Asolación: Hielo y sangre

CAPÍTULO 14: EL TEMPLO Y SUS OFRENDAS.

Avanzaron por un puente de piedra pavimentado que permitía la entrada a la torre. Un poco más arriba parecía haber un segundo puente. Quizá por allí podrían escapar hacia la superficie. Las puertas, que eran de un tamaño más que considerable, estaban entreabiertas. Por lo que no hubo mucho problema al entrar a las instalaciones. Dentro todo parecía derruido. Había tiendas de campaña roídas por el paso de los años, hongos luminosos por todas partes y un olor que ya se les estaba haciendo familiar. Muerte. Había sangre seca en el suelo. Como si hubiesen arrastrado a alguien y del techo colgaban una gran cantidad de cables. A la izquierda había un par de ascensores rotos y con las puertas abolladas o rasgadas y, en las escaleras, se podían ver las mismas marcas del hospital. Solo que mucho más grandes. Un par de pisos más arriba se podía ver que el resto del edificio había cedido en su mayoría. Siendo prácticamente sujetado por los últimos pisos a duras penas. —Esto no tiene sentido. —Victor acarició las marcas suavemente mientras que Laura y Carlos revisaban el segundo piso. —Él no es tan grande. No es posible que haya hecho esto. —¿Quizá se puede hacer más pequeño? digo, si se hace más grande cuanto más come, a lo mejor se hace más pequeño con menos. ¿No? —La teoría de Ana tenía lógica, era algo extraña pero tenía lógica al fin y al cabo. —Por dentro no parece tan grande en realidad ¿Que buscamos Carlos? —Algún mapa en el que nos indique una salida o quizá incluso la propia salida de este sitio. —¿Y que te hace creer que hay una salida directa? —Por algún lado han tenido que entrar. Dudo que bajarán hasta aquí todo esto con cuerdas. Debería de haber algún elevador o mejor aún, un túnel que nos saque de aquí. —Te noto más contento de lo normal Carlos, ¿Te espera alguien en casa? —Laura parecía estar empezando a recuperar esa picardía que tanto molestaba a Carlos —Nos esperan afuera más bien. Hoy es el último día en el que se quedan aquí así que habrá que darse prisa. —Concuerdo con Carlos. Démonos prisa —Victor tomó la delantera subiendo las escaleras. Todas las plantas parecían iguales, un montón de cosas rotas en el techo, pasillos metálicos eternos y salas de entrenamiento. —Estos deben de ser los barracones. Fijate, hay más camas por ahí. Me pregunto dónde estará la armería… —Laura tenía una luz diferente en los ojos. —¿para qué querrías encontrar la armería? —Victor parecía confuso —¿Tenemos casi toda la munición todavía, no? —No quiero armas, quiero explosivos. Para que Carlos vuele este sitio hasta los cimientos. —¿Y para qué haría yo eso? —¿Para cargarte este sitio quizá? Es ahora o nunca, no tenemos certeza alguna de que el gobierno haga algo con este sitio. ¡De seguro se inventan cualquier cosa para explorarlo! y no me apetece que esta cosa llegue a Madrid —¿Sabes lo que tardaría en poner suficiente dinamita como para destruir este lugar? Además, se ha cargado tanques Laura, TANQUES. Dudo que un par de cartuchos de dinamita le hagan cosquillas. —Vale la pena intentarlo ¿no? osea, no es como que tengamos muchas más opciones: O nos vamos e intentamos dejarlo en manos del gobierno. O le volamos la cara a este bastardo. —No tenemos certeza alguna de que funcione, además, quizá derrumbaremos la única salida que hay, si es que la hay. —Debatío Ana —Busquemos la salida. —¡Pero si sigue vivo quizás algún día le haga esto a Madrid! —Perdonadme la intrusión —Carlos le puso el hombro encima a Laura y se dirigió a Ana. —Ana, dijiste que era una especie de lagarto ¿Es así? —Correcto, es una especie de lagarto con capacidades regenerativas. —Por lo cual, necesita calor. Es decir, es imposible que salga de aquí Laura. Es