Atrevidos

Treinta y Dos

Son las cuatro de la madrugada, voy caminando por las calles de la gran manzana escuchando en mis auriculares la melodiosa canción del "Lago de los Cisnes". Tan solo llevo una alpargatas negras viejas, una blusa rosa y pantalones negros, no me sentía con ánimos ni de siquiera cepillar mi cabello, solo puedo pensar o intentar hacerlo al ritmo de la música. Pero no me es suficiente y para empeorar las cosas la lluvia ha comenzado a caer estrepitosamente sobre mí empapándome por completo, no hay nadie en las calles a estas horas, apenas puede verse uno que otro automóvil con algún estúpido que llega a su casa tarde por ir de fiesta o del trabajo, francamente no importa. En estos momentos el mundo entero me vale una mierda, y no me interesa en lo absoluto.

Parada en una esquina sintiendo el frío calar hondo en mis huesos comienzo a mover mis pies al ritmo, como si fuese una especie de transe me lanzo a bailar a lo largo de la calle después de todo no hay nadie más aquí y aun cuando lo hubiera de todas formas lo haría gustosa; salto en el aire y muevo mis pies, mis brazos y manos acompañan los movimientos y mi cabeza guía mi próxima pirueta y es que no hay mejor cura para un alma rota que sentirse liberado en una danza hipnótica, la energía fluye, los sentimientos van y vienen como una marea tormentosa y destructiva que te hace llorar, reñir y refunfuñar las injusticias de tu vida pero que al final, cuando ha pasado deja con su huello la sensación de paz, de que ya nada puede ser peor y el corazón se relaja, la mente se despeja y por fin el sueño llega, una vez que te has liberado de todo lo que te aqueja.

Cuando estudiaba aquí en Nueva York visité el New Ámsterdam, es un teatro de Broadway ubicado entre la 214 Oeste de la calle 42 entre la séptima y la octava avenida en el Distrito teatral de Manhattan, Nueva York a las afueras de Times Square, recuerdo haberlo recorrido completamente mientras escuchaba esta misma canción y bailaba mí solo, esperaba algún día poder danzar allí frente a un público majestuosos y entre todas esas personas estaría Leticia aplaudiendo y sintiéndose orgullosa de mí. Pero, eso no pasará ahora...

Me desplomo en el suelo, me duelen los dedos de los pies pero no es tan grande como el dolor de mi corazón en estos momentos, ya no puedo llorar, no me quedan lágrimas – al menos por hoy- para seguir derramando pero siento que me han quitado todo.

― ¿Ariadna? ¿Eres tú? ¿Qué haces aquí a estas horas? ― la voz de Jasper me hace levantar la cabeza.

― Necesitaba aire, pensar un poco, bailar... ― susurro suspirando.

― Ven, te ayudo ― me toma de las manos y en un dos por tres me encuentro de pie frente a él ― Carajo, te ves muy mal morena.

― No soy morena ― sonrío recordando que solia decirme así.

― Lo sé ― ríe ― Vamos, te llevare a casa de tu tía.

Caminamos un par de cuadras y lo veo acercarse a un auto blanco, no reconozco la marca pero se ve lindo y acogedor – teniendo en cuenta el frio que hace aquí afuera-. Apenas estoy dentro del coche siento algo de calor volver a mi cuerpo, mi ex novio rebusca algo en los asientos traseros y cuando quiero acordar ya lo tengo sobre mí colocándome un sweater.

― Es lo más abrigado que tengo aquí ― sonríe ― Por lo menos haremos el intento de que no te pesques una neumonía.

― Siempre tan dramático ― le sonrío.

― Tú eres la despreocupada con el mundo pero a las personas normales no nos gusta estar enfermos ― ruedo los ojos, a veces su peculiar forma de molestarme solía ser lo que más me gustaba de él. ― Bueno, ¿A casa?

― Si ― asiento y me acomodo en el asiento.

― ¿Estás segura? ¿No quieres que te lleve a un hotel o a casa de alguna amiga? No es nada grato volver a casa y no encontrar a quien deseas.― suspira mientras maniobra el auto.

Lo veo de reojo, sé a qué se refiere. Jasper perdió a su hermano mayor tiempo después de que comenzáramos a salir pero eso le afecto mucho, tanto, que estuve a punto de perderlo – y no en el sentido amoroso-.

― Tranquilo, no estoy sola allí, tengo compañía ― sonrío para mí recordando a Santiago.

El camino a casa es silencioso, noto que he caminado desde que salí de ella, espero que cierto moreno cascarrabias no haya despertado pues no estoy de ánimos para una reprimenda, además, le dejé una nota diciendo que saldría a caminar.

Llegamos en cuestión de minutos, bajamos y el colorado junto a mí me acompaña hasta la puerta; sí, él es colorado pero no tiene el cabello color "zanahoria" ni nada parecido, cuando nos conocimos solía quedarme viendo su cabello por horas, es que me encantaba y a veces pensaba en que me pintaría el cabello como él. Jasper es un chico peculiar, su cabello no es como el de todos los pelirrojos, tiene su color propio – tal vez una mezcla de genes-, no es el típico chico pecoso pues apenas puedes verle algunas pequitas sobre el puente de la nariz – para ser hombre tiene una piel envidiable-; es alto pero no mucho, complexión delgada pero trabajada pues es un gran bailarín clásico.

― No vuelvas a salir sola Ariadna, es peligroso ― lo veo guardar su móvil en el bolsillo de su pantalón.




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