Atlantis: Guerra del Imperio Perdido.

7

Landon se fue unos minutos después a su habitación, quedándome sola otra vez. Era de madrugada y tenía mucho frío. Estoy de acuerdo en que vengo de una ciudad fría, pero al menos si teníamos ropa más decente, no como estos trajes que parecen hechos con el trapo de la cocina de mi casa.

Volví a dar una vuelta sobre la cama intentando cubrirme con la manta que había. Sentía todo mi cuerpo helado y no hallaba cómo entrar en calor.

Me levanté de la cama y caminando descalza por el frío suelo me acerqué a la puerta para salir de la habitación. Esperaba que al tener pared no corriera tanto el aire fresco. Tomé el pomo de la puerta y escuché ruidos afuera. La abrí lentamente y en la habitación frente a la mía vi a la princesa Diaspro salir.

Fruncí el ceño. Hice recuento sobre lo que había mencionado mi ahora nombrado protector y caí en cuenta de que era la suya. ¿Qué hacia ella en su habitación a esta hora?

Rodee los ojos y dejé que se fuera para poder abrir la puerta por completo e ir en busca de la cocina. Claro, si es que tenían.

Bajé las escaleras y siguiendo mis instintos llegué. Me crucé de brazos mientras la observaba en la oscuridad, las orillas de las mesas y las estanterías brillaban  de un suave color azul neón.

Caminé por el lugar hasta que di con algo parecido a una estufa, era una mesa de cristal y un pequeño mechero abajo. La encendí y esperé a que se calentara. Busque un vaso o alguna taza para poder ponerle agua y calentarla. Una vez tuve todo en mis manos me acerqué de regreso al objeto que despedía calor y lo sentí levemente en mis manos.

Tomé unas hojas de lavanda para el té y las puse en el agua esperando a que hirvieran.

Sentí pasos detrás de mi y volteé para no encontrarme a nadie. Fruncí el ceño y volví a lo mío, apagué el fuego y me di la media vuelta con la taza en mis manos para irme a mi habitación y me encontré con la anteriormente mencionada.

—Así que... tu eres Anastasia — alzó una ceja.

No mostré expresión de sorpresa.

—Vaya, no sabía que mi nombre resonaba tanto por los pasillos de este lugar — alcé la ceja al igual que ella y la miré con una sonrisa divertida.

—No te hagas muchas ilusiones, solo todos hablan sobre la llegada de los portadores, nada más eso, créeme que cuando esto termine nadie te recordará — rio.

—Entonces que poca importancia le das al querer salvar el imperio que se te será heredado en unos años ¿cierto?

Frunció el ceño.

—Terminaré haciendo yo todo tu trabajo, porque por los Dioses, mírate. ¿Cómo alguien tal escuálida y tan egoísta como tú podría salvar a todo un planeta? Tu eres la intrusa en este plan. No servirás de nada, eres una niña.

¿Y esta?

—Al menos yo si me intereso por lo que pasará en un futuro y no tengo milenios como edad. Tú no me conoces princesita así que es mejor que te abstengas de tus comentarios innecesarios hacia mi.

—Deberías de tener más respeto hacia mi, niñita, puedes ser una portadora, pero cuando ya no te necesiten te desecharán tal basura en tanto a mi soy y seré su fuente de luz por toda la eternidad.

Hice una mueca y la miré.

—¿No te da pereza? Digo, estar toda la eternidad es mucho tiempo, te aburrirás después de un rato ¿Cuantos años tienes? ¿Dos milenios? Mire, princesa, yo estoy aquí solo por una razón y un deber y lo voy a cumplir. Usted debería de estar agradecida conmigo por ser parte de ese pequeño grupo que salvará la vida de todo su pueblo por el que tanto tiempo ha velado — me encogí de hombros y pasando por su lado salí a mi habitación.

No le he hecho absolutamente nada a la chica, y me salta a decirme eso.

No era de las personas que admitía las cosas, pero en parte de todo lo que dijo tenía razón, aunque lo negara.

No soy buena deportista, tampoco tengo buen cuerpo, soy muy chiquita en estatura y dudo que eso me ayude mucho si se arma una batalla cuerpo a cuerpo y sin armas de fuego.

Sabía defenderme, pero se que eso no me servirá de nada en lo que se viene. Tenía que buscar la manera de mejorar mis condiciones. Podría perderle ayuda a Landon, sería una buena idea, ¿no?

El té aún seguía un poco caliente y aproveché el camino para calentarme las manos y beberlo, en la mañana devolvería la taza.

Entré a mi habitación y encontré al rubio sentado al borde de mi cama. Él alzó la vista hacia mi y me dio una mirada de arriba a abajo.

—¿Qué haces aquí? — pregunte mientras cerraba la puerta de la habitación.

—Escuché tu puerta y sonidos abajo, quería ver si te estabas adaptando bien al cambio, digo se que el cambio de horario y la presión por la altura del mar podría afectarte. Además de que aún no te desarrollas bien físicamente y esto podría pegarte — bajo la vista a sus manos y vi que comenzó a jugar con ellos cordones de su brazalete.

—Si, yo... no podía dormir y fui a la cocina por un poco de té para el insomnio — alcé la taza en mis manos aún calentándome las manos, o bueno, intentándolo.

Caminé hasta la cama y me senté a su lado dejando el recipiente en la pequeña mesita de noche. Tomé la manta de la cama y me la pase por sobre los hombros para cubrirme.

—¿Por qué es tan frío aquí abajo? — lo miré.

—Porque estamos en el océano Atlantico y es muy frío — rio — ¿Tú fuiste quien hablo?

Asentí.

—Me encontré a su majestad la princesa Diaspro — me contuve de no rodar los ojos — creo que me odia y no he hecho nada más que llegar.

—Ella es así, odia a todo ser que no sea como ella o este cerca de su rango en poder.

—¿Y tú lo estás? — alce una ceja.

—¿Por qué dices eso? — frunció el ceño extrañado.

—No lo sé, creí que eran cercanos, antes de bajar la vi saliendo de tu habitación — me encogí de hombros para intentar restarle importancia. Sentía algo raro al mencionar eso.

Su ceño se frunció mucho más y se giró completamente hacia mi.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.