mejor irnos cuanto antes. Intentar matarlo solo es una pérdida de tiempo y quizás, de nuestras vidas. Busquemos la salida. No merece la pena. Laura lo pensó con la máxima tranquilidad posible —¿es que no queréis vengar a Samuel? —Con el debido respeto. —Ana parecía enfadada —No puedes sacar a Samuel al debate dado que fuiste tú la última que estuvo con él. Así que si de alguien fue la culpa fue tuya. Además, él no tiene la culpa de haberse caído aquí, solo fue mala suerte. —¿PERDONA? ¿crees que no intente salvarlo? ¿Crees que me hice esa herida en la espalda por pura cortesía? ¿Por gusto? ¡Intenté salvarlo con todo lo que pude! ¡Y casi me cuesta la vida. —¡Bueno ya está bien! —Victor se interpuso entre las dos, que parecían estar a punto de pelearse. —Ninguna de las dos tiene la culpa de haber acabado aquí abajo, ¿vale? —En eso tienes razón —Carlos le dio la vuelta a Victor y le soltó un puñetazo que lo tiró al suelo. —Si te hubieses estado quieto nada de esto habría pasado. Pero no, tenías que hacerte el maldito héroe. —Laura detuvo el siguiente golpe de Carlos y empezó a discutir con él mientras Victor seguía tirado. —Me tenéis harto… —Victor escupió sangre al suelo mientras Ana intentaba ayudarlo—Siempre igual desde que me encontrasteis. Echándome en cara que intente salvar a lo que yo creía que era alguien.—Victor empezó a notar un frío que le recorría el cuerpo, no de forma negativa, sino… reconfortante —Solo pretendía hacer lo correcto, ¿porque me echáis en cara constantemente que intentara hacer lo que es correcto? ¡Solo quería salvar a alguien! —¡Y no te lo reprochamos! ¡Todos habríamos hecho lo mismo! —Ana intentaba ayudar a levantarse a Victor pero en cuanto escuchó a Carlos murmurar algo no pudo contenerse más —CARLOS CIERRA LA MALDITA BOCA. —No es mi culpa que este tío sea tan irritante. “Oh pobre de mí, por quererme hacer el importante ahora mis compañeros están muriendo y no voy a asumir ninguna responsabilidad” ¡Espabila Victor! Carlos seguía reprochando cuando, de repente, algo viscoso cayó del techo. Laura apuntó a este y vio a La garra. Colgando sobre ellos y lista para atacar. —¡CORRED! ¡CORRED MIENTRAS PODÁIS! —Victor se levantó como pudo y empezó a correr en la dirección de sus compañeros. Había demasiadas cosas en medio y, en vez de huir escaleras abajo, simplemente siguieron subiendo. —¡Seguid, escaparemos por el segundo puente! ¡Solo faltan unos pocos pisos! —Carlos volvió a disparar una vez más a La garra, pero esta ya no se inmutaba en lo más mínimo. Solo aumentaba su velocidad exponencialmente, mientras lanzaba muebles, sillas y sistemas volando en pedazos con su avance implacable. Era como una estampida de un solo individuo. Al llegar a la siguiente planta los pasos de La garra se hacían cada vez más cercanos. No parecía que fuesen a sobrevivir. El grupo llegó hasta un pasillo cerrado. A unos 500 metros se podían ver las siguientes escaleras, pero no llegarían lo suficientemente rápido. Y Victor lo sabía, una idea le vino a la mente, había una forma de pararla, de detenerla. Podrían llegar a las escaleras. Al menos, 3 de ellos. El resto empezó a correr mientras La garra atravesaba la compuerta, por primera vez en su vida, alguien se detenía para luchar contra el. Alguien se había cansado de vivir con miedo, de huir, de ver como sus compañeros morían sin que pudiese hacer nada. Alguien que, por las buenas o por las malas, haría lo correcto. Victor. —¿QUÉ HACES VICTOR? —Carlos parecía querer ayudar pero Laura lo empujaba hacia las escaleras. —¡Teníais razón! esto es culpa mía. Intente ser un héroe. Ahora lo seré. Victor sacó su pistola y empezó a disparar a La Garra. Las balas lo atravesaban pero no parecían causarle ningún tipo de dolor. El espanto avanzó