Atracción Irresistible ©

Capítulo Treinta Y Tres

 

Capítulo 33: Ken Sigue Con Barbie

 

 

Kathleen.
 

Me quedo sentada al lado de Gretel mientras el resto de los estudiantes esperan al profesor de álgebra. La regla de los quince minutos no tiene cavidad en la institución a la que asisto. Pues, el director siempre está seguro de que su personal es responsable.

El murmullo de los estudiantes hace eco en mis tímpanos. Mi mochila aun cuelga de mis hombros, y es que desde el viernes pasado me he sentido diferente. No puedo describir con exactitud de qué diferente me refiero. Solo lo siento, y es agradable.

En el salón los estudiantes parecen haber consumido una buena dosis de azúcar refinada antes del desayuno, pues, me parece que están más ruidosos de lo común. Jules se encuentra hablando con Gretel sobre el baile de graduación a final de año, y no quiero pensar en ello.

Los bailes siempre me han parecido fastidiosos. Y las graduaciones, no me visualizo comprando un vestido caro para asistir a un baile de graduación, para el cual necesitaré una pareja si no quiero quedar como la solitaria cuya capacidad para conseguir un acompañante para el baile es nula.

Jessica entra en el salón con una expresión que grita: si me hablas, te arranco los huevos.

Ella camina con desgano, y toma asiento a mi lado, dejando caer su mochila tipo cartera sobre el suelo. Dos enormes lunas oscuras adornan las bolsas debajo de sus ojos. Ella ignora a todos, incluyendome, y me obliga a levantar las cejas con confusión.

¿La picó Beep o qué?

Jules para de hablar, y tanto ella como Gretel le dirigen miradas atónitas, tal cual hice anteriormente.

—Parece como si hubiese tenido un mal polvo —susurra Gretel intentando que solo podamos escuchar Jules y yo.

—O como si hubiese tenido un polvo con un chico homosexual —opina, Jules.

Ruedo los ojos, fulminando a ambas con la mirada antes de girarme hacia Jessica.

Creo que sé lo que le sucede, está con la misma cara de chúpamela desde el viernes. Desde el día de la cita. Desde el día que vio a Eduardo saliendo con mi hermana. Oh, mierda.

—¿Jess, estás bien? —le pregunto, haciendo que ella levante su cabeza para mirarme a través de esas pestañas postizas.

Debo confesar que durante mucho tiempo sentí envidia de sus enormes pestañas rizadas hasta que ella misma tomó la iniciativa de confesarme que no eran reales. No sé como no me había dado cuenta antes.

Si... eres muy tonta la mayoría del tiempo.

Jessica levanta una ceja, y me mira a duras penas.

—¿Qué? —pregunta como si nada estuviese sucediendo.

Como si ella no tuviese esa cara de culo desde hace días. Como si ella no estuviese molesta por la salida de Eduardo con mi hermana. Es probable que piense que sabía sobre el asunto, y no le había contado nada.

—Te noto...enojada. ¿Te encuentras bien? —inquiero, dándole la espalda al par de chismosas que me recuerdan a las dos zarigüeyas de la era del hielo.

Siempre he sentido un flechazo con Diego.

Jessica me mira con pereza, y eso causa que una oleada de enojo me recorra el cuerpo entero.

—¿Puedes ir al grano, Kathleen? —replica cortante.

Frunzo los labios, sintiendo el sabor amargo deslizarse a través de mi garganta. Tenía razón. Ella está enojada por lo de Eduardo, y conmigo por no haberle contado nada sobre la relación que tiene con mi hermana.

Me muerdo los labios para no decirle que Eduardo merece ser feliz con alguien como mi hermana. Es cierto que escudó su compañerito detrás de mi pobre Beep, pero más allá de eso, entendería si se cansó de esperar por un amor aparentemente no correspondido.

¿Por qué le afecta ahora?

El profesor de álgebra llega, pidiendo disculpas a los estudiantes por el retraso. El es la causa de muchos suspiros por parte de la población estudiantil femenina, pues es el profesor más joven de la institución, además de clasificar dentro del poco común cliché del profesor sensualón.

Es la única razón por la cual álgebra se vuelve menos hostigante.

El no demora en comenzar a trazar números en el pizarrón, pidiéndole a los alumnos que hagan silencio, pero solo está gastando saliva que podría ahorrarse para más tarde. Mientras más confianza, menos respeto.

La secretaria del director llama a la puerta, básicamente, el pobre profesor nos ruega por silencio para no hacerlo perder su empleo. Su cabello rojizo se asoma a través de la puerta, puedo divisar sus enormes labios inyectados de botox cubiertos de labial rojo, y me la imagino sonsacando al director mientras están solos en la oficina.

Ella le sonríe coqueta al profesor, para luego hacerse un lado, y darle paso a un chico. Mi corazón se desboca cuando veo a Kendall entrando en el aula, y me da la impresión de que las paredes comienzan a encogerse.

Jessica aprieta mi brazo inconscientemente, mientras admira la situación tan anonada como yo. 




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