Le canto una alabanza a mi melancolía, a los pensamientos que regresan en forma de nostalgia, a esta mente que prende en llamas cuando escribo en nombre de la tristeza.
En los días grises, en el murmullo persistente de la lluvia, en la voz suave de la artista de ojos cansados, en la reflexión que parece eterna y aún así permanece hermosa.
Es allí donde encuentro mi inspiración, la razón de mi escritura, el territorio al que siempre regreso.
No pretendo ocultar la felicidad ni reprimir las emociones desoladas: todo es bello a su manera y todo me habita con la misma intensidad.
Tan solo ruego que mi voz no se apague jamás. Y si he de morir joven, que sea recordado por aquellos corazones que estuvieron dispuestos a escuchar.