Era de noche, llevaban todo el día viajando a través de la tormenta y todos los del convoy estaban agotados, lo único que rompía el silencio era el sonido del granizo chocando contra los cristales blindados y alguna tos puntual.
Nadie había hablado de lo ocurrido en la ciudad desde entonces, solo habían pasado un par de horas, pero cualquiera podría decir que solo fue un sueño y el resto le creerían de inmediato, entre ellos el propio Victor.
El se encontraba totalmente inmovil entre sus compañeros, los cuales estaban constantemente balanceándose por una mezcla del movimiento del vehículo y el cansancio acumulado del día, aunque Victor tambien estaba cansado no podía dormir: cada vez que cerraba los ojos esas bestias aparecían en su mente y esta se apresuraba a destrozarle la cabeza con teorías sobre ellas, sobretodo el pensamiento de que quiza, solo quiza, pudiese haber muerto aquella noche.
Eso le aterraba, sobre todo por el hecho de que tal vez habría sido la cena de esa cosa y nadie se hubiese dado cuenta, ese solo pensamiento le carcomía la cabeza como las termitas, la madera. De todas formas el viaje, a parte de ese inconveniente, había ido bien. Según los cálculos aún les faltaba mucho para llegar dado que la nieve y el hielo de la tormenta modificaban todo el rato la geografía de los mapas y debían ir con extremo cuidado para no hundirse en una masa de nieve que, según el mapa, debería ser una sólida planicie. Eso los retrasaba muchísimo y hacía el viaje mucho más exasperante e insoportable de lo que ya era.
En ese momento hubo un breve pitido que llamó la atención de Victor, por lo que miró al hombre de enfrente, un señor llamado Miguel que era el encargado en jefe del camion comunicaciones y le preguntó:
–¿Eso es algo de lo que deberíamos preocuparnos?–
Miguel lo miró un momento y respondió:
-¿El que? ah, ¿ese pitido? no te preocupes, eso indica que hemos salido del área de control de radiofonía, lo que quiere decir es que a partir de ahora ya no recibiremos más radiomensajes, por eso los drones de atrás, para que lleguen los escritos a la ciudad, como pasó con el convoy
–¿y esos drones son rápidos?
–Mucho, viajan mil veces más rápido que los camiones porque en vez de arrastrarse se deslizan, y no tienen el peligro de que el hielo se rompa porque son diminutos, parecen un torpedo pequeño con patines, pronto deberían venir un par de esos con algunos paquetes de suministros en ellos–
– ¿suministros? imagino que los drones no podrán llevar mucho, ¿más o menos cuánto llevan? ¿y cuantos suelen venir?–
– suelen traer suministros para 2 días y vienen cuatro drones cada vez, el caso es que los de suministros excavan un túnel pequeño debajo suya y arrastran la carga por ahí, así en vez de arrastrar simplemente se desliza la comida, el agua, los paquetes de calor… ya sabes, lo normal para estos viajes.–
Victor asintió un poco más tranquilo. Aunque le parecía absurdo gastar más alimentos en una expedición en busca de aún más comida, pero bueno, pasar algo de hambre para después poder tener una buena comida es algo razonable, al menos eso pensó Victor.
La noche pasó sin pena ni gloria y Miguel mandó el primer dron, la tormenta arrecío un poco, lo cual permitió que el grupo descansase un poco esa mañana.
Unas horas más tarde, los camiones retomaron la marcha a través del hielo, en esa zona la nieve era prácticamente inexistente y la capa de hielo era totalmente cristalina, dejando ver lo que el hielo cubrió hace tantos años: desde restos de casas en lo más profundo, hasta coches y camiones en las profundidades de la escarcha, intentando en vano salir a la superficie, era un ambiente extremadamente deprimente que Victor podía observar desde la ventana del camión, hubo un momento en el que pudo ver la punta de un barco sobresaliendo y le llamó mucho la atención: siempre le habían interesado los barcos, aunque nunca había llegado a ver uno en persona, dado que el hielo llego antes de que él naciera, como mucho había llegado a verlos en fotos de recuerdo que llevaban los inmigrantes que registraba allí en la frontera de la ciudad, o en algun libro que cogia prestado en la carcomida y abandonada biblioteca municipal.
Ese sitio era especial para él, dado que le permitía desconectar de todas las malas noticias que salían en la radio, echaba de menos ese silencio, ese espacio personal que le era tan preciado y ahora ya no tenía.
Estaba perdido en su imaginación, paseando mentalmente por cada recoveco del edificio cuando el camión dio un bandazo y se dio cuenta que el convoy se había detenido.
– ¿Ya hemos llegado? ha sido muy rápido si hemos llegado ya– dijo Victor mientras miraba por la ventana: el convoy estaba quieto en medio del páramo, el sol asomaba levemente en medio de las nubes dando un tono anaranjado único.
–No aún no hemos llegado– Respondió Carlos mientras salía de la cabina del conductor –me acaban de informar desde el frente del convoy que el hielo ha cedido delante de nosotros, es imposible pasar por aquí–
–¿Entonces qué hacemos? porque no creo que esten muy contentos si volvemos con las manos vacías a la ciudad–
–Acabo de hablar con Laura, dice que ha sido un alud y que si nos desviamos 15 kilómetros más al norte deberíamos de poder cruzar, que el hielo no ha cedido tan arriba, dile a Miguel que mande un dron para avisar del contratiempo
–De acuerdo… em… ¿dónde está Miguel? estaba aquí ayer–
–Lo trasladamos al camión 12, que es donde están los drones–
El camión 12 era el último camión del convoy, Victor estaba en el 3, era el camión más viejo y lento, dado que en la parte trasera tenía un tubo taladro para recolectar los drones y suministros que llegasen a través del hielo.
Editado: 03.08.2026