Atlantis: Guerra del Imperio Perdido.

8

Vi como el objeto que sostenía Landon venía directo hacia mi cara y atravesé el mío para impedir obtener un golpe.

—Vamos, Anastasia, te defiendes pero no atacas.

—Es que no se — le repliqué — dije que sabía defenderme, no atacar — Justifiqué.

El marcador en estos momentos iba 10 - 50. Obviamente yo no iba ganando. Me dolía todo el cuerpo de los golpes que había recibido ya. Estaba por darle al rubio uno en la cabeza para que se le quitara lo creído. Aunque se que lo hacía para ayudarme a mi.

—Vamos, cuando trabajabas en Chicago ¿qué hacías para atrapar a los asesinos? — alzó las dejas y vi como reposo la vara en el suelo para descansar sobre ella.

—Papelería — solté una pequeña risa y moví mi pie para intentar tumbarlo de donde estaba descansando.

Se fue hacia el frente unos pasos y se alcanzó a equilibrar.

—¿Qué? Eso es muy aburrido. Ya veo porque eres así de amargada — rio.

Solté un suspiro y alcé mi tabla para pegarle. Pero el fue más rápido y me detuvo.

—¡Ay! Ya me canse, adiós — solté un suspiro y caminé soltando el palo hacia un elfo que nos esperaba con una tierna sonrisa y vasos de agua.

Le di una mirada de agradecimientos mientras tomaba una y volví a escuchar la voz de Landon atrás.

—Nada mal para ser una principiante, pero como policía, eres una decepción.

Me di la media vuelta y lo miré.

—Si, bueno las calles de Chicago no son nada comparado con lo qué tal vez me enfrente encontrando a mi "Ser superior" — hice las comillas.

—Querrás decir: "Nos enfrentemos" para encontrarlo — me corrigió — y deberías de tenerles un poco más de respeto Anastasia, esto, ni ellos son un juego.

—Eso ya lo sé, solo que esto me sigue pareciendo tan... irreal.

Quite mi mirada de él y vi a mi alrededor. La cúpula sobre nosotros nos indicaba un cielo muy claro, la luz que emitían las cabezas flotantes nos proporcionaban calor y la pirámide detrás de nosotros era impresionante.

—La vida está llena de cosas inesperadas.

Regrese mi vista a él y me di cuanta de que me estaba viendo. Pero no, no a los ojos, sino al pecho.

Fruncí el ceño y antes de que replicara, él volvió a hablar.

—¿Tú quien crees que sea? — se acercó más a mi sin quitar la vista de ese lugar — las olas me dan una ligera idea de que tu conexión podría ser con el Dios del océano y la muerte. Son uno solo... pero no identifico bien al ave sobre ellas y las pequeñas estrellas plasmadas — me di cuenta de que hablaba de la marca.

Llevaba puesto uno de esos trajes pequeños hechos con lo que parecen ser los trapos de mi cocina y si dejaba mucho a la vista. Por un momento había olvidado que tenía una especie de tatuaje natural ahí.

Levantó la mirada y me miró a los ojos. Trague saliva nerviosa por la cercanía. Mierda. ¿Por qué me ponía así?

—No conozco a tus Dioses, así que creo que no seré de mucha ayuda con eso — conteste a duras penas intentando sonar segura.

—Eres muy inteligente, se que podrás ayudar a descubrir de quién eres... — dijo casi en un susurro.

Un carraspeo nos llamó la atención y ambos volteamos para ver a una chica de cabello azul y a un chico que parecía estar hecho de puro músculo dirigirse hacia nosotros.

—Lo siento Darragh, ya nos toca a nosotros esta área.

El rubio solo asintió y me tomó por los hombros para salir de ahí.

Lo seguí hacia el interior del templo hasta que llegamos al otro lado y en una salida había otro jardín.

Un espacio muy amplio pero lleno de rocas.

Se aclaró la garganta y me miró.

—Veremos que tan mal estás con el equilibro.

—No me vas a poner a equilibrarme de puntitas en un solo pie con rocas y libros en la cabeza... ¿Cierto? — alcé las cejas y lo miré negar.

—Aún no, vamos a comenzar por lo básico.

Solté un suspiro cansado. La friega que me espera.

• • •
 

Salí de la tina con una toalla enredada al rededor del cuerpo. Caminé por el frío suelo hasta el exterior del baño y quedé frente a mi cama mirando el atuendo que me habían preparado.

Un conjunto de top y falda color navy, eso era. Me sorprendía porque era uno de los pocos colores que había visto aquí en ropa. Todo lo demás era blanco y la ropa que usaba Landon en la superficie nada más.

Me lo coloqué con cuidado y me senté frente al espejo de la habitación. No había mucho que hacer por mi cabello así que solo me hice el apartado por en medio y me aplaqué los cabellos rebeldes que estaban creciendo.

Tomé un poco de la tinta negra que una de las chicas protectoras me había prestado para no ir tan sin chiste del rostro a la fiesta. Con delgado pincel me realice un delineado dándole más expresión a mis ojos oscuros.

Salí de mi habitación hasta el piso de abajo. El lugar lucía increíble. Mesas de cuarzo estaban por todos lados y mesas llenas de comida. Las luces estaban algo bajas y lo único que iluminaba eran pequeños destellos que no tenía idea de donde salía.

Entré a paso seguro al baile y ubiqué a Ashanti en una esquina comiendo.

—Te ves hermosa — le sonreí cuando me puse a su lado.

—¿Tú Crees? Siento que este color no me va — hizo una mueca mirándome — pero tu, vaya que ese color te resalta — rio.

Observe lo que tenia en la mano y ahora fue mi turno de hacer una mueca. Era algo gelatinoso y de un color opaco.

—¿Qué es eso?

—No lo se, pero sabe muy rico ¿quieres? — me extendió su especie de postre a lo que negué. Olía feo, ¿cómo es que eso según ella sabía bien?

—Iré por algo de beber, vuelvo en un momento.

No esperé respuesta de su parte y comencé a caminar hacia una barra. Me recargue de frente en el material frío que me separaba a lo que en tierra llamamos barman.

—Hola, linda ¿qué té sirvo? — me sonrió de manera coqueta imantando mi postura en la barra.




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