Atrevidos

Nueve

Entro rápidamente a mi habitación, rebusco en un pequeño maletín rosa el maquillaje que utilizaré ésta noche. Me quedo helada al ver a Alessa probandose ropa frente a mí espejo, creo que Santiago mencionó que su habitación estaba en refacciones, deberé aguantar su presencia ególatra unos días.

—¿Vas a salir?— le sonrío.

—Sí, Santiago me llevará a comer algo y luego nos reuniremos con unos amigos — me observa feliz por el reflejo del espejo.

—Es un plan genial — me acerco y aplico algo de máscara para pestañas.

—Veo que tú también tienes planes— cepilla su cabello.

—Pues sí, saldré con amigas — meneo la cabeza viendo mi cabello.

Estoy satisfecha con lo que he logrado, llevo una falda negra a mitad de mis muslos, botinetas a juego con un pequeño tacón ya que quiero estar cómoda al bailar, y por último, una blusa roja con transparencias. 
Doy un giro sobre mi eje mientras me observo, sonrío y tomo mi cartera, Alessa me observa sin perderse ni un solo detalle de lo que hago lo cual me da algo de incomodidad.

—Te has vuelto muy hermosa, tienes un cuerpo de bailarina — me sonríe. Lo noto, un gesto falso.

—Pues eso soy, pero no hay nada de extraordinario Lessa, sólo es el resultado de ejercicios diarios y dolores de pies — río con lo último, mis pies llorarían pidiendo auxilio si pudieran.

—Me gusta como el delineador acentúa el verde de tus ojos — me sonríe y toma su bolso.

—Gracias, a mí me gustan los tuyos — caminamos juntas.

Ambas tenemos la misma estatura ahora, tal vez ella se ve más voluminosa pero yo no me dejo amedrentar, tampoco quiero ser ella, ya no. 

Alessa se desvía a la habitación de nuestros padres, no le presto mucha atención y bajo las escaleras con rapidez y facilidad, tarareando una popular canción latina, esa que me mueve la sangre, que me insita a bailar como si no tuviera un mañana, ya quiero llegar al club. 
Cuando estoy cerca de la puerta me encuentro a Santiago apoyado en el marco de la misma, seguramente esperando a mi hermana. Luce realmente apuesto, de jeans negros, camisa blanca desprendida en el pecho y los puños arremangados, su cabello revuelto le da un toque sexy y su mirada perdida en su móvil se encuentra con la mía una vez escucha mis pasos.

—¿Sales?— le sonrío sabiendo la respuesta.

—Si— susurra viéndome. —¿Vas a salir así vestida?

Su mirada se pasea lentamente por todo mi cuerpo, deteniéndose principalmente en mis muslos y en las transparencias de la blusa.

—Pues claro, ¿No veo bonita?— doy una vuelta y quedo a unos pasos de él.

—Te ves como una jodida diosa — suelta de pronto acortando la distancia.

Le sostengo la mirada unos minutos, él no ha dejado de ser atractivo, por el contrario ahora se ve aún mejor que antes, maduro, sexy... 
El aroma de su colonia llega hasta a mí y suspiro lentamente, si pudiera tan solo besarlo...

¡No! ¡Qué estoy diciendo! ¡Se supone que no siento nada por él!

Me aparto con brusquedad, me observa dolido, otra vez esa mirada y me abruma saber que es por mí causa.

—Debo irme ya— susurro pasando por su lado.

—Espera... Ariadna... — sus dedos se enredan en mi muñeca, su tacto me produce sensaciones nuevas, es increíble cómo se amolda su mano a la mía. —No vayas, quédate.

—¿Y qué haré?— apenas volteo a verlo —¿Ver cómo Alessa y tú se besan frente a mí?

—Yo... — busca las palabras pero nada sale.

—Prefiero ver a mis amigas, ésta chica saldrá y tendrá una noche increíble— sonrío y me safo de su agarre, es como si de pronto me faltara algo. 

Parece meditar algo pero no dice nada más, tomo las llaves y algunas de mis pertenencias y cuando escucho el auto de Mery llegar salgo dándole una última mirada. 
No hablo de lo que acaba de suceder, prefiero despejar mi mente y dejar las cosas para mañana, ahora olvidaré esos pesares.

—Muy bien, llegamos— sonríe mi morena amiga.

—Es un club muy elegante — lo observo a detalle.

—Es sólo la fachada, digamos que está por debajo de las reglas — musita.

—¿A qué te refieres?— volteo a verla.

—Es un club ... Clandestino, no es malo sólo que... No hay muchos controles— ríe nerviosa.

—¿Habrá música? — le sonrío.

—Si— asiente.

—Entonces nada más importa— digo bajando del auto.

La cola para ingresar es inmensa, el lugar ha de ser muy popular ya que le gentío no se hace esperar, mi corazón late de la emoción y la espectativa.
Nos encontramos con Sabrina y Kim, ellas ya están cerca de la entrada y nos guardaron el lugar por lo que en menos de diez minutos ya estamos dentro del club. 
Las luces y la música estridente me hacen sonreír, inmediatamente ya le estoy moviendo en el lugar y Kim trae algunas bebidas – no sé en qué momento fué por ellas – azulosas, brindamos y las bebemos, son dulces y deliciosas. 
Observo a mi alrededor, tanto las parejas como las mujeres que vinieron solas se mueven de manera sosa, insulsa, carente de carácter o pasión, por lo que tomo a Kim de la mano y la llevo al centro de la pista de baile.




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