Atrapada

Capítulo 4: Una voz en la pantalla

Miré fijamente la pantalla del teléfono, con el ceño fruncido.

En ningún momento, ni por un solo segundo, se me pasó por la mente que ese mensaje pudiera provenir de los chicos de la montaña. Para mí, el episodio de la nieve era un recuerdo lejano, un paréntesis de invierno que ya no tenía cabida en mi estresante realidad entre las leyes de la universidad y el ritmo frenético del local de comida rápida. Pensé que se trataba de algún compañero del campus, tal vez alguien de un curso superior o uno de los pocos amigos que había logrado hacer en este último tiempo.

Acomodé el pesado libro de Derecho sobre mis piernas, deslicé el dedo por la pantalla y responder con rapidez, directa y sin rodeos:

«¿Quién eres? No te tengo registrado».

Bloqueé el celular y lo dejé a mi lado en el banco de madera, intentando concentrarme de nuevo en la lectura. Sin embargo, apenas pasaron unos segundos cuando el aparato vibró en la madera con un zumbido seco. Volví a tomarlo, sintiendo una extraña punzada de curiosidad en el estómago.

Al abrir la notificación, no había un nombre, pero las palabras escritas me congelaron la sangre, borrando de golpe el ruido del campus a mi alrededor




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