Aster

Un buen inicio

Estaba satisfecha.

Había conseguido la promesa de una próxima reunión.

Debía admitir que, tal cual como decían los rumores, el joven señor Phlower era realmente inteligente y, aunque le avergonzase admitir, parecía haber comprendido de manera rápida que sus verdaderas intenciones no eran realizar una reunión con el propósito de conocer a la posible futura familia de la esposa de su hermano. Era evidente para ella que ni muerta le gustaría que ese escenario se haga realidad, pero tampoco es que influyese mucho en su toma de decisiones.

Para su suerte, él de igual manera aceptó, bajo la curiosa y sorprendida mirada de su hermano menor, aunque este no contradijo nada de lo que él dijo.

Finalmente, tuvo que retirarse, pues existía un tiempo límite en el que, durante la primera parte del banquete, un debutante puede hablar con un nuevo conocido; regla creada con el propósito de que estos tengan tiempo para conocer a variados y distintos nobles, y no acaparar únicamente a uno.

Por el rabillo del ojo pudo divisar a su hermano, quien, por lo visto, trataba con todas sus fuerzas evadir y escapar (obviamente, de manera discreta) de la señorita Phlower.

Era una escena algo cómica. Se veía como si un pequeño ratón corriese hacia el enorme león con tal de conseguir su atención.

A veces Asteri se preguntaba si las otras tres seleccionadas eran igual de intensas que la señorita.

Por compasión a su hermano, esperaba que no.

Y, por compasión a ella misma, decidió no ir en dirección en la que se encontraban los dos.

—Hermano...

—¿Si, Laurence?

—¿Por qué aceptaste la petición de Su Alteza la princesa de realizar una reunión? —susurró, para que nadie más los escuchase.

Él simplemente se giró, divisando a uno de los nobles con los que está haciendo su más reciente negocio.

—Simple curiosidad —respondió con simpleza, para después caminar hacia ellos, el cual lo recibió con un buen apretón de manos y una sonrisa.

Laurence se quedó mirándolo por pocos segundos más, inundado de confusión, y después, miró hacia la princesa de llamativa cabellera azabache.

Debía decir que sí daba curiosidad, pero no hasta aquel punto.

Suspiró, disipando todos esos pensamientos.

Hoy también era su debut. Debía aprovecharlo al máximo, al igual que los demás debutantes.

No perdió el tiempo, y fue a conversar con las demás personas.

—¡Su Alteza! Se ve despampanante con ese vestido —Solo una persona era capaz de hablar con tanta naturalidad con un miembro de la familia Imperial, inclusive si era una odiada.

—Príncipe Xylon. Es un gusto verlo —respondió, restándole importancia a algo que, de ser un noble común, habría sido considerado una gran ofensa —. Usted también se ve despampanante con su traje —dijo, con una sonrisa. Gracias (o quizás no) a que el príncipe provenía de un lugar en donde los modales y etiquetas extremadamente complicadas eran cosa de poca importancia, debido a que tienen mejores cosas por las que preocuparse, él era una persona con la que alguien puede fácilmente sentirse cómoda, o, al menos, ella, quien tampoco le tomaba demasiada importancia.

Él también sonrió, tomando su mano para besar sus nudillos, tal y como le habían enseñado en una de las clases que tuvo que tomar en la capital para poder debutar.

—¿Sabe? Me gusta esa palabra. Despampanante. Se escucha tan ridícula, pero su significado es todo lo contrario —Ante la observación, Asteri no pudo evitar más que soltar una risilla. No esperó que algo tan mundano como eso saldría de la boca de un príncipe —. Es una de las muchas palabras que aprendí en el Imperio Solleyl, pero la única que realmente me llamó la atención.

Sin saber qué responder a eso, ella simplemente asintió, en parte, aliviada de que él se haya acercado a ella primero, aunque la conversación sea tan extraña que más de una cabeza se ha volteado a verlos, sin mencionar que eran un dúo bastante extraño a los ojos de los otros.

Por lo menos, conseguiría entablar una amistad con él lo suficientemente fuerte como para poder empezar a hablar de negocios con total franqueza. Y ella dudaba que le tomase mucho tiempo, aunque prefería no menospreciar ese hecho, pues había entendido que las amistades son un poco más complicadas que un par de intercambio de palabras, o, al menos, eso es lo que había deducido después de haber leído unos cuantos libros sobre amistades.

—La capital de su Imperio es bastante única —continuó, sin caer en cuenta del desorden de pensamientos que tenía la princesa frente a él —, pero es también bastante aburrida. Solo hay tiendas de comida y ropa. ¿Cómo se divierten? —Varias personas que se encontraban escuchando la conversación hicieron una mueca, disgustados de que alguien de otro reino, sobre todo, pues a aquel reino lo desprecian en cierta medida, haya criticado su tierra natal. Mas, aunque a Asteri no le afectó en lo absoluto, también estaba levemente inquieta. Una princesa quien únicamente había salido una sola vez al mundo exterior, y, más encima, a escondidas por la noche, era la persona menos indicada para poder responder esa pregunta.

—Puede que esté exagerando, príncipe Xylon. Estoy segura que en algún lugar dentro de nuestra capital será capaz de encontrar un sitio que se adapte a sus gustos —respondió, tratando de evadir la pregunta.




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