casi sin inmutarse hacia él y le agarró la cabeza, elevándose en el aire, después le clavó uno de sus ahora enormes dedos en su hombro. Victor escupió más sangre en ese momento mientras notaba el frío, aún más fuerte en él mientras la sangre lo abandonaba. Escuchó el sonido de la puerta y sonrió, contento mientras le sonreía de forma irónica a la bestia. Había ganado, de una forma u otra, le había ganado. Al fin había sido un héroe. Pensó en sus padres, no volvería a verlos. Esa también sería la última vez que vería a sus nuevos amigos. Y pensar que las últimas palabras que le habían dicho era que todo había sido su culpa. Se preguntaba si esto podría expiar sus pecados, si vería a Samuel en el cielo. O si se quedaría allí con ese nuevo dios. La garra, en cambio, simplemente lo soltó y lo dejó morir allí. Su experimento había llegado a su fin de forma exitosa. Lo último que vio Victor fue una capa de hielo que le cubría los ojos. El resto del grupo subió las escaleras y llegó a la siguiente planta. Con algo de esfuerzo bloquearon la puerta usando un par de armarios. Laura estaba al borde de las lágrimas. Por su culpa Victor se había sacrificado, alguien tan joven había muerto intentando salvarles la vida. Se sentía como si le hubiesen dado una oportunidad que realmente no merecía. Porque eso es lo que había pasado. Le echaron la culpa de la muerte de Samuel pero ¿A quien debían de culpar por la muerte de Victor? Laura acabó en la conclusión de que había sido culpa de todos, pero sobre todo, suya y de Carlos. Ana era la única inocente allí abajo en ese momento. —Nos ha salvado la vida—Ana estaba pálida mientras jadeaba —esto lo ha hecho por lo que le habéis dicho. Si no le hubieseis dicho nada… —Habríamos muerto todos —Le cortó Carlos —Nos ha salvado, no debemos desperdiciarlo. Tenemos que seguir adelante —¿No vas ni siquiera a lamentarlo? —Tampoco lamentamos a Samuel y tú no te has quejado en ningún momento. Si te cayo bien vale, siéntete triste. Le haremos una tumba cuando volvamos a casa. —¿Pero tú te estás oyendo? ¡Apenas tenía veinte años y ahora está muerto! —Tiene razón —A Laura le dolía tener que decirlo —Se ha sacrificado por nosotros. No podemos desperdiciar la oportunidad así como así. —Ana —Se podía ver en la mirada de Carlos que le dolía la muerte de Víctor, pues significaba que todo lo que habían hecho había sido para nada —Todos los días muere gente, si llorase cada persona que he visto morir en la guerra… —¡Pero no estamos en la guerra, Carlos!, se supone que esta misión era de rescate, no de entierro. —¿QUÉ IMPORTA YA? ¡Podemos pasarnos horas discutiendo o intentar salir de aquí mientras aún podamos! dejémonos de estupideces, espabila ya Ana, no estamos en una excursión médica. —¿Sabes que? Laura tiene razón. Eres un líder pésimo. Laura no quería seguir discutiendo así que solo se le ocurrió intentar parar la conversación como fuese posible. —Ana, discutamoslo cuando ya estemos fuera. Pelearnos ahora solo empeorará las cosas, mataos luego si queréis, eso ya me da igual, solo quiero salir de este maldito sitio en cuanto sea posible. Ana se mordió la lengua, quería darle una paliza a Carlos pero, ya fuese por el miedo a que los atraparan, o por el poco respeto que aún le tenía a Laura, simplemente asintió con la cabeza. —Esto no significa que te perdone, consideralo una tregua. ¿Qué tan lejos estamos del puente? —Dos, quizá tres pisos más, démonos prisa, no sé cuánto tiempo nos ha comprado Victor. De vez en cuando se podían escuchar pisadas, más cercanas o más lejanas, no parecía que La garra supiese en qué dirección habían ido, parecía estar buscandolos con ahínco. Cosa que, en realidad, no los tranquilizaba mucho. Continuaron su avance por las instalaciones con el