La garra lo atrapó y lo arrastró por el suelo hasta elevarlo enfrente suyo. Victor podía ver esa cara asquerosa sonriéndole de una forma que directamente no era humana. Respiraba por la boca un vaho pestilente que hacía que los ojos de Victor empezasen a soltar lágrimas.
La garra abrió la boca para comérselo cuando Carlos, que se había escondido en una rejilla de la ventilación, salió de su escondite y empezó a dispararle en la espalda al monstruo.
Las balas atravesaron a la bestia, la cual arqueo la su espalda soltando a Victor y profiriendo un alarido de dolor. Ana aprovechó la oportunidad y también salió de su escondite para ayudar a Victor a huir mientras Carlos distraía a La Garra.
Carlos, por otro lado, corrió hacia la salida a través de los escombros de la derruida puerta y cerró las puertas dobles que daban como entrada a las escaleras, después colocó un mueble en medio y siguió a sus compañeros. No estaba seguro de que fuese a aguantar pero era mejor que nada.
La Garra salió disparada hacía por las escaleras y comenzó a golpear la puerta con furia, con tanta fuerza que el grupo, que escuchaba los ruidos mientras huían, tuvo que taparse los oídos.
—¡Por ahí! —Exclamó Ana señalando un pasillo secundario —¡A las escaleras de emergencia!
Los dos muchachos siguieron a la doctora por el pequeño pasillo mientras una puerta de color rojo se iba haciendo mas grande a cada paso. En ese momento un golpe más pronunciado retumbó por el hospital: La barricada de Carlos había caído.
Victor intentó abrir la puerta pero la manija no se movía: estaba atascada.
—¡Rápido! ¡Abre la maldita puerta!
—¡Está oxidada, no puedo abrirla!
—Apartad —Dijo Ana, la cual empezó a golpear la manija con un extintor que se encontraba en el suelo.
Carlos se asomó un momento por el pasillo y vio que La garra venía a toda velocidad por este
—¡ABRE LA PUERTA ANA! —Carlos apuntó de nuevo con su rifle a su cazador y lanzó pequeñas rafagas para intentar ralentizarlo. Varias le acertaron en las piernas y este cayó al suelo… por unos pocos segundos.
Víctor mientras tanto intentaba ayudar a Ana a romper la cerradura. Pero la maldita no quería ceder tan fácilmente.
Aunaron de nuevo sus fuerzas y la manija se dobló un poco, ya se podía notar el aire del exterior levemente, lo cual les hizo aumentar sus esfuerzos una vez más.
La garra se asomó por la abertura del pasadizo mientras Carlos retrocedía lo más rápido posible, sin parar de disparar al monstruo que se erguía frente a ellos.
La puerta por fin accedió a abrirse y los tres salieron disparados por las escaleras de emergencia mientras La garra les pisaba los talones.
¿Cómo podía una criatura así de grande ser tan rápida? La última vez que Victor escapó de ella fue muchísimo más lenta. Ahora estaba constantemente detrás de ellos.
Continuaron descendiendo por las escaleras hasta llegar al suelo, solo les faltaba salir de la ciudad.
Lo cual sonaba más fácil de lo que realmente era.
En la cueva o la grieta en sí era fácil distraerlo o despistarlo en algún recoveco, el problema era que la ciudad estaba en un terreno liso y cuadriculado que no permitía ese tipo de juego.
Sería una carrera hacia las cuevas.
Podía notar su corazón palpitando con fuerza en su pecho mientras le ardían los músculos de las piernas, que imploraban por que redujese el ritmo mientras su cerebro suplicaba por más velocidad.
Pero no era suficiente, La garra le golpeó la pierna y lo tiró al suelo mientras sus compañeros seguían huyendo.
Pero no le mató.
Se quedó mirándolo un momento y después simplemente se apartó y dejó que se escapase.
“¿Por qué?” Pensó Victor sin comprender qué había pasado. Miró por encima de su hombro mientras volvía a correr y vio que simplemente se había detenido, lo miraba con la cabeza ladeada hasta que, en un momento, simplemente se fue por otro lado.
***
Le frustraba no haber cazado a ese, ese si estaba más que listo, pero no podía simplemente matarlo: Había detectado algo dentro de él, en su sangre.
Era digno.
Solo tenía que esperar.
***
Victor logró llegar al ascensor en el que le esperaban Ana y Carlos, los dos parecían confusos
—¿Cómo es que sigues vivo? vi como te atrapaba —dijo Ana mientras le ayudaba a subir a la plataforma de hierro
—Me soltó —Victor estaba mas confundido que el resto
—¿Así sin más? eso es raro
—Y que lo digas Carlos, simplemente me miro y… me soltó, nada más, incluso se quedó quieto y se fue en otra dirección.
— Bueno, mientras nos deje en paz a mi como si destroza esta ciudad. ¿Crees que este ascensor funcione?
Víctor se acercó al ascensor y comenzó a investigarlo: era un ascensor de minería antiguo. La plataforma en sí estaba en muy buen estado, no como las poleas, cuyas ruedas estaban medianamente oxidadas.
—No creo que sea buena idea
—A menos que se te ocurra una mejor, está es la única que tenemos, ¿pretendes discutir mientras un bicho gigante nos persigue?
—Vale, vale lo activaré —Victor se acercó a los controles del ascensor, no parecía que pudiese subir, solo bajar.
—Carlos, esto solo baja, ¿seguro que quieres que yo…?
—¡Activalo de una vez!
—¡Vale! no hace falta ponerse agresivo —Victor acciono la palanca y el ascensor comenzó a descender por primera vez en mucho tiempo, produciendo un ruido bastante molesto. —No era necesario hablarme así, solo decía que no parece muy seguro
Carlos suspiró, intentando calmarse.
— Al menos ya estamos a salvo —Comentó Ana intentando relajar el ambiente —Dudo que nos siga hasta aquí, al menos de momento.
— ¿Y eso de que sirve? ¿de qué sirve que Victor haya hecho que bajemos y escapemos otra vez por los pelos? cada vez vamos más profundo cuando deberíamos estar subiendo para salir, nada ni nadie nos asegura que este camino nos saque de aquí.
Editado: 23.08.2026