instantes al árbol. «Caprichoso no, "libre"...», pensó. Regresó su atención a Stelios; el temblor en sus patas delataba su inquietud. Emitió un suspiro y se acercó a él para preguntarle:

—Así que... ¿un fruto cuyo sabor supera la belleza de su flor?

Los ojos de él se abrieron de par en par, y asintió con una sonrisa. Tras ver que recuperó su temple, ella añadió:

—Eres bueno captando la curiosidad ajena. Se nota que adoras tu vocación de maestro, ¿no es así?

Las mejillas de Stelios se ruborizaron ante el cumplido. Pero al desconocer qué podría decirle a la deidad de la belleza, se giró y se dedicó a arrancar pequeños capullos naranjas del arbusto cercano. Más su cola y el cómo se agitaba, delataban su alegría ante la diosa; quien colocó las flores entre su larga cabellera, enalteciendo con creces su belleza, así como la sutil sonrisa en su rostro.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.