mayor sigilo que se les permitía. Estaban en una sección diferente, una especie de almacén de carga, por lo cual era probable que el puente llevase a algún hangar exterior. —¿Es por aquí? —Ana estaba aterrada, aunque Laura simplemente estaba cansada ya de todo eso y solo quería que se callase de una vez. —¿Tengo pinta de saberlo? sé exactamente lo mismo que tu, Carlos, ¿Por donde es? —Oh espera, voy a sacar mi mapa mágico que me dice por dónde ir. —Guárdate los vaciles para nuestro asesino de amigos cuando nos pille porque a este paso nos acabará encontrando. —Callaos de una vez. ¿Veis eso? —Ana señaló a una puerta secundaria que llevaba a un rellano del que provenía luz. —¿Ese es el puente? —Parece que si, —Carlos revisó su mochila —Creo que esto servirá —¿Qué pretendes hacer con eso Carlos? —Voy a volar el puente, no podemos permitir que nos siga fijate en este sitio, está en las ruinas. De seguro la dinamita que me queda es suficiente para destrozarlo todo. Como querías Laura ¿Querías venganza? pues te daremos tu maldita venganza. —¿Por fin aceptas una de mis ideas eh? —Esperemos que hacerlo no nos acabe matando Laura. Y reza porque esto mate a La garra. Carlos colocó las cargas en un par de pilares mientras Laura se asomaba por la puerta. Efectivamente, el puente estaba ahí. Era más pequeño que por el que accedieron pero parecía haber una cuesta hacia arriba. Ana mientras tanto se dispuso a empezar a marcharse, dado que se estaba colocando bien la máscara y activo de nuevo el generador de calor de su cinturón. Los tres se quedaron de piedra al empezar a oír otra vez pasos acercándose por el pasillo. Laura echó un fugaz vistazo a este y La garra le devolvió la mirada una vez más, mientras comenzaba a salir disparada contra Laura. Afortunadamente logró cerrar la compuerta y darle la vuelta a la rueda. Aunque con sus golpes ya había empezado a abollar la puerta. No aguantaría mucho. —Carlos, date prisa Carlos intentaba encender la mecha con sus cerillas lo más rápido posible, el cabo era muy fino así que habría que darse prisa. La puerta se abolló aún más. —¡Carlos! Carlos encendió la mecha —¡Corre Laura! ¡Corre! Los dos empezaron a correr detrás de Ana que ya les llevaba ventaja cuento la puerta salió disparada y La garra empezó la persecución una vez más. El corazón de Laura iba a mil por hora. Carlos empezó a sacarle ventaja. Los pasos de La garra hacían retumbar el puente. Laura tropezó. Pero siguió adelante. Podía notar la gélida respiración de su cazador en la nuca. Carlos gritó mientras gastaba su último cargador en intentar parar a su agresor. El otro borde estaba ya muy cerca… Y demasiado lejos a su vez. La explosion no tardó en sonar y toda la base comenzó a caer. Incluyendo el puente. La garra soltó un alarido mientras aumentaba la velocidad y el puente cedía escalonadamente. Ana ya había llegado y estaba ayudando a Carlos a llegar también. Laura saltó y cayó al suelo de lleno. La Garra también saltó y se enganchó en el borde. Empezó a escalar, su asquerosa cara, sonriente, asomaba poco a poco mientras Ana le disparaba con su pistola. Carlos también le disparó con las balas que le quedaban pero Laura se fijó en algo que el resto no. El suelo se estaba agrietando. —¡El suelo! ¡Disparad al suelo! —¿Qué pretendes que…? oh… ¡Es cierto! Las balas atravesaron la roca ya dañada mientras que La garra estaba a punto de subir, este se rompió finalmente y La Garra cayó una última vez. —¿Está muerto? —Laura se asomo un poco en el borde y pudo ver al demonio caer al vacío. El golpe hizo eco por todo el lugar. —No lo sé, pero no pienso quedarme para averiguarlo. —Carlos se levantó, respiró profundamente y siguió el camino. Mientras las otras dos le seguían. Y el hielo les dio la