Atraco

8 - Alara – 5

Su speeder había sido reparado y Juna los estaba llevando a toda velocidad hacia la torre de humo que ya estaba cerca de ellos. El valle caía hacia la planicie, donde ahora estaba el destruido tren. Las jedis saltaron del vehículo para correr hacia los soldados de la República, que parecían haber peleado con un grupo de mercenarios, ya que todo parecía destruido por la batalla. Un grupo de médicos estaban atendiendo a los pocos soldados heridos, la mayoría estaban muertos. Alara pudo sentir la oscuridad que había dejado el asesino. La Fuerza la guio entre las ruinas para correr hacia la llanura. Mirabella la dejó pasar sin decir nada para que cayera de rodillas al suelo. Alara no quería perder más amigos. Lak estaba muerto entre sus brazos, a su lado estaba lo que quedaba de Ceerk. La jedi apretó a su amigo para llorar sin consuelo. Tori y Juna se acercaron a consolarla mientras veían sus alrededores. Las marcas de la batalla eran evidentes, sus amigos habían sido derrotados por alguien muy poderoso.
“Lo siento mucho, Alara…” Dijo apenada Mirabella mientras revisaba su holo. “No sabemos quién atacó el tren, pero parece que ha desconectado los vagones de pasajeros antes de atacar a los invitados más importantes.” Agregó mientras sus ojos se abrían en sorpresa.
Otro agente apareció en la escena para mostrarle su holo.
“Lo estoy leyendo… ¿Cómo rayos esos energúmenos tenían esos puestos en el Senado?” Gritó ofuscada Mirabella.
Su compañero la dejó ventilar sin decir nada.
Tori y Juna empezaron a revisar el lugar para terminar en el abismo que caí al valle.
“¡Juna!” Gritó la pequeña para llamar a su compañera. “Hay alguien aquí abajo.”
Juna se asomó para saltar sin pensar demasiado, encontrando a un nautolan agarrado a una rama, estaba lastimado y cansado. Juna miró hacia arriba para encontrar una soga que Tori había tirado hacia ella. Con la ayuda de Mirabella y Tori pudieron rescatar a su amigo. Alara se puso de pie para correr hacia ellas. Jundo estaba en mal estado, pero la maestra no hizo más que sentarse a su lado para usar su meditación para sanarlo.
“Concéntrate, Jundo.” Dijo con lágrimas en su rostro Alara. “Todavía no estás muerto.”
Jundo estaba siendo sostenido por las padawans mientras intentaba decir algo.
“Ihsahan…” Dijo al aire Jundo para luego escupir sangre hacia un lado.
“No hables, Jundo.” Dijo ofuscada Alara.
La maestra estaba brillando en un tenue azul que hasta Mirabella podía percibir. El jedi cerró los ojos mientras su respiración se estabilizaba. Mirabella no podía creer lo que veían sus ojos, pero se percató de que necesitaban un médico. La espía corrió rápidamente mientras las padawans ayudaban a su maestra. Tori limpió la frente de su maestra para luego ayudar a Juna a acostar a Jundo. Alara relajó su postura para mirar hacia arriba, el cielo estaba despejado y una fría brisa acarició su cuerpo.
“Ya está…” Dijo sin cuidado mientras recuperaba el aliento.
“La espía fue por un médico.” Dijo con seriedad Juna. “No puedo creer que alguien haya derrotado a Lak…”
“Ihsahan…” Dijo con decisión Alara. “¿Puedes escribirle a mi maestro?”
“Enseguida.” Dijo Juna mientras recibía el holo de su maestra.
“¿Va a esta bien?” Preguntó Tori mientras doblaba su túnica, que terminó siendo la almohada de Jundo.
“Necesita un médico y descansar.” Dijo con seriedad Alara. “Llegamos muy tarde…”
Tori la miró con tristeza.
“No me gustan los funerales…” Dijo apenada.
“A mí tampoco, Tori.” Respondió apenada mientras Mirabella llegaba con un grupo de médicos que se puso a trabajar al instante.
“Lo siento mucho, Alara… Una mandaloriana nos detuvo por mucho tiempo y nos hemos perdido esta batalla.” Dijo apenada la espía mientras Alara se ponía de pie. “Parece que Ihsahan solo mató a estos…” Agregó enojada.
“¿Qué no me estás diciendo?” Preguntó confundida Alara.
Alara recibió el holo de la espía para leer una noticia. Esta tenía una lista de las personas que habían muerto en el atentado. Todos tenían altos rangos dentro del Senado, pero también tenían grandes crímenes del otro lado de la galaxia. Cada uno de ellos solía ser un esclavista, un evasor o un vendedor de influencias en el Imperio y sus alrededores. Todos eran criminales buscados por el Imperio.
“Este sith además soltó los vagones con los trabajadores…” Respondió ofuscada Mirabella. “Está haciendo nuestro trabajo…”
Alara no podía creer lo que estaba pasando.
“Lo siento, maestra… No ha sido un gran día.”
Alara solo podía pensar en sus amigos.
“Debo hacerme cargo de ellos, Mirabella. Jess recibió unas coordenadas nuestras, tal vez puedan aprender algo.” Dijo mientras se quitaba la túnica para cubrir el cuerpo de Lak. “Ceerk iba a ser el próximo caballero…” Terminó con tristeza mientras Juna cubría lo que quedaba del padawan.
“Syo está en camino, maestra.” Dijo apenada la padawan.
Los médicos se estaban llevando en una camilla a Jundo.
“Ustedes acompañen a Jundo, Juna. Yo me encargo de ellos.” Dijo pensante Alara.
“Enseguida…” Dijo pensante Juna para correr detrás de los médicos junto a Tori.
“Esto se está complicando, Alara… Tenemos ratas entre los que nos dan órdenes…” Dijo ofuscada la espía.
“Si todo esto es cierto… ese sith solo estaba haciendo su trabajo.” Dijo apenada Alara. “¿Cómo podemos tener a esas personas en el Senado?”
“Voy a meterme en esto, aunque al Director no le agrade.” Dijo al aire Mirabella. “Te mantendré al tanto, estoy harta de estar en desventaja en nuestro propio espacio.”
“Necesitamos fortalecernos para enfrentarnos a alguien como él…” Dijo sin cuidado la maestra. “Mirabella, debes tener cuidado con este sith, tengo la sensación de que sus manos abarcan mucho más que su sombra.”
Mirabella la escuchaba con atención.
“¿Puedes ayudarme con ellos?” Dijo pensante mientras notaba que no estaban sus sables. “Parece que ese Ihsahan colecciona sables…”
Alara necesitaba volver a casa.



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En el texto hay: accion y aventura, starwars, star wars

Editado: 28.06.2023

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