Atlas: un inventario que trata de leer el mundo con poesía

Krampus

Krampus:

Se acerca la fecha y, junto con ella, el reposo de un demonio desdichado.

Escondido entre las sombras, los regalos y el buñuelo mal cocinado.

Esperando pacientemente a que el tiempo avance y el hechizo se desvanezca.

Está allá afuera, bajo el umbral de nuestras puertas, acariciando la madera y susurrando las canciones navideñas.

Aunque no pretende entrar en Nochebuena, es su descanso; mientras tanto, disfruta de la ruidosa pólvora que enciende un poquito su sombra.

Su labor es eterna, no está en pausa, pero su ruido es inferior al del barullo, así que, en vez de susurrar, se conforma con observar.

Somos conscientes de que volverá, pero decidimos ignorar su aliento, el que dejamos de sentir con los villancicos y la pirotecnia.

La alborada anunció su silencio, pero no su partida.

Y estamos en derecho de olvidarlo, junto con las deudas al banco, la tristeza y sus pisadas en cada acera.

Es parte del ritual: ayunar nuestras lágrimas cada diciembre y descansar.

Por eso es tan preciosa la festividad; reemplazamos la oscuridad con sonrisas más brillantes que la propia luna.

Entramos en trance y arropamos a nuestras penas en un bello pero efímero letargo.

¿Pero por qué él se esconderá? No le cuesta nada fastidiarnos unos días más.

Pero su respuesta es fría.

Muestra que, mientras cantamos y bailamos, hay vidas ahogadas en llanto y almas arrastradas a la violencia.

Es gente rota caminando hacia su dirección, experimentando las injusticias del azar.

Y me doy cuenta de que ni el niño adorado ni el radiante anciano regalan paz o esperanza; tan solo nos obsequian una bendita ignorancia.

Saben que es nuestro respiro, hacen que la última curva del planeta sea especial, aunque no puedan abarcar todo lo que hay con la felicidad.

La hoz de la muerte no se oxidará, la lluvia volverá, la estrella del nacimiento se apagará y los reyes magos tardarán en llegar.

Y es relajante saber que, al menos por este mes, el mundo se callará para que los gritos de niños agradecidos y vendedores enriquecidos nos recuerden que la magia está, aunque no la podamos conservar.

Feliz Navidad.



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En el texto hay: poesia, filosofia, psicologia

Editado: 05.01.2026

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