Asolación: Hielo y sangre

CAPÍTULO 8: TEMPORADA DE CAZA

Victor se quedó paralizado al verlo, mientras la garra estaba quieta, completamente inmovil, como si le estudiaste, o no lo pudiese ver.

Parecía una grotesca y enorme estatua congelada.

Lo único que mostraba que estaba vivo realmente era que de vez en cuando parpadeaba, nada más. Víctor simplemente retrocedió poco a poco, entrando otra vez en el hueco sin dar la espalda al espanto que tenía delante.

Justo cuando ya había salido y dio la vuelta, La Garra lo apresó en una de sus manos y amenazó con arrastrarlo de nuevo al hueco.

Víctor gritó de dolor mientras la mano de apretaba cada vez más su hombro con sus manos tentaculares, la sensación era muy fría, como si la sangre le abandonase el cuerpo mientras caía al suelo.

Se agarró como pudo a las paredes de piedra, mientras la presión que su captor ejercía aumentaba drásticamente, el dolor era brutal hasta que, llegado un momento simplemente… lo soltó, le dejó huir y Víctor aprovechó la oportunidad en cuanto pudo. Huyó lo más rápido que podía mientras jadeaba y se quejaba de su hombro, que parecía estar dislocado.

***

Lo había visto en cuanto se había acercado, aunque su presa no se hubiese dado cuenta sí que lo estaba mirando, evaluando, y en cuanto le dió la espalda decidió poner a prueba si ya estaba listo.

Había tirado de él levemente, le había hecho daño hasta que gritase, estaba asustado, pero aun no estaba aterrado, no estaba listo aún para ser consumido, aunque le faltaba poco.

Mientras tanto, tendría que ir preparando a sus compañeros.

Parecían más susceptibles

***

— Otro grito de auxilio — Comentó Ana, ya cansada de ese bucle.

— ¿deberíamos ir? — Samuel, por otro lado, parecía mantener la esperanza de encontrarlo

— ¿Para qué? — Carlos ya estaba al borde de su paciencia — ¡es una pérdida de tiempo! Cuando lleguemos allí sonará en otro sitio distinto, iremos y volverá a pasar, ¡seguiremos perdiendo el tiempo y perdiéndonos a nosotros mismos! Por mi mejor nos volvemos antes de que se vayan sin nosotros

— ¿Pretendes dejarle morir? — Laura ya estaba más que cansada de esas conversaciones, era la tercera igual en menos de 2 horas — No merece eso, si hubieses sido tú….

— ¡Si hubiese sido yo no me habría caído en primer lugar porque no soy estupido! ¿porque he de pagar yo o tú o el resto porque él no pudo esperar a que llegasen los demás? Me niego, yo me largo, que le den a esta absurda aventurita en busca de Don Nadie

— Nunca debieron de elegirte como líder

Carlos se detuvo en ese momento, se notaba como su ira se iba construyendo lentamente en su interior, como la lava a punto de salir a la superficie “¿quien se cree?” sonaba en su mente “¿acaso no he hecho suficiente? la última vez que intente salvar a alguien acabaron muriendo más personas que simplemente dejar morir a una sola, a veces hacer lo correcto no es la mejor opción, pero claro, ella no lo entiende”

— Recuento, ahora

Samuel empezó a revisar la libreta en la que lo había apuntado todo

— comida y agua para tres días, llevamos aquí medio día así que nos queda para otros dos, munición completa y un kit de primeros auxilios, aparte de una tienda portátil y una cocinilla de gas.

— De acuerdo, tu ganas Laura, si para cuando nos empecemos a quedar sin comida y agua no lo encontramos, nos marchamos de aquí, ¿queda claro?

Laura quiso discutirlo, pero al ver la reacción de los otros dos se dio cuenta de que no era buena idea reprocharselo a Carlos, puede que fuese un pesimista, un impulsivo y a veces un tonto, pero por una vez estaba siendo justo.

— Como el agua

— Entonces no hay más que hablar, comeremos algo ahora y en un rato seguiremos buscando a este desgraciado

***

El hombro le dolía constantemente a cada paso, era un dolor extremadamente frío, como si le hubiesen metido hielo en la sangre.

Temblaba constantemente y los escalofríos estaban a la orden del día, se sentía extremadamente cansado y entumecido, pero temía que si se dormía no volvería a despertar a la mañana siguiente. Intentó recolocar su hombro utilizando una pared lisa que había encontrado a modo de apoyo, este crujió con fuerza mientras Victor no pudo evitar un alarido de dolor: era algo chapucero pero al menos no le dolía tanto.

Se apoyó en la pared y se dejó caer al suelo, quedándose sentado mientras escuchaba. Lo único que se podía oír era su corazón y, de vez en cuando, alguna roca cayendo al suelo.

“¿Qué tan grande es este sitio?” se preguntó a sí mismo en su mente “¿Y qué es esa cosa? imita voces humanas, eso no lo sabía, ¿quizá fue él a quien escuche la otra noche? ¿Sería esto una trampa? Es posible, tengo que encontrar la forma de salir cuanto antes, pero ¿por dónde? ¿debería seguir bajando o intentar subir? si subo quizá me vuelva a encontrar pero si sigo bajando nada me indica que haya otra subida…”

Pero estaba demasiado cansado, por mucho que hubiese querido volver a levantarse el dolor y la falta de sueño le ganaron, y empezó a dormir, a soñar.

Se encontraba en su casa, no en piso, su casa.

La misma casa que tenían sus padres, con su jardín interior con unas pocas plantas, la vieja televisión en una esquina y los perros correteando por el patio de esta antes de que se independizara.

¿Cómo estarían? ¿les habían dicho ya que su hijo estaba perdido, presuntamente muerto?



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En el texto hay: apocalipsis, monstruos, aventura

Editado: 23.08.2026

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