Baham.
En el palacio del Tiempo, el tiempo transcurría de manera extraña. Baham no tenía idea de cuánto tiempo llevaban en las celdas pero a juzgar por sus heridas a medio sanar, debían de haber pasado unas cuantas noches… De cualquier manera, sus heridas ya no importaban, pronto tendría nuevas por las cuales preocuparse.
Universo ya había terminado de desquitarse con Selien, quien permanecía inconsciente en su celda. Los guardias gemelos lo habían traído hace algunas horas, ¿o eran ya días?, y no había despertado desde entonces. Su único consuelo es que por el movimiento de su pecho, seguía respirando.
¿Un dios puede morir?
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando uno de los guardias se aclaró la garganta. La estaba observando, curioso.
- ¿Qué? — espetó la Estrella.
- Nada.
Silencio. El guardia dejó de observar, ahora tenía la vista en el suelo. Se le veía incómodo. Baham pensó que quizás había sido demasiado hostil.
- Lo siento — sus palabras atrajeron su atención. — Eres Sander, ¿no es así?
- Elden — corrigió con una sonrisa amable —. Suelen confundirnos a menudo.
- ¿Por qué será? — sonó demasiado sarcástica —. Lo siento.
Elden hizo un gesto para restarle importancia.
- Soy Baham.
- ¿En serio? — se llevó una mano a la armadura, exagerando la pregunta como si fuese una gran revelación. Luego volvió a sonreír.
- Tienes un sentido del humor bastante peculiar, guardia.
- Intenta no desarrollar un humor extraño luego de convivir con mi hermano — bromeó. — Tienes hermanas cientos y cientos de hermanas, ¿cierto?
- ¿No deberías custodiar a los prisioneros en silencio en lugar de hablarles? — lo cortó, irritada.
- Pues, al igual que tu, llevo días y noches enteras aquí. Pensé que hablar podría aminorar todo este caos…
Baham se quedó en silencio.
- ¿Cuánto… tiempo ha pasado desde el baile? — temía la respuesta.
El guardia la observó pensativo.
- Unas doce noches, si no me equivoco — respondió. — Y puede que me equivoque, de hecho.
La Estrella se preguntó cómo estarían las cosas allá afuera, en la Tierra. Caos, había dicho Elden.
- Todo es muy confuso…
- Ya estoy acostumbrado.
Baham observó al guardia detenidamente. Su cabello era ligeramente más grisáceo que el de ella, al igual que sus ojos. Podría pasar inadvertido entre sus hermanas si no fuese por su piel canela.
- ¿Qué eres?
Elden la miró confundido ante su pregunta.
- Un… ¿guardia?
- No, no me refiero a eso, ¿a qué tipo de Celestial eres? Están los dioses Mayores, los dioses Menores, las Estrellas… ¿Qué eres?
- Pues… supongo que nunca me lo había preguntado. Es decir, nosotros los guardias y servidores de los dioses somos creaciones de Universo pero supongo que no entramos en la misma categoría que ustedes. Solo sé que me gustaría estar en cualquier otro lugar en este momento — habló pensativo hasta que se dio cuenta de lo que había dicho — sin ofender.
Si no hubiese sido porque el corte cerca de su labio no estaba totalmente cicatrizando, hubiese reído.
- ¿Dónde está tu hermano?
Elden se encogió de hombros pero su expresión de forzada indiferencia no podía ocultar su preocupación. Daba la impresión de que la armadura le pesaba más de lo normal.
- Custodia la entrada al Gran Salón…
- ¿Trabajan desde hace mucho para Universo? — el nombre salió disparado de sus labios como si se tratara de un insulto. Elden lo notó.
- Mi hermano y yo trabajamos técnicamente para Universo pero en sí servimos a Helia — explicó.
Helia.
Pese al ajetreo del baile y de su visión nublada por el dolor, la había visto. Había visto cómo había intentado junto a Ceres evitar que los encarcelaran, que encarcelaran a Selien. Su determinación y lealtad habían sido palpables.
- Háblame más de ella.
- La señora Helia es… maravillosa.
Aquella palabra parecía no poder encapsular toda la grandeza de la diosa. Elden le explicó que era muy querida por todos, incluso y por sobre todo por Universo. Describió su carisma y como se preocupaba por todos, su presencia parecía reconfortar hasta al más desamparado.
- Parece que le importa mucho Selien, ¿no es cierto? — preguntó mientras observaba a su inconsciente amigo.
El guardia guardó silencio y luego añadió:
- Nunca había visto a Helia desafiar a Universo por un extraño — convino —. A juzgar por todo el esfuerzo que significó el que se reunieran la noche del Baile de las Máscaras, no lo dudaría. Sobre todo después de ese mensaje…
- ¿Qué? — lo interrumpió. Elden calló de golpe y abrió mucho los ojos.
- Nada.
- Continúa — le exigió mientras se aproximaba a los grilletes de la celda. — ¿Están planeando un rescate?
Elden se acercó rápido y le rogó que bajará aún más la voz.
- Por favor, dime la verdad.
La miró sin saber qué decir, Baham podía ver en sus ojos como se debatía hasta qué punto la podía informar.
- Escucha — empezó —, hay cosas que aún no te puedo decir pero ten por certeza que esto no durará eternamente. No puede durar eternamente.
Baham se alarmó por el tono de voz que usó el guardia. Pese a estar encerrada desde quien sabe cuando, y después de ser testigo del estado en que se encontraba el Dios del Tiempo, estaba claro que el Dios de la Luna debía volver.
- Solo prometeme una cosa — Elden la escuchó atentamente —, pase lo que pase, prioricen a él.
Elden siguió su vista hasta dar con el inconsciente Selien, comprendiendo el significado de sus palabras demasiado tarde. No hubo tiempo para debatir. Se escuchó un chirrido proveniente de la puerta de acceso a las celdas. Habían venido por ella, era el turno de su castigo.
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Feliz San Valentín (atrasado, oopsie) y muchísimas gracias por las ya 10.000 lecturas <333333