bienvenida. *** Despierta. Le duele todo. Como si hubiese caído desde muy alto. No lo recuerda. Lo que le viene a la cabeza son recuerdos aleatorios. Rápidos y sin sentido aparente: Militares, una mujer inspeccionandole en una camilla, sangre, alguien hablándole. Sea como sea, no reconoce a nadie, le suenan demasiado, como si tuviesen que ser importantes. Pero no recuerda nada. Esos recuerdos, tal y como habían llegado, se desvanecen y dejan paso a una nueva sensación. Una muy molesta. Hambre. Un hambre abrumadora que lo invade por completo. Ansía matar, ansía cazar. Quiere ver correr la sangre. Sale de los escombros como un muerto sale de su tumba. Grita de rabia y comienza a escalar, en busca de sus nuevas presas… *** El camino resultó ser un enorme túnel cubierto por la nieve, tendrían que andar un largo trecho hasta llegar al campamento base que los esperaba un poco más al sur. Era de noche, Ana había echado demasiado de menos la noche. Poder ver las estrellas, la nieve rozando su traje y manchando su máscara. Siempre se había quejado de ello, pero ahora, lo abrazaba como a una vieja amiga. Lo lograron, habían sobrevivido. Dentro de poco estarían de vuelta en la ciudad, olvidarse de todo esto y volver a sus vidas normales. Estaba completamente agotada, prácticamente se estaba arrastrando por la nieve. En cuanto llegasen al convoy se echarían una siesta. Dudaba que sus compañeros pusieran alguna pega. De seguro tendrán muchas preguntas. “¿Dónde estabais?” “¿Dónde están Victor y Samuel?” “¿Por qué esas caras? ¡Ni que hubieseis visto un fantasma!” Ojalá hubiese sido un fantasma. Al menos los fantasmas están muertos. Continuaron avanzando en absoluto silencio. Carlos parecía querer decirle algo a Laura, pero no se atrevió a abrir la boca. Igualmente Ana tampoco quería hablar. Porque sabía que si lo intentaba vomitaría del asco. Tenía incrustada en su mente la imagen de esa amalgama de tentáculos y carne intentando subir y por mucho que intentaba eliminarla de su cabeza se aferraba con fuerza. También pensaba en Victor. El pobre les había salvado la vida cuando no paraban de meterse con él. Había muerto en la flor de la vida. Se sentía mal por él, y eso que ella no tenía la culpa. La culpa la tenían los “Héroes” que tenía delante. Se los imaginaba en la ciudad, recibidos como leyendas cuando lo único que hizo Carlos fue cagarse en la expedición. Había sido un mal líder, pero ¿De qué sirve la palabra de una doctora contra la palabra de doscientos soldados que no han pasado ninguna penuria? Bueno, 198 en realidad. Victor había dicho que sus padres lo esperaban en la ciudad ¿Como reaccionarían cuando le tocase explicarles que su hijo había muerto? No se creía capaz de hacerlo, porque, siendo sinceros, dudaba que Laura o Carlos se dignasen en hacer ese trabajo. Eran demasiado orgullosos como para hacerlo. También tenía que contarle a Olga que su marido estaba muerto. Se maldijo para sus adentros. Si tan solo Samuel se hubiese quedado en el camión… —Creo que veo el campamento —Las palabras de Laura sacaron a Ana de su ensoñamiento. Al fin, más personas. —¿Han encendido un fuego? que raro… —De seguro es para que los veamos desde lejos, o incluso para calentarse un poco. Esos generadores no es que sean muy buenos vaya —¿estás seguro de que ese es nuestro equipo y no el convoy perdido que encontramos? —Esas palabras de Laura desconcertaron a Ana, que intentaba ver algo desde esa distancia —Claro que lo es Laura ¿Porque? —Porque eso no es una fogata, es uno de los camiones ardiendo y espero que eso que veo no sea sangre.



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En el texto hay: apocalipsis, monstruos, aventura

Editado: 27.08.2026

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