Astartea destinos inciertos

capítulo 12

Me encontraba frente a Gwyddyon, Fidel se había marchado por sus órdenes al igual que Tina, ahora solo estábamos los dos en esa cueva, él se encontraba enojado debido a mis acciones con pequeño ya que no cumplían con las tradiciones, pero lo que no entienden es que seguirlas solo hacen que él se sienta encerrados en su propio mundo, pequeño lo que quiere es sentirse libre y gobernar su próximo reino con sus ideales. Gwyddyon me miraba con sus ojos arcoíris ferozmente, como el había dicho siempre le he tenido miedo, miedo a que muera ante sus garras, pero como fui enseñada por Acatriel nunca tengo que mostrar estas emisiones ante mi enemigo ni con ninguna otra persona para poder protegerme, por ello siempre actuó como una mujer fuerte sin temor a nada, pero nunca me espere que la oliera mi miedo, aun así, cuando estuve frente a él no caí y me mantuve firme ante mi valentía falsa.

— admiro que puedas mantener la compostura Astartea pero no puedes negar que te mueres de miedo al verme — no sé cuántas veces lo ha repetido ya

— deja de decir lo mismo una y otra vez, solo dime lo que tengas que decir para irme de aquí — permanecí firme ante todo lo que decía, Gwyddyon coloco su gran rostro frente a mi

— parece que sigues estable, aun así, eres una amenaza para este mundo sobre todo para mi hijo, por ello solo te lo diré amablemente, aléjate de el

Lo más inteligente ahora sería que me alejara de pequeño como su padre lo dice, de esta forma me evitaría conflictos con él y una futura muerte, pero simplemente no puedo abandonarlo, el mismo me lo dijo hace un par de días, yo soy una persona especial para él, alguien que realmente lo comprende, por ello me negué sin dudarlo pero aquello solo ocasiono que Gwyddyon se enojara más y desatara su ira sacando una gran cantidad de fuego de su pierna la cual me llego a mi pierna, aun así fui firme aún a pesar del dolor y el miedo que sentía en ese momento aunque sabía que no me mataría ya que ello ocasionaría inevitablemente que pequeño lo odiara y ningún padre quiere eso.

— te doy mis respetos Astartea — Gwyddyon agacho su cabeza en señal de respeto — es la primera vez que conozco a alguien como tu pero aun así no puedo aceptarte — el gran dragón me miro con aun más furia — no soy tan paciente Astartea, puede que ahora aun te permita estar en este mundo pero llegara el momento en que mi paciencia se agote y ese día acabare con tu vida sin importar las consecuencias

Dicho esto, me dijo que me fuera de la cueva, inmediatamente seguí sus órdenes, pero antes de eso oculte mi herida para que Fidel no la notara, pero más importante que pequeño no se diera cuenta de ella. Cuando regresamos a la casa de Fidel les ordene a los sirvientes que me dejaran sola y que nadie entrara a mi habitación, incluso le pedí a Noemí que se lo dijera a pequeño, sé que se sentirá triste pero no puedo dejar que vea está herida y mucho menos que vea el estado en que ahora me encuentro.

Me dedique a tomar un baño para intentar relajarme, pero simplemente no funciono, Salí de el con una toalla enrollada en mi cuerpo, camine un par de pasos y simplemente no pude soportarlo más, simplemente me desplome, caí al suelo de rodillas y comencé a temblar. Sentía temor, temor de estar en este mundo desconocido, temor a que simplemente un día alguien termine con mi vida, intento olvidar estos pensamientos, dejar de pensar en ellos, pero no puedo, recuerdo aquellos a los que perdí y mi temor se vuelve más grande junto con una profunda tristeza. Intento calmarme, pero no puedo hacerlo, mi cuerpo tiembla y no puedo controlarlo, me abrazo a mí misma pensando que esto me calmaría, pero no funciona. Cuando esto me sucedía y me sentía insegura y con miedo Acatriel estaba ahí para mí, me obraba y consolaba, pero el ya no está conmigo, tengo que olvidarlo porque el jamás regresara a mi lado, el ya no existe, solo puedo recordarlo en mi mente, pero hacerlo me hace sufrir más en lugar de calmarme.

Temblaba sin parar, pero escuche la voz de Fidel logrando volver a mi compostura, actuando como si nada pasara, pero ya no servía de nada porque él me había visto, discutimos por unos minutos e intento abrazarme, pero por reflejo lo esquive evitando que me abrazara ya que debo desconfiar de él, no sé si quiere consolarme o solo matarme, aunque lo más seguro es la segunda opción porque simplemente no le agrado, al final se fue de la habitación. Cuando volví a estar sola me fui a la cama me tapé con las cobijas y comencé a temblar y llorar en silencio durante toda la noche. La mañana siguiente al despertarme me di cuenta que me había quedado dormida, me mire al espejo, tenía un buen aspecto, pero es solo por l sangre de demonio que corre por mis venas, seguramente si fuera humana tendría unos ojos inflamados, rojos y con grandes ojeras ya que llore por varias horas o eso creo, me prepare mentalmente para salir, no necesito comer simplemente me cambie la ropa recordando que tenía que encontrar a pequeño y disculparme por no dejar que me viera el día anterior.

Salí de mi habitación, camine un par de pasos y me encontré con Fidel quien tenía la misma compostura de siempre, actuaba como si no hubiera pasado nada el día anterior.

— ¿sabes dónde está pequeño? — le pregunte

— creo que se encuentra en su habitación, algo triste cree que lo odias por como lo trataste ayer — esas palabras me hicieron sentir culpable y se me notaba en el rostro

— deberías hablar con él — dijo Fidel mientras intentaba colocar su mano en mi hombro pero me aleje rápidamente de él estando alerta

— no creas que soy débil — le dije colocándome en guardia — mantente alejado de mi desde ahora — el suspiro

— sé que actúas de esta manera por lo que sucedió el día anterior, pero descuida no pienso lastimarte y tampoco tengo ordenes de hacerlo, así que simplemente déjate ayudar

— ¿Por qué me quieres ayudar?, soy solo una mujer que es un peligro para este mundo, es lo que ustedes me han hecho saber




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