Atrápame

Capítulo 3

 

☆゜・。。・🐺🌙🐺・。。・゜★ 

Había aroma humano por todo el lugar, envolviendo el aire como una estela sutil, y era de ella. Todo olía a Reed, fue entonces que supo que ella pasaba mucho tiempo ahí, o tal vez, esa era su residencia, sea cual sea el caso, el habitáculo no estaba tan mal para ser otro tipo de jaula, más elegante.

El espacio era amplio, y de color blanco como todo lo demás, tres escalones largos dividían la cocina/comedor de la sala de estar. Una isla de granito pulido hacía de mesa con seis taburetes de metal distribuidos tres a cada lado, la moderna cocina brillaba con un gris metálico a la luz de la lámpara que colgaba del techo. Un único sillón largo de cuatro cuerpos se extendía por encima de una alfombra gris, en frente, sobre la pared, se suspendía una pantalla de televisión y por debajo un pequeño librero estaba repleto, con un par de plantas en la parte superior.

Seth se adentró, usando sus sentidos para encontrar rastros ajenos, pistas sobre una posible trampa. Nada, solo ese aroma a océano y lavanda. Caminó hacia la puerta corrediza de vidrio, estaba cerrada para su disgusto, así que se conformó con mirar el prado de verde césped, una piscina grande en el fondo y algunos muebles de jardín dispersos, más allá de la vista, el lindero del bosque emergía alto e imponente.

Sus manos picaron por las garras y la necesidad de transformarse. No podía hacerlo, su lobo tendría que esperar, antes de liberarlo Seth tendría que buscar un lugar seguro y las instalaciones en las que se encontraba —cautivo o como huésped— no lo eran. Giró su mirada hacia las mamparas grises que se ubicaban a izquierda y derecha de la pared en donde estaba la pantalla, curioso se acercó a la más cercana e intentó empujarla, no funcionó, la deslizó y tampoco se abrió.

—Está configurada con un código de seguridad.

Sobresaltado por esa voz femenina, Seth dio media vuelta y se encontró con la asistente pelirroja de la doctora Reed.

—Lo siento, debí golpear antes de entrar —dijo la mujer, renuente a encontrarse con su mirada, ella llevaba ropa en sus manos—. La doctora Reed me envió a dejarle esto, también a ayudarle a acondicionar el habitáculo para su uso.

Seth buscó su mirada, pero ella la evadió al instante y se aproximó al sillón para dejar ahí la ropa. Luego, con bastante timidez, caminó hasta la mampara divisoria, de su bolsillo sacó una pantalla digital y reconfiguró el seguro de la entrada.

—Ya puedes abrirla deslizando a la derecha.

Ella retrocedió y se quedó esperando, viendo su incomodidad, Seth intentó de nuevo y esta vez obtuvo el acceso a un dormitorio. La cama se veía grande y cómoda, con edredones de color gris y almohadas negras, una mesita de luz a la izquierda y a la derecha otra mampara divisoria.

—Ya puedes acceder al baño.

Tan pronto como lo dijo, la mujer se apresuró a regresar a la sala.

—Espera.

Ella se detuvo detrás del sillón, postura erguida, mirada distante, suave cabello rojo caía sobre sus hombros.

— ¿Puedes decirme en qué ubicación estamos?

La mujer dudó un momento y luego se refugió en su anotador digital, Seth llegó a la conclusión de que ese gesto evasivo y de mala educación era recurrente entre estas personas.

—Cerca de Asunction Creek, Canadá.

Se le quedó el aliento atascado en la garganta al oír lo lejos que había llegado, y en su mente buscó las respuestas a las preguntas que le inundaban. Se sintió débil por un escaso momento, socorrido por el instinto del lobo que lo mantuvo de pie, alerta y preparado para enfrentarlo todo.

— ¿Está bien?

La mujer pelirroja retrocedió, la esencia del miedo ascendió al ambiente y Seth apenas se dio cuenta del gruñido bajo que emitió. El lobo curioso se movió de un lado a otro «Se ve adorable. Como una pequeña loba sumisa. Pero es humana y sabes lo que los humanos son capaces de hacer» No respondió al susurro, no necesitaba que le recordasen la clase de monstruos en que se podían convertir esas criaturas.

—Sí..., es solo que..., estoy lejos de casa.

Y ni siquiera sabía cómo fue a parar a Canadá, lo último que recordaba era a él hablando con Logan sobre una importante misión de rastrear a un hombre..., llamado... ¡Conrad Burton! Entonces ese era su objetivo, debía estar buscando al hombre medio salvaje que se había perdido después del asesinato de la mujer con la que estaba vinculado, pero eso no explicaba por qué estaba en Canadá y cómo hizo para desviarse tanto. Seth jamás se perdía, era un rastreador, sus sentidos nunca le fallaban.

—Ah sí, pero no se preocupe, el señor Lébedevich ya se ha contactado con su alfa para notificarle de su paradero.

— ¿Quién es él?

Por primera vez, ella conectó sus ojos verde lima con los suyos, por un breve momento.

—El que dirige todo esto. —Sonrió—. Ahora, con su permiso debo irme, la doctora Reed vendrá en diez minutos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.