9 Kilómetros del punto de caida.
El equipo seguía avanzando diligentemente por el hielo, ya estaban cerca y Laura podía sentirlo mientras los motores hacían temblar los camiones.Carlos llevaba ya 10 minutos en la sala de radio del vehículo cuando salió.
—Malas noticias: El malnacido sigue vivo
—¿Y eso es algo malo? podemos salvarlo, podemos sacarlo de ahí
— Ya sabes que no pienso hacer eso, eses el segundo dron que nos mandan desde la ciudad, no pienso arriesgarme a qué todo lo que hemos hecho haya sido para nada solo por salvar a un tío que se ha caído a una grieta por estupido
— Creía que estaba intentando salvar a alguien
—Y lo estaba, y fue idiota, ¿Noble? Quizás, pero idiota al fin y al cabo. Además cuando hablé con él no mencionó al tipo así que probablemente esté muerto.
—Carlos, aún así sigue estando vivo, no podemos dejarlo morir ahí
— ¿Por qué no? Tú ya lo hiciste una vez.
Laura crispó el rostro recordando aquella noche, la peor noche de su vida. Toda esa gente muriendo, los gritos en la radio mientras ella no podía hacer nada…
Odiaba esa noche con toda su alma.
— ¿Y qué pretendías que hiciera? soy francotiradora no un muro antibalas, aparte, te salve a ti, hice mas que tu esa noche.
— Solo digo que te has pasado toda tu vida construyendo una reputación de asesina despiadada a la que le importa poco lo que le ocurra a su equipo con tal de ganar. Y todo ¿para qué? para preocuparte por un tipo que ni siquiera conoces más que de verlo de vez en cuando, no pienso arriesgarme.
Carlos se acercó a la ventana y observó el paisaje por unos minutos, el ambiente era tan tenso que podía cortarse con un cuchillo cuando suspiró.
— Si para cuando volvamos sigue vivo, a lo mejor dejo un camión para recogerlo, ahora asómate al periscopio y dime lo que ves, deberíamos ser capaces de ver el convoy ya.
Laura no dijo nada más, no hacía falta.
Subió la escalera de mano hasta llegar al periscopio, lo desplegó y miró por él.
Al principio no vio nada aparte de hielo y nieve, pero entonces vio en convoy.
Estaba en medio de la nieve, con muchísimos camiones tirados y volcados, pero había algo que no cuadraba, un color que destacaba en medio de la nieve.
Se había olvidado de lo hermosa que se veía la sangre sobre la escarcha
***
Victor abrió los ojos, se encontraba bajo el agua, rodeado de pura oscuridad mientras la corriente lo arrastraba.
El agua empezó a entrar en su máscara y todo lo que pudo pensar fue una simple pregunta “¿Así voy a morir?”
Desde pequeño había visto la muerte muy de cerca, estaba familiarizado con ella y en un mundo así era común pensar que ese día quizá sea el último.
Pero Victor esperaba una muerte distinta.
Siempre había pensado que moriría en una épica batalla o haciendo alguna hazaña gloriosa que sería recordada a lo largo de la historia. Soñaba que su nombre sería puesto en una calle o en una plaza o quizás, incluso le hicieran una estatua. Como Andrea Cabrera, que retrasó a todo el ejército italiano para que la gente de Barcelona pudiese escapar, o los hermanos Sanchez que lograron inventar una cura a una enfermedad que acabó por matarlos antes de que pudieran curarse a ellos mismos.
Pero morir ahogado era una muerte muy… decepcionante.
Su cabeza golpeó la roca de la playa y Victor movió urgentemente su cabeza hacia la superficie mientras sus pulmones suplicaban una bocanada de oxígeno que él les otorgó sin rechistar. Sus manos se hundieron en los recovecos de esas piedras mientras las suaves olas le empapaban las rodillas, su máscara reposaba en el suelo al lado suya, al parecer el aire era respirable.
Subió un poco más a ese montículo de roca antes de intentar encender la linterna. La oscuridad lo rodeaba por completo y no podía ver más de tres palmos enfrente de sí a excepción de una luz alta que Victor supuso que era el precipicio por el que cayó.
Empezó a tranquilizarse un poco cuando escuchó otro grito, uno de furia, era similar a un ciervo, si el ciervo estuviese poseído.
Pasaron unos minutos de silencio absoluto antes de que Victor adquiriese el valor de encender la linterna allí abajo, tampoco quería llamar la atención del enorme o de cualquier otro monstruo. Todo lo que podía escuchar era el suave movimiento del agua y al no poder ver nada su mente empezó a trabajar en su contra ¿ese chapoteo había sido una roca o algo mas? ¿ese chorreo era su ropa, el agua cayendo de las rocas o algo que se acercaba a él?
Con la mente dándole vueltas constantemente no aguanto más y encendió la luz, iluminando a todos lados.
Lo que le devolvió la mirada solo fue el propio reflejo de la luz en las rocas mojadas y en el agua negra, pero nada más.
Solo era su imaginación.
Esto le permitió tomar un pequeño respiro, calmarse un poco y pensar con tranquilidad que hacer, porque podría quedarse sentado y quejarse, incluso llorar. Pero eso no lo sacaría de ese problema, o actuaba o acabaría allí atrapado para siempre.
Empezó a caminar por las rocas mientras iluminaba brevemente al frente para poder hacerse una idea del camino, tampoco quería abusar mucho de la luz porque le daba muy mala espina ese sitio. Se fijó en que el techo estaba muy alto y era completamente negro con estalactitas gigantes y solo cuando vio una en el suelo se dio cuenta de que era carbon, era tanto carbon como para alimentar los motores de la ciudad por un par de decadas .
Editado: 23.08.2026