Después de probar su agua (que seguía sabiendo mal pero al menos era bebible) y tomarse un poco de una de las latas, la cual Victor supuso que era carne de cerdo, siguió avanzando y el túnel se hizo bastante más estrecho. El río continuaba fluyendo pero en menor cantidad, aún no se veía el fondo y seguía siendo muy profundo, pero al menos no había una distancia tan grande entre un extremo y otro.
Eso igualmente no lo tranquilizaba del todo.
Tenía que salir… no, necesitaba salir.
Ya no sabía cuánto llevaba ahí abajo, no sabía si era de día o de noche y dado que perdió la radio con la caída, la esperanza de que le rescatasen, su única esperanza.
Quizá fuese falsa.
Aun así era mejor que desesperarse, tenía que mantener la cordura como fuese posible.
***
Observa el suelo con una curiosidad mortal, lleva un par de horas persiguiendo a su presa y por fin ha encontrado de nuevo el rastro: las huellas parecen frescas.
Continúa avanzando en medio de la oscuridad, buscando, anhelando probar tan delicioso manjar.
Pero aún es demasiado pronto.
Saben mejor cuando están aterrorizados, y le encanta el sonido de sus presas gritando antes de cenar.
Sigue su camino plácidamente, sin prisa.
Al fin y al cabo los mejores bocados se hacen esperar.
Y de todas formas, esta es su casa.
Un rato después localiza algo que le llama la atención.
Luz.
***
La luz también le permitía calmarse con mayor facilidad. Víctor al fin y al cabo detestaba la oscuridad.
Había aprendido a aceptarla en cierto modo, normalmente solo eran un par de horas y le otorgaban la seguridad de no ser visto por ojos indeseados.
Pero eso aquí no estaba garantizado.
No paraba de oír pasos, pero el eco de la cueva le impedía saber con exactitud de donde procedían, así que supuso que eran sus propios pasos devueltos por el eco de la cueva.
No podía estar más equivocado.
El río se tornó en un arroyo suave y las paredes se cerraron tanto que se vio obligado a caminar sobre la poca agua que fluía.
Esto le empezó a preocupar ¿había elegido el camino incorrecto? quizá podía dar media vuelta e ir por el otro pasadizo.
Se detuvo de inmediato para pensarlo bien, el eco le devolvió sus pasos.
Y uno extra.
Se le erizó el pelo de inmediato mientras noto una leve brisa cálida en el cuello. Dio media vuelta y…
Nada. Absolutamente nada, la falta de sueño le estaba afectando demasiado, no sabía cuánto llevaba caminando pero realmente tenía que dormir un rato.
Subiría hasta la bifurcación y descansaría un poco.
Volvió a caminar y una piedra le asustó, se había caído del techo.
Alzó la luz para comprobar que era, el carbón le devolvió la mirada sin ningún tipo de miramiento. Probablemente se cayese por antigüedad.
Pero seguía sintiendo que le estaban observando.
Era una sensación que tenía desde hace ya rato, aunque la había tachado de simple alucinación al inicio se sentía demasiado real como para serlo, aunque el resto de sus sentidos le decían que no pasaba nada.
Su instinto decía otra cosa.
Se sentía desprotegido, intranquilo.
Como un ciervo mirando al coche que va a atropellarlo.
No sabía con exactitud porque, pero era una sensación que no le gustaba para nada.
Y por primera vez desde que cayó a la grieta, empezó a temer que no lo fuesen a rescatar.
Echaba de menos muchas cosas, una cama cálida, una ducha medianamente digna, un plato de comida que no sabía a viejo…
Seguridad.
Esto último era lo que más echaba de menos: Poder detenerse donde le diese la gana y hacer lo que quisiera (obviamente sin quebrantar la ley) sin ningún tipo de consecuencia. Poder moverse con absoluta tranquilidad sin mirar cada minuto por encima de su hombro por si lo atacaban, o sin saber si de algún momento a otro una mandíbula gigante le devorara, o si será el anfitrión de una nueva generación de gusanos enormes.
No había valorado suficientemente ninguna de esas cosas, siempre quiso más, siempre deseo una casa mejor, un trabajo mejor pagado, más horas de sueño, un mejor plato de comida… ¿y ahora que tenía?
Un par de latas secas y agua que sabía a orina de perro.
Habría sido mejor quedarse en casa, dejar a otro ser el héroe.
Porque él desde luego no era un héroe, solo era un soldado. Solo cumplía órdenes que se le encomendaban a cambio de un salario justo, como todos. había sido cruel con gente que no se lo merecía, sólo porque así se lo ordenaban. Si pudiese contar en una libreta la cantidad de personas a las que él ha hecho sufrir involuntariamente por sus actos de seguro podría llenar una biblioteca entera de nombres.
¿Quizá esto era un castigo por sus actos? ¿Acaso Dios, en un intento de hacerlo reflexionar, le había mandado al purgatorio como una forma desesperada de hacerle cambiar? ¿Existía de verdad Dios?
Porque si era así, entonces lo había abandonado hace mucho tiempo. Nunca había sido muy religioso, la mayoría se aferraba a ello como una forma de esperanza, deseando que algún día su destino cambiase y pudiesen tener un mejor porvenir en un nuevo mundo. Uno más cálido y agradable para las futuras generaciones.
Editado: 23.08.2026