Asolación: Hielo y sangre

CAPÍTULO 13: CAMINO AL SITIO B

Una vez más, Victor soñó con esa noche.

Volvió otra vez a la misma casa, se asomó por la misma ventana y otra vez el hombre salía de la misma ciudad. Salvo que el hombre no era el mismo.

Era Samuel ¿Que hacía él allí? no merecía ser expulsado de la ciudad, al fin y al cabo, no había hecho nada malo.

Victor salió de la casa y empezó a seguir a Samuel. Pudo percibir que se movía de una forma muy extraña, cojeaba.

A parte de la marca de su pierna izquierda siendo arrastrada por la nieve, también parecía manar sangre de esta y Victor podía escuchar quejidos del propio Samuel. Parecía ir con prisa, pero, ¿A donde? ¿Qué pretendía?

Alrededor se agrupaban casas muy similares a la ciudad subterránea, solo que en un mejor estado. Las paredes estaban perfectas al igual que los cristales, no había signos de pelea y las casas estaban iluminadas. Miro al cielo y las estrellas le devolvieron la mirada. Era una vista hermosa.

Samuel giró a la derecha y se metió en un callejón por el cual también entró Victor. Pero en cuanto este entró en la oscuridad la niebla lo cubrió por completo. Trató de agarrarse a una pared para poder guiarse pero no había nada.

Ya no estaba en la ciudad, sino en el páramo helado que había atravesado con el resto de la expedición. Samuel estaba de pie, justo al lado del precipicio por el que cayó Victor.

—¿Samuel? —Victor empezó a acercarse a él pero el viento era muy fuerte, apenas parecía que estuviese avanzando —¡Samuel! ¡No te acerques tanto, el suelo es inestable. ¡Podrías caerte!

—Observa —Samuel apuntó al fondo del abismo —Nos esperan

Victor se acercó al abismo y miró hacia donde estaba apuntando Samuel.

El fondo de la grieta estaba repleto de luces azuladas.

—¿Qué es eso Samuel? —Victor estaba muy confuso, las luces no paraban de parpadear.

—Mira atentamente, no veas con tus ojos, ve a través de los suyos.

Victor no supo muy bien a qué se refería. Volvió a mirar las luces, le recordaban a la mirada de La garra.

Fue entonces cuando logró identificar que eran. No eran solo luces, eran estatuas de hielo que reflejaban la luz de la luna, concretamente estatuas con formas humanas.

—¿Qué es esto? Samuel, ¿qué está pasando? —Victor estaba empezando a sudar—¿Quienes son estas personas Samuel?

—¿Aún no lo entiendes? hm… Quizá he venido demasiado pronto, es posible que no estés listo todavía.

—Listo, ¿Para qué? ¿Qué ocurre? creía que estabas muerto Samuel.

—Muerto no, liberado, liberado de la prisión cárnica que llamamos cuerpo. Liberado de los patéticos límites del músculo y el cerebro. Liberado de obligaciones absurdas, de órdenes de gente a la que no le importamos un comino. Ese es el regalo que ofrece, a todos. Solo tienes que aceptarlo. Pero para aceptarlo, debes estar listo. Y tú, amigo mío, aún no lo estás.

—¿Y cómo puedo estar listo? ¿Qué tengo que hacer Samuel?

—Cuando lo notes, no lo contengas, sueltala. Deja que fluya por ti, que te domine y rompe tus cadenas. —Samuel noto como el viento hacía que la nieve se alzase de nuevo y su ropa se moviera con la brisa. —No me queda tiempo Victor, a partir de ahora tendrás que ir por tu cuenta. Recuerda lo que te he dicho. No lo contengas, dejalo fluir

—¿Dejar fluir el que? Samuel, ¿Qué está pasando?

—El frío Victor, déjalo fluir. Encuentra la torre, ahí empieza todo. Y allí termina

Samuel se convirtió en otra estatua de hielo y Victor se despertó de golpe.

***

—Buenos días perezoso. ¿Ya estás mejor? —Ana estaba sentada frente a una fogata mientras calentaba una olla de agua en su cocina portátil —Tienes un problema con las horas de sueño, te lo juro ¿Te apetece tomar una tila?

—Acabo de despertar de un sueño extrañísimo, no me apetece dormirme de nuevo. —Victor pudo ver que Laura seguía dormida, pero no veía a Carlos por ninguna parte de la cúpula —¿Dónde está Carlos?

—Se acaba de ir a mear, hemos dormido un buen rato. ¿Has podido dormir bien? yo no he parado de dar vueltas en mi saco de dormir

—Ha sido raro, pero supongo que es mejor que dormir en la roca sólida. —Víctor bostezo mientras se levantaba de su saco. —¿Quedan galletas?

—Se acabaron ayer. Hoy tendrás que contentarte con cereales. —Ana le ofreció la lata abierta —Yo los he probado, para estar en una lata no están tan mal, algo mustios pero son decentes.

—Será mejor que nada supongo. —Victor cogió un puñado pequeño y se echó un par a la boca. Ana tenía razón en lo de que estaban mustios. —Hm, me los esperaba peor

—Te lo dije, tienen peor pinta de lo que realmente son. Carlos dice que el sitio B debe de tener una despensa, quiere llegar cuanto antes allí.

—No se yo, nada nos indica que esa despensa esté en buen estado. Podrían haber tenido un invernadero subterráneo y sería un viaje innecesario.

—Victor, solo nos quedan los cereales y el atún que Carlos consiguió el otro día, no es como que tengamos una mejor opción. Yo creo que vale la pena, quizá allí encontramos un túnel o un pasadizo que lleve a la salida.

—La compuerta de la cúpula se abrió y Carlos entró medio agachado en esta —Al fin te has despertado —Carlos dirigió la mirada hacia Ana —Se lo has contado ya?

—Si Carlos, si se lo he contado. ¿Has logrado ver algo mientras plantabas un pino?

—Nada que no sepamos ya. Las instalaciones están intactas y parece haber un sendero medianamente seguro que lleva hacia el complejo. No debería ser muy problemático el viaje, cálculo que está a uno o dos kilómetros de distancia, un paseo. También he visto una catarata un poco más arriba de nosotros, creo que podemos escucharla si nos mantenemos callados.

Todos mantuvieron el silencio un rato y, en efecto, se podía oír el suave murmullo de una cascada cerca de ellos.

—El agua es potable por cierto —Añadió Victor —Aunque hay que tener cuidado con las larvas. Fue una de ellas la que me hizo la herida de la pierna.



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En el texto hay: apocalipsis, monstruos, aventura

Editado: 27.08.2026

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