Asolación: Hielo y sangre

CAPÍTULO 12: EL SANTUARIO

Era Laura, eso seguro, pero estaba en un estado horrible. La sangre le cubría el rostro por una herida que tenía en la frente, su ropa estaba mojada y apestaba a una mezcla de sudor, tierra, sangre y combustible. Su espalda estaba encorvada y prácticamente se derrumbó en el suelo en cuanto entró.

Carlos agarró a Laura y la ayudó a acostarse en una cama mientras Ana abría su kit y empezaba a sacar sus utensilios, los cuales había repuesto en el hospital.

—Esa laceración de la espalda es enorme, tendré que hacerle puntos.

—¿sobrevivirá?

—No parece muy profunda, tampoco parece haber dañado los órganos, habrá que rezar porque no haya cortado alguna vena. Pero no te puedo asegurar nada.

—De acuerdo, será mejor que te dejemos trabajar. Victor, ¿te apuntas a un reconocimiento?

A Victor esa idea le parecía estúpida, pero cuando vio la cara de Carlos decidió que lo mejor era irse: Parecía al borde de las lágrimas —Por supuesto jefe. Si ocurre algo llamanos por el walkie talkie, ¿vale Ana?

Ana solo asintió mientras comenzaba a esterilizar la aguja y los dos salieron de la sala.

—Lo siento Victor, no soporto verla así.

—No te disculpes, es verdad que no es algo muy… agradable de ver.

—¿Podemos hablar de otra cosa porfavor?

—De acuerdo —Los dos hombres continuaron su camino —¿Cuánto habrá tardado en construir todo esto?

—Imagino que años, décadas, quizá. Roma no se construyó en un dia

—Pero ardió en una sola noche —El proverbio le venía como anillo al dedo a ese sitio. Victor solo podía recordar los cadáveres de aquella casa. ¿Pero donde estaba el resto? El hospital estaba completamente vacío. Era raro, ¿Quizá se los comió la garra?

—¿Te consideras un hombre religioso Victor?

—Depende de lo que consideres religioso. ¿Que existe Dios? no creo, pero algo superior… eso sí.

—Yo creía en él. Pero ya no estoy tan seguro, aunque últimamente no paro de pensar en él. He hecho cosas horribles Victor. Si tú supieras todo probablemente ni te acercarías a mí.

—Eran tiempos de guerra, hiciste lo que tuviste que hacer, ¡Eres el héroe de Madrid! Deberías de estar orgulloso

—No creo que asesinar gente inocente se pueda considerar heroísmo. La guerra cambia a cualquiera.

Fíjate en Laura, por ejemplo. Cuando la conocí era una muchacha amable con todo el mundo y que detestaba hasta el hecho de matar ganado. ¿Y ahora? Ahora no duda en matar a quien se le ponga en medio, intenta salvar a gente, si. Quizá cree que, si lo hace, conseguirá el perdón de Dios. O se pueda perdonar a sí misma. No lo sé.

—No creo que sea gente inocente a los que tuvisteis que matar.

—Solo cumplian ordenes, si ellos no eran inocentes, entonces nosotros tampoco

—No seas tan duro contigo mismo, eran ellos o nosotros. No tenías opción. Además, no te preocupes por Laura, Ana es una doctora excepcional, ya verás que salva a Laura.

—Más le vale

—Si me permites preguntar, ¿Cuál es vuestra relación?

—¿A qué te refieres?

—Digo… ¿sois pareja? ¿Amigos muy cercanos? ¿Algo entre medias? no hace falta que me respondas, quizá estoy siendo un entrometido pero…

—Es como una hermana para mí, nada más. El caso es que siento esa sensación de que tengo que protegerla, y he fallado.

—¡Ni siquiera estabas allí!

—Debería de haber estado, ese es el problema. Casi muere y no pude hacer nada.

—Te culpas demasiado por cosas que no puedes controlar. —Victor se detuvo y miró el suelo: había raíles en el y se podía ver una luz blanca en el fondo de la mina

—Será mejor que volvamos —Comentó Carlos —No me siento seguro dejándolas solas por tanto tiempo. Y supongo que Ana ya habrá terminado con Laura.

—¿Qué crees que será esa luz?

—Ojala lo supiera

El resto del camino lo pasaron en silencio. En el suelo había tablas de los raíles rotas o sueltas que podrían provocar algún tropiezo si no se iba con cuidado.

Igualmente solo era una suave pendiente por lo que no era muy difícil seguir caminando. A Victor le recordaba un poco al túnel de azufre del otro día, solo que menos asfixiante.

—Ana, somos nosotros, abre.

—¿Que querías hacer cuando Victor se cayó a la grieta?

Carlos palideció un poco

—Venga, abre la puerta.

—Responde a la pregunta y abriré la puerta

Carlos miró con culpabilidad a Victor —Lo siento tio, espero que puedas entenderlo —Carlos se acercó a la puerta —Fue un estupido por no esperarnos y pretendía dejarlo a morir aquí

—Serás hijo de…

—¡Ey! Esa boca, pretendia dejarte, pero no lo he hecho ¿a que no? —Carlos entró en el lugar seguido de Victor—¿como esta?

—Le he hecho puntos, ha hablado un rato pero ha caído inconsciente de nuevo. Sobrevivirá, pero habrá que reducir sus movimientos al mínimo

—¿Eso qué significa?

—Que no puede moverse Carlos. Nos tenemos que quedar aquí.

—¡No podemos hacer eso! —¡Intervino Victor—!Mientras más tiempo estemos quietos más probabilidades hay de que La garra nos encuentre!

—Podríamos llevarla en una camilla… —Sugirió Ana—Pero eso implicaría subir de nuevo y traer una.

—Ya has oído Victor, ahora vas y subes a por una camilla

—¿YO? ¡Si hombre! voy a subir encantado de la vida sabiendo que está ahí arriba el ser que lleva queriendo comerse mi cabeza desde que caí

—Tu te caiste, tu lo arreglas. No hay más discusión, además, eres tú el que quiere moverse así que ve dándote prisa.

Victor quiso reprochar, quejarse de Carlos y decirle que estaba siendo irracional e ilógico. Pero solo perdería el tiempo y en parte, Carlos tenía la razón.

—De acuerdo. Ire. Pero tú te quedas esperándome

—Me sirve

Ambos volvieron a salir y Carlos acompañó a Victor por el túnel hasta llegar al ascensor. El último estaba empezando a sudar y los nervios se le estaban montando encima mientras miraba al ascensor que cada vez se hacía más grande enfrente suya.



#77 en Terror
#730 en Thriller
#251 en Suspenso

En el texto hay: apocalipsis, monstruos, aventura

Editado: 23.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.