Asolación: Hielo y sangre

CAPÍTULO 5: BIENVENIDO AL INFIERNO

Pasó un buen rato antes de que Victor se decidiese a salir de su escondite, dado que seguía escuchando los pasos de esa cosa o, al menos, podía oír unos golpecitos que imaginó que eran sus patas chocando contra el hielo, como picos atravesando las paredes.

Al asomarse no vio movimiento alguno en el exterior, a excepción de unos copos de nieve que empezaban a posarse suavemente en el hielo, le sorprendía no haberse resbalado mientras huía pero ya no era relevante: Tenía que salir de ahí cuanto antes y aún tenía mucho que recorrer y su estomago ya le estaba pidiendo alimento.

Afortunadamente aún tenía una barrita de proteínas en el bolsillo, se la había llevado como tentempié antes de irse a dormir en el camión, pero era mejor que nada.

Se comió un cuarto de la barrita con avidez aunque tenía que moderarse, pues no sabía cuánto tiempo estaría en ese agujero.

Después de ese almuerzo improvisado continuó caminando, ya todo le parecía igual. Cada pasillo, cada hueco,cada grieta, cada intersección, copiada, como si una impresora estuviera atascada en el mismo diseño una y otra vez en la eternidad.

Ya no sabía si estaba avanzando o retrocediendo, cuánto llevaba o incluso si sus compañeros ya estaban de camino a casa sin él. Por si fuese poco las temperaturas empezaron a bajar y tuvo que aumentar la potencia del generador, el problema era que si la aumentaba demasiado podría llegar a explotar dado que estaba diseñado para salidas cortas, no para estar días enteros en funcionamiento.

Por si fuese poco el cielo lo desorientaba mucho más, cada vez que miraba las nubes seguían igual, bloqueando la mayoría de la luz y eso le impedía saber la hora, miro a su reloj y se dio cuenta de que se había apagado, ¿que hora era? ¿Cuánto había estado andando?

Tenía muchas preguntas y ninguna respuesta.

Conforme avanzaba noto que el suelo cambiaba un poco, dejó de ser una línea recta y comenzó a ser una bajada.

Eso subió un poco sus ánimos, pues era un avance y así se le dificultaba menos a sus ya doloridos pies continuar caminando. Las paredes a su vez también cambiaron y dejaron de ser completamente nítidas y blanquecinas para dar paso a un tono azulado y semi-transparente, a través de este se podían observar ciertas formas aunque la mayoría eran irreconocibles, ya fuera por la distancia o por que estaban deformadas, aun así era algo un poco mejor que solo ver blanco por todas partes.

El suelo por su parte no ayudaba mucho: No paraba de resbalarse y le aterraba deslizarse abajo para acabar empalado en una estalagmita de hielo, caer a un pozo sin fondo o estamparse contra una pared y morir por la velocidad, o peor aún, toparse con esa cosa de nuevo.

Con ese pensamiento en mente iba con más cautela, aunque muchísimo más despacio, haciendo su camino mas tedioso y cansino de lo que ya era, intento más de una vez agarrarse a la pared en busca de algo de seguridad, pero todo lo que lograba era mojarse el guante.

Siguió bajando y logró ver que empezaba a aparecer tierra delante suya… solo que arriba.

Había llegado al final de la grieta desde arriba y comenzaba una cueva que continuaba entrando en las profundidades, probablemente el equipo pasara por allí, aunque al haber pasado esos días desde que se cayó era muy posible que ya se hubiesen ido.

En ese momento se le pasaron por la cabeza dos opciones: O se quedaba ahí esperando a que el grupo pasará de nuevo o seguia adelante para salir por su cuenta.

Estaba en ese pensamiento cuando un resbalón decidió por él, bajo un par de metros pero logró frenar al agarrarse a un pequeño saliente, pero ya era más fácil seguir bajando que intentar subir de nuevo, así que siguió adentrándose en la oscuridad con su linterna encendida.

El suelo fue transicionando a piedra sólida, aunque mojada por las estalactitas que colgaban del techo, poco a poco fue viendo ciertas cosas extrañas: desde montones de ropa hasta mochilas, no era el primero en caer ahí abajo, por lo que una idea le surgió de ello.

Empezó a buscar en las mochilas y encontró algunas cosas útiles, una cuerda de 10 metros, que era demasiado fina para subir pero a lo mejor era óptima para construir un refugio, algo de comida enlatada y un par de botellas vacías, una piqueta y lo más importante: una batería.

En cuanto la vio la colocó en su radio con el corazón en un puño y la encendió, pasaron los segundos y salto de alegría cuando escucho la estática, se acercó y empezó a transmitir.

— Victor a camión 3, repito, Victor a camión 3 ¿me reciben?

Pasaron aproximadamente 2 minutos sin recibir respuesta, pero Victor no se iba a rendir tan fácilmente

— Victor a camión 3, por favor responda, Victor a cami…

— Aquí camión 3, te recibimos alto y claro Víctor, nos alegramos de que estés con vida

— ¡Sabía que no me ibais a dejar tirado! me encuentro en el final de la grieta, estoy refugiado en una zona subterránea, justo debajo del camino que debéis de cruzar creéis que podéis sacarme de aquí?

—...

— ¿Camión 3?

—Un momento por favor– pasó un rato y Víctor pudo escuchar una voz familiar – ¡Hola muchacho! ¿Qué tal te encuentras Víctor?

— ¡Carlos! Gracias a dios que estás aquí, podéis venir a rescatarme?

— Me temo que no, pasamos ese punto ayer y ya estamos de camino al convoy perdido, si volvemos ahora a por tí perderíamos demasiado tiempo ¿crees que puedes permanecer ahí hasta que volvamos?



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En el texto hay: apocalipsis, monstruos, aventura

Editado: 23.08.2026

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